sábado, septiembre 18, 2010

DE VUELTA A LA LITERATURA ORAL


Una de las principales tendencias de la investigación literaria en Latinoamérica es el estudio de la literatura de tradición oral, es decir, aquella que remite directamente al imaginario popular y que no emplea la escritura como modo de producción textual. La reciente publicación de La literatura oral o la literatura de la tradición oral (Lima. Pakarina, 2010) de Gonzalo Espino se sitúa en el ámbito de la ampliación del corpus de nuestra tradición literaria, incorporando el análisis riguroso de textos obviados por la crítica hegemónica.

En el libro se enjuicia el canon literario hegemónico poniendo de relieve el aporte de autores como Adolfo Vienrich, Hildebrando Castro Pozo, Margarite D’Harcourt y Rouis Harcourt. En efecto, Espino cuestiona las ideas de la crítica dominante representada por José de la Riva Agüero que planteaba la reducción del corpu
s de nuestra producción literaria a la escrita en español; asimismo, desmitifica a José Carlos Mariátegui, quien, según el investigador sanmarquino, excluía a la literatura prehispánica afirmando que esta no llegó a la escritura.

En La literatura oral... se precisa cuatro características de esta creación literaria: el que cuenta narra la historia en representación de una colectividad; se elige un momento especial para contar oralmente, pues hay un acuerdo tácito entre el emisor y los receptores; se escoge un espacio determinado que implica una convención (léase, un "contrato") social entre destinador y destinatatarios; y "El texto oral exige una reciprocidad constante entre el que dice y el que escucha" (p. 38).


Ya Antonio Cornejo Pola había señalado que la literatura peruana era un polisistema constituido, a su vez, por tres sistemas: el de la literatura ilustrada en español; el de las literaturas populares en castellano y el de las literaturas aborígenes. De esa manera, realizaba una ampliación teórica del corpus de nuestra creación literaria. Espino, por su parte, intenta reconstruir la memoria colectiva que se desprende de los textos orales, poniendo de relieve el estudio de discursos fundacionales como el manuscrito de Huarochirí o el testimonio de Gregorio Condori Mamani. El investigador realiza su análisis con claridad expositiva y buena información bibliográfica; sin duda, estos textos "muestran la inagotable creatividad de las gentes que viven lejos de la urbe o en las márgenes de la misma. La literatura de la tradición oral continúa marcada por la memoria de los pueblos" (p. 53).

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