sábado, agosto 21, 2010

WESTPHALEN REVISITADO


Animador cultural, director de algunas revistas importantes (como Amaru y Las moradas), escritor de prosapia vanguardista, Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001) ejerció la poesía con brillo y sutileza. No fue un mero epígono de los surrealistas europeos ni se dejó cautivar por la simple enumeración de metáforas oníricas. Su obra es un ejemplo inobjetable de fe en la palabra poética y de fidelidad con el persistente trabajo estilístico: cada palabra en un poema de Westphalen ha sido rigurosamente meditada, no hay lugar allí para la improvisación ni para el gesto anárquico que descree del control racional y que se dispersa en la maraña de lugares comunes.

Mauro Marino (Ica, 1979) acaba de publicar
La intertextualidad en la poesía de Emilio Adolfo Westphalen (Lima: Universidad San Ignacio de Loyola, 2010), donde hace una lectura comparativa tratando de establecer lazos entre la obra del poeta, la lírica de Eguren y la novelística de Arguedas. El ensayo de Marino comienza con un balance de la crítica literaria que se ha aproximado al torrente de la poesía de Westphalen. El estudioso llega a plantear que se ha reconocido en esta última el funcionamiento de una profusa simbología, el fragmentarismo del yo lírico, el influjo del surrealismo y "la vacilación y el detenimiento para observar el transcurrir del tiempo" (p. 41). Dicha agenda problemática, identificada por el investigador, permite que este pueda enrumbar su perspectiva hermenéutica hacia sendas disímiles.

En el segundo capítulo, Marino examina la correlación entre el surrealismo europeo y la poesía de Westphalen buscando los rasgos específicos de la lírica surrealista latinoamericana. Westphalen asimila creativamente el llamado "pensamiento primitivo" alejándose del positivismo decimonónico, eleva a la mujer a niveles cosmogónicos y plantea la disolución de opuestos. Finalmente, en el último capítulo, el investigador centra su atención en el enfoque intertextual observando la oposición sueño/vigilia y la musica tanto en la poesía de Eguren como en la de Westphalen. Asimismo, compara la imagen del río de la sección de poemas "El niño del río" con la que se desarrolla en
Los ríos profundos de Arguedas, trazando diferencias y similitudes; la noción de aprendizaje, con rasgos disímiles en cada caso, se manifiesta tanto en el poeta vanguardista peruano como en el autor de Todas las sangres.

El libro de Marino tiene sus méritos: orden expositivo, revisión exhaustiva de la bibliografía secundaria y una perspectiva comparativa que echa luz sobre la relación fecunda de la poesía de Westphalen con la obra de Eguren y de Arguedas. Quizá faltó delinear, con mayor profundidad, los rasgos del surrealismo latinoamericano y distinguir nítidamente las diferencias culturales entre el río de Westphalen y el arguediano: la presencia del mundo andino en el escritor de Andahuaylas es esencial y no se evidencia, con claridad, en "El niño y el río".

Al margen de las objeciones antes expuestas, pienso que
La intertextualidad en la poesía de Emilio Adolfo Westphalen incentiva la discusión acerca de una obra que, cada vez más, se erige como un monumento que crece con el tiempo y expande su influjo, de modo poderoso, en el cauce de la poesía latinoamericana.

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