lunes, octubre 08, 2007


¿MARIO VARGAS LLOSA, UN PENSADOR INTOLERANTE?


En El Comercio (07-10-2007) se dio a conocer un artículo de Mario Vargas Llosa cuyo título es suficientemente ilustrativo "El velo no es el velo"(http://blomarianoplanells.blogspot.com/2007/10/el-velo-no-es-el-velo-por-mario-vargas.html). Allí nuestro extraordinario novelista reflexiona sobre cómo el gobierno autónomo de Cataluña ha obligado a una escuela pública de Gerona a que permita a una niña el uso del velo islámico. Las autoridades del mencionado colegio habían prohibido a esta que pudiera asistir a clases portando el mencionado atuendo. El comentario de ese hecho lleva a Vargas Llosa a la siguiente reflexión: "El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras". Creo que en esta afirmación late un sentimiento de intolerancia, pues supone que la cultura democrática y nutrida de liberalismo es siempre superior a las demás. Todos los países sin excepción (parece decirnos Vargas Llosa) deben ir hacia el liberalismo; de lo contrario, serían países atrasados. ¿Es eso cierto? La cultura occidental democrática no solo ha difundido (algunas veces) la vigencia de los derechos humanos elementales; también ha sido en su seno que se han creado elementos tan destructivos como la bomba atómica y, no en pocas ocasiones, ha manifestado una sed incesante de colonialismo. El caso más reciente lo podemos observar en la política expansionista de Bush y la invasión a Irak. ¿Cómo defender la vida a partir de la aniquilación de seres inocentes? ¿Cómo reducir Irak a un solo nombre: Saddam Hussein? ¿Es para difundir la cultura democrática que se puede asesinar a personas, violando el derecho a la vida que tienen los iraquíes?

Obviamente, los derechos humanos básicos deben respetarse siempre. Pero creo que el modelo epistemológico de Vargas Llosa subraya que la ciencia es superior al mito y en dicha perspectiva late un positivismo decimonónico algo desfasado: la idea de la linealidad de la historia. Comte había hablado de tres estadios: el teológico (el mito), el metafísico (la filosofía idealista) y el científico (el aporte de las ciencias naturales, sobre todo). El último era, para el pensador francés, superior a los demás. ¿Es eso cierto? En el mundo actual sabemos que el mito nutre la vida contemporánea, pues la ciencia no puede excluir la presencia de la subjetividad. El objetivismo absoluto es una simple quimera. Vargas Llosa cree que la ciencia es superior al mito, hipótesis que desarrolla en La utopía arcaica.Tengo mis dudas al respecto. El pensamiento mítico no es necesariamente sinónimo de intolerancia; puede ser manifestación de creatividad y dar aportes al conocimiento antropológico sobre el modo de la vida de las comunidades tradicionales.

El paradigma de Vargas Llosa se basa en la exclusión del otro: "Tienes que ser liberal y occidental; de lo contrario estás en el ámbito de una cultura inferior". Pienso que se trata de un punto de vista dogmático y, por eso, debiera ser rechazado. El respeto al otro, al diferente, es un aspecto esencial para llegar a un consenso. Si partimos de la exclusión como principio, entonces no hacemos ningún esfuerzo por comprender al otro y pudiéramos caer en el abismo de la intolerancia.

9 comentarios:

Espléndida dijo...

Prof. Fernández:
¿Se imagina Ud. a un Premio Nóbel con un pensamiento así?
La Academia Sueca es sabia. Eso lo sabemos. Por eso, espero que el jurado ofrezca el galardón a un poeta.

Saludos espléndidos.

Camilo Fernández Cozman dijo...

Estimada Espléndida:
Discrepo de las ideas de Vargas Llosa sobre el mito; sin embargo, admiro al mago de las estructuras que escribió "La casa verde", "Conversación en la Catedral" o "La guerra del fin del mundo". Son novelas extraordinarias, por las cuales Vargas Llosa tiene méritos más que suficientes para obtener el Premio Nobel de Literatura.

Anónimo dijo...

No se entiende o sí. La curiosidad está en que el autor ha reflexionado sobre el mesianismo como clave de salvación de los olvidados, de los putrefactos, en más de un libro, y los resultados son opuestos, pues en algunos se habló, se hizo arte y en otros se debatió, no importando si esto los conduce al exterminio o a la salvación. El creer en algo nos sujeta a no ver nada más que aquello a lo que está sujeto nuestra fe. Como el concepto de patria, de realidad, de ficción, de niveles de percepción, de extrañez, de vida o de muerte.

Creo, que lo único que se demuestra tomando como sujeto experimental al mismo Mario Vargas Llosa, sujeto también aplastado por el mundo o liberado de él, dependiendo de la perspectiva, es que está confundido ya que él hace arte. Y el arte es el imaginario que del sueño se escapa para hacer un nuevo ente reconocible, tocable, en nueva arquitectura y así volver concreta la fe.

El arte es un producto fantasmal como lo es Dios. No existe, pero podría.

Salomón VC

roy vega jácome dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con la postura del profesor Camilo: sería una locura negar los méritos literarios de Vargas Llosa. Quienes trascenderán serán sus obras y no tanto él. Cada cual es libre de opinar como quiera. Personalmente no comparto la postura del autor peruano con respecto al mundo andino. Me parece deplorable. Pero es mejor separar la figura de la persona de la figura del escritor. Cada uno se mueve en un espacio diferente y yo prefiero quedarme con la imagen del Vargas Llosa creador, aquel que con apenas 25 años ya había escrito una obra maestra como La ciudad y los perros, o aquel que hasta el día de hoy es capaz de elaborar ficciones de la talla de Las travesuras de la niña mala.

Anónimo dijo...

a mi me parece que Mondoñedo plantearía algo distinto.

Anónimo dijo...

Me parecen bastante ingenuas y nostálgicas las opiniones que "separan la figura de la persona de la del escritor". Pues bien, Vargas Llosa ha evolucionado literariamente, eso es un hecho, y también políticamente. Es un gran novelista, no hay duda, pero su calidad ha venido a menos. Y su gran problema estético será siempre concebir literariamente al Perú, porque no ve en él la uniformidad que quisiera como en sus ficciones. Al contrario, ve un mosaico de divergencias, tendencias y estilos. Lo persigue el fantasma de Arguedas, pues Arguedas era el único capaz de hacerle esa sombra a Vargas Llosa. Y lo sigue haciendo. El interés que despierta la obra de Arguedas ha ido en crescendo en los últimos años (a despecho de lo que diga un aprendiz de brujo como Santiago Roncagliolo). Y Vargas Llosa confunde una cosa: el mito con los universos míticos. Como dice Salustio, el mito es algo que no ha pasado ni pasará, sino que puede estar pasando. Es una forma de pensamiento que ha sido objeto de distintos pensadores modernos, como Ernst Cassirer, entre tantos otros. Es la forma semiológica e ideológica por excelencia. Vargas Llosa ve un aspecto del mito y eso limita su visión. Mito lo confunde con pasado y este a su vez con atraso. La narrativa andina, de hondas raíces míticas, sería una narrativa atrasada, en la opinión de Vargas Llosa y sus seguidores. Nada más falso. Pues precisamente esa diversidad, de la que tanto nos enorgullecemos, nace de las fuentes inagotables del mito.

Camilo Fernández Cozman dijo...

Estimado amigo anónimo:
Estoy de acuerdo. El mito está en el corazón del pensamiento contemporáneo.

Ricardo Alejandro Hidalgo Campos dijo...

«La guerra del fin del mundo» no es una novela, ni siquiera una obra: es un Universo. Por su belleza y su desarrollo, ninguna narración del siglo XX —excepción hecha de la infinita literatura borgesiana, por supuesto— puede compararse con ella: lírica y épica a la vez, «La guerra del fin del mundo» nos atrapa por su lenguaje poético, sus diálogos precisos, su estructura matemática, las descripciones perfectas de lugares, acciones, gentes, sentimientos, sonidos y silencios. Antes de su publicación, Vargas Llosa era y podía ser reconocido como un escritor estupendo; pero luego de ella, el peruano podía y debía recibir el apelativo de genio literario. Desde que tuve la fortuna de leerla, «La guerra del fin del mundo» se convirtió en mi religión.

Anónimo dijo...

entonces el articulo de vargas llosa es etnocentrista???