lunes, marzo 31, 2014

"LA POESÍA ES UN FONDO DE AGUA MARINA" DE SANTIAGO MONTOBBIO





         Poeta nacido en Cataluña y catedrático universitario, Santiago Montobbio (Barcelona, 1966) ha publicado un poemario que lleva por título La poesía es un fondo de agua marina (Barcelona: Los libros de la frontera, 2012. 339 pp.) Integrante del grupo de poetas españoles de los años noventa, Montobbio es heredero de autores como Jaime Gil de Biedma, Jorge Luis Borges y Octavio Paz. Ha publicado Ética confirmada (1990), Tierras (1996), Los versos del fantasma (2003), El anarquista de los bengalas (2005), entre otros. Se trata de una lírica neosimbolista con aportes del surrealismo y que medita en torno al acto de hacer poesía. De ello da testimonio La poesía es un fondo de agua marina. Quizá un verso de Paz resuma la poética de Montobbio: “La vida está al borde del abismo siempre”. En La poesía es un fondo… se observa esta concepción: los poemas se hallan al borde del abismo, son sinónimo de erosión, de lodo y respiro. En el primer caso, está la idea del desgaste del poema merced al accionar del tiempo; en el segundo, el hecho de que los versos busquen retratar el lado oscuro del ser humano; en el tercero se hace ostensible la idea de que el poema significa una manera por la cual el poeta se aferra a la cruda existencia. A veces se evidencia la concepción surrealista: “No sé/ si esto es un sueño o un poema. Pero/ espero en un olivo” (p. 30). En otras ocasiones, el hacedor puede pergeñar con precisión una experiencia vital en su obra: “Pero cuando el poeta lo dice/ queda clavado en sus palabras,/ exacto y preciso” (p. 238). El poema 40 es muy ilustrativo de la poética de Montobbio:


ITALIA Y FRANCIA, LA ESPADA Y LA CAMPANA,
lugares donde respirar y donde estar,
más exactamente: estar en casa.
Viajar es siempre falso. No se viaja.
No escapa uno de sí mismo
ni encuentra nada que no esté ya en sus adentros
ni habrá lugar en que le esperen misterios
sino estaba ya para ellos predispuesto.
Viajar no es nada. No se viaja.
Dentro de uno mismo la vida ya se cumple
y se realiza. El adentro es embrión,
es latido, es semilla. Tierra única.
Más Italia y Francia y el Mediterráneo
antiguo y libre (porque el mar es siempre libre)
y el amor y los veranos y los tiempos que recuerdo
como infancias todavía respiradas
en el libre aire de la noche
que no aúlla. Italia, Francia, el amor,
tu alma y tu cara. Por encima,
debajo, sobre, siempre en las palabras.



                En este texto se percibe un rechazo a la idea de viaje como una acción por la cual el ser humano busca escapar de sí mismo. El poema emplea una estructura antitética y es claramente argumentativo. El locutor busca refutar la idea de que el viaje implique la posibilidad de acceder a un determinado conocimiento. “Francia” e “Italia” terminan convertidos en palabras a las cuales el poeta pueda acceder y con las cuales puede crear una obra de arte.  Sin duda, el verdadero conocimiento, para Montobbio, está en uno mismo. Este poema trae a la memoria otro escrito por Octavio Paz (“Ejercicio preparatorio”), donde se afirma “Quiero morir en mi cama”, es decir, se recusa la idea de viajar o de desplazarse como Don Quijote a través de un abanico de lugares.

                La poesía es un fondo de agua marina confirma que Montobbio es un poeta fiel a la palabra y diestro en el manejo del ritmo. Los juegos metafóricos y la reflexión sobre el lenguaje poético hacen de esta poesía una obra altamente sugestiva y merece ser considerada, con mayor atención, por la crítica especializada.

sábado, marzo 15, 2014

Conferencia sobre Francisco Bendezú



Aquí dejo el enlace a una conferencia sobre Francisco Bendezú que ofrecí en la Casa de la Literatura Peruana:

http://www.youtube.com/watch?v=y7DVFB2QEes

domingo, enero 26, 2014

Fallece poeta José Emilio Pacheco




Pocos días después del fallecimiento del poeta argentino Juan Gelman, la noticia no deja de ser estremecedora: se nos fue José Emilio Pacheco (1939-2014). Para mí, es el más importante poeta mexicano de todos los tiempos. Fue un representante conspicuo de la denominada poesía conversacional y reflexionó sobre el tiempo que desgasta los objetos y las acciones de los hombres. Como lo ha señalado Samuel Gordon, en la obra poética de Pacheco hay dos momentos: 1) el período de los inicios, representado pos los dos primeros poemarios: Los elementos de la noche y El reposo del fuego; y 2) El período del auge de la poesía conversacional, desde No me preguntes cómo pasa el tiempo hasta los últimos poemarios. En la primera etapa se perciben el influjo de Octavio Paz, la ausencia de ironía y la simbología del fuego; en la segunda, por el contrario, adquieren primacía la ironía desmitificadora, las referencias culturales y el tono lúdico. Aquí uno de los grandes poemas de Pacheco:

"BIRDS IN THE NIGHT"
(Vallejo y Cernuda se encuentran en Lima) 
                                                     
Al partir de las aguas peruanas, la anchoveta ha puesto en crisis a la industria pesquera y ha provocado, en las ciudades del litoral, la invasión de las hambrientas aves marinas.
Excélsior, 1972                                                                                                                                                                

Toda la noche oigo el rumor alado desplomándose
y como en un poema de Cisneros
albatros  cormoranes  y pelícanos
se mueren de hambre en pleno centro de Lima
bodelerianamente son vejados

Aquí por estas calles de miseria
(tan semejante a México)
César Vallejo anduvo  fornicó  deliró
y escribió algunos veros

Ahora sí lo imitan  lo veneran
y es "un orgullo  para el Continente"

En vida lo patearon   lo escupieron
lo mataron de hambre y de tristeza

Dijo Cernuda que ningún país
ha soportado a sus poetas vivos

Pero está bien así
¿No es peor destino
ser el Poeta Nacional
a quien saludan todos en la calle?

De Irás y no volverás

viernes, enero 03, 2014

Un libro de Eduardo Lino sobre el ritmo en la poesía peruana










        Desde los formalistas rusos, en los años veinte del siglo pasado, se valoró el ritmo como el elemento dominante del verso. Osip Brik, en Ritmo y sintaxis, y Yuri Tinianov, en El problema de la lengua poética, plantearon que no se podía abordar rigurosamente un poema sin prestar atención a la corriente rítmica que atravesaba este último. A dicha óptica se suma el desarrollo de la Rítmica y la Métrica como disciplinas que tienen, en el ámbito de la lengua castellana, dos ilustres representantes: Rafael de Balbín y Tomás Navarro Tomás.
En los últimos años, sin embargo, la publicación de Verso español y verso europeo (2000) de Oldrich Belic ha producido un cambio radical en los estudios de versificación. Belic pone de relieve una Rítmica Semántica Cognitiva, donde el ritmo es concebido como un componente dinámico del poema que transmite sentidos e ideologías. El cambio de patrón rítmico, por ejemplo, puede significar un giro en el ámbito de los significados. El investigador, en tal sentido, tiene que estar atento a las variaciones rítmicas para identificar cómo la ideología del poeta adquiere, en algún momento, una inflexión distinta a lo largo de los versos.
En dicho contexto, deberíamos entender la publicación de El ritmo y la modernización de la lírica peruana. Los casos de González Prada, Eguren y Valdelomar (Lima: Fondo Editorial de la USIL, 2013. 328 pp.), cuya autoría pertenece al joven y valioso investigador Eduardo Lino Salvador (Lima, 1985). Se trata de un estudio erudito y muy actualizado que se sustenta en los aportes de Belic para releer creativamente la obra de los tres poetas peruanos antes mencionados. Lino emplea una perspectiva plurimetodológica para sustentar cómo Manuel González Prada, Abraham Valdelomar y José María Eguren colaboraron activamente en la modernización de la poesía peruana a través de una reflexión sistemática sobre el ritmo y la función de este en el ámbito del verso; asimismo, en la poesía de los autores antes mencionados se observa cómo el ritmo se articula con determinados giros semánticos. Además, Lino comprueba cómo en la obra de aquellos poetas existe una estructura rítmica común, de manera que realiza un enjundioso análisis intertextual para demostrar la validez de su hipótesis.
Uno de los aspectos que más destaca de esta investigación es el empleo de distintas perspectivas para acercarse al fenómeno literario. Lino utiliza la metacrítica para realizar un cuestionamiento de los aportes de los estudiosos que se han aproximado a la obra de González Prada. Pero no solo dicha óptica aparece en este volumen, sino también la asimilación creativa tanto de la Retórica General Textual del lingüista italiano Stefano Arduini como de la perspectiva sociológica de Antonio Cornejo Polar, de cuyas propuestas se nutre el joven crítico literario para abordar la modernización de la lírica peruana en el Perú. Por último, Lino utiliza la Métrica y la Rítmica sobre la base de los aportes de Oldrich Belic con el fin de abordar los lazos entre la estructura formal de los versos y el sentido que subyace a estos últimos.
No quisiera dejar de mencionar la claridad expositiva que se revela en este libro que no solo anuncia a un investigador de valía, sino que constituye un estudio imprescindible para el abordaje de la poesía de Manuel González Prada, de José María Eguren y Abraham Valdelomar. Creo que es un acierto indiscutible que el Fondo Editorial de la USIL haya decidido dar a conocer a la comunidad de lectores una obra tan relevante para el estudio de la gran poesía peruana del siglo XX.







martes, diciembre 31, 2013

Un notable poemario de Manuel Fernández



En la promoción de poetas surgidos en la primera década de este siglo, destaca nítidamente Manuel Fernández (Breña, 1976). Ha publicado Octubre (2006), un poemario que fue calificado positivamente por la crítica especializada. Ahora nos entrega La marcha del polen (Lima: Estruendomudo, 2013. 86 pp.) En este  libro sobresalen el buen manejo de la musicalidad del poema y el gran proyecto de hacer una poesía de corte épico, pues busca reconstruir la historia de su terruño, es decir, Breña. Trata, además, de situar dicha historia entre el auge de la utopía del socialismo y la caída de esta. El poemario se halla estructurado en seis partes. En la primera (“Fundación de Beña”) se relata no solo el surgimiento del distrito del locutor, sino la llegada de la modernidad (“el progreso”) y de la industrialización,  a través de un “fresco” donde se dan cita la invasión de los espacios urbanos, el sindicalismo, la utopía socialista, la religiosidad centrada en el culto a la Virgen y la llegada del Papa. En la segunda (“Sobre los paisajes de la locura”) se concibe que la vida es un paisaje abrumado de corporeidad, del movimiento de los afectos y el contexto familiar. Ya no es el amor entre Romeo y Julieta o entre Hamlet y Ofelia, sino entre el mondongo y la azucena.  “Hospital del niño” es un intenso poema que relata el ir y venir de las enfermeras, el parto inminente y una reflexión del tiempo asociado al nacimiento: “hay flores que crecen y mueren confundidas/ atacadas por el frío de un invierno crudísimo/ mientras algunos parlamentos se escriben confusos en mi memoria” (p. 35). En la tercera parte (“Carteles luminosos inundan Breña”), vemos el funcionamiento de un solo poema heredero del prosaísmo de la poesía de los años setenta. Se elimina la puntuación a la manera vanguardista y se reitera la conjunción “y” para aglutinar los contenidos del texto, recurso empleado por poetas como Pablo Neruda en Residencia en la tierra. En la cuarta (“Estados pontificios”), aparece “La marcha del polen”, donde una de las figuras centrales es el papa Karol Wojtyla (la otra es Walesa) y se desarrolla, además, la caída de la fe en el paradigma. Los dogmas, en la denominada era posmoderna, se vienen abajo: la democracia y los valores cristianos, por ejemplo. En la quinta (“La oración del fin”), el locutor alude a la posibilidad de reinventar el amor en condiciones ciertamente difíciles: “ámame esta noche sobre los paisajes de la locura/ mientras que los náufragos contemplan el naufragio” (p. 81). En la sexta y última parte (“Anexos”), hay un homenaje póstumo a un personaje vinculado a la infancia del poeta: Abdón Sánchez. Además, hay unos poemas de adolescencia donde se evoca el colegio como un espacio de calma y de armonía.
La marcha del polen es un notable poemario por el ambicioso proyecto de poesía de tono épico que formula y el manejo de las referencias culturales (hay una evocación a Ezra Pound, “mi amigo inconfesable”, como decía Luis Hernández). Sin embargo, pienso que existen algunos recursos estilísticos (léase lugares comunes) que Fernández debería evitar en su próximo poemario: la imagen de las luces de neón, tópico recurrente de la retórica de la poesía de los años setenta; y, asimismo, el empleo de las mayúsculas (“ESTA NOCHE ESCRIBES ESTA CARTA”, por ejemplo), recurso gastado de la poesía vanguardista de los años veinte del siglo pasado. Al margen de esas objeciones, Fernández revela un cuidadoso trabajo con la escritura y un compromiso con la palabra que lo convierte en uno de los poetas peruanos jóvenes más talentosos de los últimos años.


sábado, diciembre 28, 2013

Un nuevo libro de David Sobrevilla



Filósofo de renombre, profesor universitario, investigador infatigable y autor de una prolífica obra, David Sobrevilla (Huánuco, 1930) es autor de libros imprescindibles como Repensando la tradición occidental. Filosofía, historia y arte en el pensamiento alemán (1986), Repensando la tradición nacional (2 volúmenes, 1988 y 1989), César Vallejo, poeta nacional y universal (1994), entre otros. Una de las labores que ha emprendido con entusiasmo, hace algún tiempo, ha sido la de repensar la obra de José Carlos Mariátegui a la luz de los nuevos aportes en el ámbito de la filosofía y de las ciencias sociales en el mundo actual. Al estudio de la obra del Amauta, le ha dedicado un notable libro: El marxismo de Mariátegui y su aplicación a los 7 ensayos (2005). En esa misma senda se ubica Escritos mariateguianos. Artículos y reseñas en torno a José Carlos Mariátegui y su obra (Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2012. 244 pp.) Sin duda, Sobrevilla maneja en sus libros una bibliografía sobre Mariátegui que es muy completa, de manera que ha leído textos sobre el Amauta que han sido publicados no solo en español, sino también en alemán, inglés, italiano y francés, entre otros idiomas.
Escritos mariateguianos se halla dividido en dos partes: artículos y reseñas. En la primera, hay ocho ensayos; en la segunda, siete comentarios a libros de reciente aparición sobre la obra mariateguiana. En el primer ensayo (“La visión estética del arte y de la literatura de su tiempo”), Sobrevilla subraya cómo Mariátegui toma en cuenta tres criterios para calibrar la importancia de una obra de arte: 1) el realismo de la obra artística, 2) la novedad de la misma y 3) la capacidad del arte para que “obre revolucionariamente” si manifiesta la fe en un mito (p. 29).
En el segundo ensayo (“La visión de la política mundial en La escena contemporánea”), el filósofo peruano estudia cómo Oswald Spengler influyó en Mariátegui, pues, para el pensador alemán, toda cultura tenía un nacimiento, juventud, vejez y muerte. El Amauta realizó, según Sobrevilla, una interpretación marxista de aquellas ideas de Spengler y consideró que la sociedad capitalista iba camino a su desaparición; en cambio, la socialista podría superar la crisis y vencerla. La crisis mundial, para el Amauta, tiene una arista económica (un país  puede haber logrado su independencia política, pero seguir sojuzgado desde el punto de vista económico), un aspecto político (Mariátegui analiza el surgimiento de las revoluciones, el nacionalismo y el fascismo) y otro ideológico (y artístico), pues el relativismo de Einstein y de Spengler ha llevado a una crisis artística que es el producto de surgimiento de escuelas vanguardistas, las cuales anuncian la decadencia del orden capitalista.  
En el tercero, Sobrevilla aborda la importancia de la revista Amauta en tanto revista política, pues allí se discutían problemas internacionales. Se sabe que Mariátegui proyectó que su revista se llamara Vanguardia, pero luego le cambió el nombre por Amauta. César Falcón consideraba que dicha publicación no iba a llamar la atención de la clase trabajadora, pero no fue así. Asimismo, es necesario reconocer que, durante algún tiempo, la revista estuvo volcada fundamentalmente al análisis de textos literarios y obras de arte.
En el cuarto (“La tesis de Mariátegui sobre el carácter feudal de la economía colonial peruana”), el filósofo peruano discute una tesis de Mariátegui: el carácter feudal de la economía colonial en el Perú. Sobrevilla considera, sobre la base de un análisis minucioso, que dicha tesis no es defendible, pues, sustentándose en Immanuel Wallerstein (El moderno sistema mundo), considera que en la encomienda se desarrolló el embrión de una economía capitalista y, además, en el Virreinato la minería jugó un papel más esencial que la agricultura en el ámbito económico: “los encomendados no eran vasallos del señor feudal sino del rey” (p. 85).
En el quinto (“La visión del mito en José Carlos Mariátegui, Mariano Iberico y Luis Alberto Sánchez”), el autor compara la visión de tres autores acerca del mito. Influido por Spengler, Eucken y Sorel, Mariátegui considera que el ser humano necesita un mito, una especie de ideal que oriente su vida y le permita construir un mundo nuevo. Iberico consideraba que en América Latina no había mito, entonces no existía un alma popular. Por su parte, Sánchez señala que en América Latina ha habido mitos y ejemplifica este hecho mencionando los relatos de Manco Cápac y de Pachacámac, entre otros. La conclusión a la que llega Sobrevilla es que Iberico y Mariátegui desconocieron las tradiciones literarias indígenas donde se manifiestaba un ostensible pensamiento mítico
En el sexto (“Prada y Mariátegui”), Sobrevilla realiza un análisis comparativo entre el pensamiento del Amauta y el del autor de Pájinas libres. Mariátegui considera que González Prada fue más literato que político. Acusa a este último de no haber podido fundar el socialismo peruano. Por su parte, González Prada, en uno de sus últimos artículos, compara al anarquismo con el socialismo. Según Prada, este último es muy reglamentarista y opresor “como el Estado” (p. 133); por el contrario, el anarquismo recusa todo sometimiento del individuo a las leyes. El autor de Horas de lucha concibe que el socialismo autoritario concede una preeminencia a “la captura del poder” (ibídem). Este ensayo es muy ilustrativo porque revela cómo González Prada se anticipó genialmente a lo que llamaremos después la crisis del socialismo real.
En el séptimo (“Mariátegui e Iberico”), el autor de Repensando la tradición occidental estudia cómo Iberico comenzó su carrera como filósofo bajo la impronta del positivismo, luego abrazó el espiritualismo de Henri Bergson y desplazó su interés de lo estético a lo religioso. Iberico y Mariátegui coinciden en que había un sentimiento de crisis generalizada en la época en la cual les tocó vivir. Iberico no creía en el proyecto socialista de Mariátegui y, por lo tanto, consideraba que en la regeneración del sentimiento religioso estaba la solución de la crisis del hombre en aquella época.
En el octavo y último ensayo (“La recepción de los 7 ensayos en las ciencias sociales peruanas”), Sobrevilla explicita los períodos de recepción de los 7 ensayos: 1) Etapa inicial (desde 1928 hasta finales de los años cincuenta del siglo pasado), donde se perciben la lectura de Víctor Andrés Belaunde, la del aprismo y del marxismo ortodoxo, 2) Segunda etapa (desde finales de los años cincuenta hasta 1989), donde se señala que Mariátegui fue, sobre todo, un marxista heterodoxo, y 3) Tercera etapa (desde 1989 hasta el presente), donde se trata de indicar los aportes y limitaciones del pensamiento mariateguiano, dicha época concuerda con “la crisis del marxismo real existente”  (p. 171).
En cuanto a las reseñas sobre libros dedicados a Mariátegui, Sobrevilla discute los aportes de autores como Jorge Gaete, Narciso Bassols, Marc Becker, Francis Guibal, José Morales Saravia, Michael Pearlman y Jorge Oshiro. En el libro de Gaete, observa una preocupación desmesurada por el estudio del lenguaje en la ensayística de Mariátegui. En el texto de Bassols, nota vacíos bibliográficos. En tesis universitaria de Oshiro, Sobrevilla discute que Mariátegui deba ser entendido, únicamente, sobre la base de la filosofía de Spinoza.

Escritos mariateguianos es un libro muy valioso para comprender el pensamiento de Mariátegui porque aborda de manera mesurada los aportes y las falencias que se evidencian en este último. Además, Sobrevilla evidencia un buen manejo del análisis comparativo y una lectura crítica de la bibliografía centrada en el análisis de la obra del Amauta.