martes, diciembre 31, 2013

Un notable poemario de Manuel Fernández



En la promoción de poetas surgidos en la primera década de este siglo, destaca nítidamente Manuel Fernández (Breña, 1976). Ha publicado Octubre (2006), un poemario que fue calificado positivamente por la crítica especializada. Ahora nos entrega La marcha del polen (Lima: Estruendomudo, 2013. 86 pp.) En este  libro sobresalen el buen manejo de la musicalidad del poema y el gran proyecto de hacer una poesía de corte épico, pues busca reconstruir la historia de su terruño, es decir, Breña. Trata, además, de situar dicha historia entre el auge de la utopía del socialismo y la caída de esta. El poemario se halla estructurado en seis partes. En la primera (“Fundación de Beña”) se relata no solo el surgimiento del distrito del locutor, sino la llegada de la modernidad (“el progreso”) y de la industrialización,  a través de un “fresco” donde se dan cita la invasión de los espacios urbanos, el sindicalismo, la utopía socialista, la religiosidad centrada en el culto a la Virgen y la llegada del Papa. En la segunda (“Sobre los paisajes de la locura”) se concibe que la vida es un paisaje abrumado de corporeidad, del movimiento de los afectos y el contexto familiar. Ya no es el amor entre Romeo y Julieta o entre Hamlet y Ofelia, sino entre el mondongo y la azucena.  “Hospital del niño” es un intenso poema que relata el ir y venir de las enfermeras, el parto inminente y una reflexión del tiempo asociado al nacimiento: “hay flores que crecen y mueren confundidas/ atacadas por el frío de un invierno crudísimo/ mientras algunos parlamentos se escriben confusos en mi memoria” (p. 35). En la tercera parte (“Carteles luminosos inundan Breña”), vemos el funcionamiento de un solo poema heredero del prosaísmo de la poesía de los años setenta. Se elimina la puntuación a la manera vanguardista y se reitera la conjunción “y” para aglutinar los contenidos del texto, recurso empleado por poetas como Pablo Neruda en Residencia en la tierra. En la cuarta (“Estados pontificios”), aparece “La marcha del polen”, donde una de las figuras centrales es el papa Karol Wojtyla (la otra es Walesa) y se desarrolla, además, la caída de la fe en el paradigma. Los dogmas, en la denominada era posmoderna, se vienen abajo: la democracia y los valores cristianos, por ejemplo. En la quinta (“La oración del fin”), el locutor alude a la posibilidad de reinventar el amor en condiciones ciertamente difíciles: “ámame esta noche sobre los paisajes de la locura/ mientras que los náufragos contemplan el naufragio” (p. 81). En la sexta y última parte (“Anexos”), hay un homenaje póstumo a un personaje vinculado a la infancia del poeta: Abdón Sánchez. Además, hay unos poemas de adolescencia donde se evoca el colegio como un espacio de calma y de armonía.
La marcha del polen es un notable poemario por el ambicioso proyecto de poesía de tono épico que formula y el manejo de las referencias culturales (hay una evocación a Ezra Pound, “mi amigo inconfesable”, como decía Luis Hernández). Sin embargo, pienso que existen algunos recursos estilísticos (léase lugares comunes) que Fernández debería evitar en su próximo poemario: la imagen de las luces de neón, tópico recurrente de la retórica de la poesía de los años setenta; y, asimismo, el empleo de las mayúsculas (“ESTA NOCHE ESCRIBES ESTA CARTA”, por ejemplo), recurso gastado de la poesía vanguardista de los años veinte del siglo pasado. Al margen de esas objeciones, Fernández revela un cuidadoso trabajo con la escritura y un compromiso con la palabra que lo convierte en uno de los poetas peruanos jóvenes más talentosos de los últimos años.


sábado, diciembre 28, 2013

Un nuevo libro de David Sobrevilla



Filósofo de renombre, profesor universitario, investigador infatigable y autor de una prolífica obra, David Sobrevilla (Huánuco, 1930) es autor de libros imprescindibles como Repensando la tradición occidental. Filosofía, historia y arte en el pensamiento alemán (1986), Repensando la tradición nacional (2 volúmenes, 1988 y 1989), César Vallejo, poeta nacional y universal (1994), entre otros. Una de las labores que ha emprendido con entusiasmo, hace algún tiempo, ha sido la de repensar la obra de José Carlos Mariátegui a la luz de los nuevos aportes en el ámbito de la filosofía y de las ciencias sociales en el mundo actual. Al estudio de la obra del Amauta, le ha dedicado un notable libro: El marxismo de Mariátegui y su aplicación a los 7 ensayos (2005). En esa misma senda se ubica Escritos mariateguianos. Artículos y reseñas en torno a José Carlos Mariátegui y su obra (Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2012. 244 pp.) Sin duda, Sobrevilla maneja en sus libros una bibliografía sobre Mariátegui que es muy completa, de manera que ha leído textos sobre el Amauta que han sido publicados no solo en español, sino también en alemán, inglés, italiano y francés, entre otros idiomas.
Escritos mariateguianos se halla dividido en dos partes: artículos y reseñas. En la primera, hay ocho ensayos; en la segunda, siete comentarios a libros de reciente aparición sobre la obra mariateguiana. En el primer ensayo (“La visión estética del arte y de la literatura de su tiempo”), Sobrevilla subraya cómo Mariátegui toma en cuenta tres criterios para calibrar la importancia de una obra de arte: 1) el realismo de la obra artística, 2) la novedad de la misma y 3) la capacidad del arte para que “obre revolucionariamente” si manifiesta la fe en un mito (p. 29).
En el segundo ensayo (“La visión de la política mundial en La escena contemporánea”), el filósofo peruano estudia cómo Oswald Spengler influyó en Mariátegui, pues, para el pensador alemán, toda cultura tenía un nacimiento, juventud, vejez y muerte. El Amauta realizó, según Sobrevilla, una interpretación marxista de aquellas ideas de Spengler y consideró que la sociedad capitalista iba camino a su desaparición; en cambio, la socialista podría superar la crisis y vencerla. La crisis mundial, para el Amauta, tiene una arista económica (un país  puede haber logrado su independencia política, pero seguir sojuzgado desde el punto de vista económico), un aspecto político (Mariátegui analiza el surgimiento de las revoluciones, el nacionalismo y el fascismo) y otro ideológico (y artístico), pues el relativismo de Einstein y de Spengler ha llevado a una crisis artística que es el producto de surgimiento de escuelas vanguardistas, las cuales anuncian la decadencia del orden capitalista.  
En el tercero, Sobrevilla aborda la importancia de la revista Amauta en tanto revista política, pues allí se discutían problemas internacionales. Se sabe que Mariátegui proyectó que su revista se llamara Vanguardia, pero luego le cambió el nombre por Amauta. César Falcón consideraba que dicha publicación no iba a llamar la atención de la clase trabajadora, pero no fue así. Asimismo, es necesario reconocer que, durante algún tiempo, la revista estuvo volcada fundamentalmente al análisis de textos literarios y obras de arte.
En el cuarto (“La tesis de Mariátegui sobre el carácter feudal de la economía colonial peruana”), el filósofo peruano discute una tesis de Mariátegui: el carácter feudal de la economía colonial en el Perú. Sobrevilla considera, sobre la base de un análisis minucioso, que dicha tesis no es defendible, pues, sustentándose en Immanuel Wallerstein (El moderno sistema mundo), considera que en la encomienda se desarrolló el embrión de una economía capitalista y, además, en el Virreinato la minería jugó un papel más esencial que la agricultura en el ámbito económico: “los encomendados no eran vasallos del señor feudal sino del rey” (p. 85).
En el quinto (“La visión del mito en José Carlos Mariátegui, Mariano Iberico y Luis Alberto Sánchez”), el autor compara la visión de tres autores acerca del mito. Influido por Spengler, Eucken y Sorel, Mariátegui considera que el ser humano necesita un mito, una especie de ideal que oriente su vida y le permita construir un mundo nuevo. Iberico consideraba que en América Latina no había mito, entonces no existía un alma popular. Por su parte, Sánchez señala que en América Latina ha habido mitos y ejemplifica este hecho mencionando los relatos de Manco Cápac y de Pachacámac, entre otros. La conclusión a la que llega Sobrevilla es que Iberico y Mariátegui desconocieron las tradiciones literarias indígenas donde se manifiestaba un ostensible pensamiento mítico
En el sexto (“Prada y Mariátegui”), Sobrevilla realiza un análisis comparativo entre el pensamiento del Amauta y el del autor de Pájinas libres. Mariátegui considera que González Prada fue más literato que político. Acusa a este último de no haber podido fundar el socialismo peruano. Por su parte, González Prada, en uno de sus últimos artículos, compara al anarquismo con el socialismo. Según Prada, este último es muy reglamentarista y opresor “como el Estado” (p. 133); por el contrario, el anarquismo recusa todo sometimiento del individuo a las leyes. El autor de Horas de lucha concibe que el socialismo autoritario concede una preeminencia a “la captura del poder” (ibídem). Este ensayo es muy ilustrativo porque revela cómo González Prada se anticipó genialmente a lo que llamaremos después la crisis del socialismo real.
En el séptimo (“Mariátegui e Iberico”), el autor de Repensando la tradición occidental estudia cómo Iberico comenzó su carrera como filósofo bajo la impronta del positivismo, luego abrazó el espiritualismo de Henri Bergson y desplazó su interés de lo estético a lo religioso. Iberico y Mariátegui coinciden en que había un sentimiento de crisis generalizada en la época en la cual les tocó vivir. Iberico no creía en el proyecto socialista de Mariátegui y, por lo tanto, consideraba que en la regeneración del sentimiento religioso estaba la solución de la crisis del hombre en aquella época.
En el octavo y último ensayo (“La recepción de los 7 ensayos en las ciencias sociales peruanas”), Sobrevilla explicita los períodos de recepción de los 7 ensayos: 1) Etapa inicial (desde 1928 hasta finales de los años cincuenta del siglo pasado), donde se perciben la lectura de Víctor Andrés Belaunde, la del aprismo y del marxismo ortodoxo, 2) Segunda etapa (desde finales de los años cincuenta hasta 1989), donde se señala que Mariátegui fue, sobre todo, un marxista heterodoxo, y 3) Tercera etapa (desde 1989 hasta el presente), donde se trata de indicar los aportes y limitaciones del pensamiento mariateguiano, dicha época concuerda con “la crisis del marxismo real existente”  (p. 171).
En cuanto a las reseñas sobre libros dedicados a Mariátegui, Sobrevilla discute los aportes de autores como Jorge Gaete, Narciso Bassols, Marc Becker, Francis Guibal, José Morales Saravia, Michael Pearlman y Jorge Oshiro. En el libro de Gaete, observa una preocupación desmesurada por el estudio del lenguaje en la ensayística de Mariátegui. En el texto de Bassols, nota vacíos bibliográficos. En tesis universitaria de Oshiro, Sobrevilla discute que Mariátegui deba ser entendido, únicamente, sobre la base de la filosofía de Spinoza.

Escritos mariateguianos es un libro muy valioso para comprender el pensamiento de Mariátegui porque aborda de manera mesurada los aportes y las falencias que se evidencian en este último. Además, Sobrevilla evidencia un buen manejo del análisis comparativo y una lectura crítica de la bibliografía centrada en el análisis de la obra del Amauta.

miércoles, diciembre 25, 2013

Un libro de cuentos de Orlando Mazeyra





El cuento es un género que exige una gran capacidad de síntesis, mientras que la novela posibilita abordar un mundo representado más vasto. En tal sentido, el cuentista debería calibrar cada palabra como lo hace el poeta y buscar el afinamiento estilístico. En un buen cuento, ninguna palabra tiene que sobrar. He ahí el ideal de todo hacedor de relatos cortos. Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) ha publicado dos volúmenes de narrativa: Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007) y La prosperidad reclusa (2009). 
Este año ha visto la luz su tercer libro: Mi familia y otras miserias (Lima: Tribal Editores, 2013. 155 pp.), un conjunto de cuentos de estilo realista que exploran de temas como el alcoholismo, la soledad, el suicidio, la voluntad parricida, entre otros. Destacan el uso del diálogo, la caracterización de los personajes y la musicalidad de la prosa, la cual, salvando las distancias del caso, hace recordar, en sus mejores momentos, a Julio Ramón Ribeyro.  Dos cuentos notables de Mazeyra son "Mi primera máquina de escribir"  y "De cómo mi padre se fue al infierno". En el primero, aparece la funesta figura del padre, quien desea que su hijo sea militar y deje la tarea de convertirse en escritor. En el segundo, se hace una radiografía de la atmósfera familiar a través de la figura del progenitor castrante: "Él cumplió su palabra: nos hizo mierda la existencia hasta que un derrame cerebral trajo, por fin, quietud a ´su casa´. Mis hermanos no pudieron despedirse de él. Mi madre lo besó en la frente y se puso a rezar en medio del llanto" (p. 36). 
En lo que concierne a los aspectos discutibles del libro, quisiera mencionar una obsesiva inclinación por las referencias autobiográficas. Por ejemplo, en la página 126, se dice que "´Este personaje es el Mazeyra´". Ello limita, un tanto, la capacidad de fabulación del artista y no permite al autor asumir plenamente la escritura como ejercicio ficcional de enorme poder simbólico. Asimismo, hay, en el libro, el funcionamiento de ciertos lugares comunes como el escritor maldito que busca suicidarse o el alcoholismo como una forma de evadir la complejidad de la existencia.
Al margen de ello, Mi familia y otras miserias es un interesante libro que revela  la madurez de Mazeyra como un escritor seguro de sí mismo y dueño de una prosa fluida y sugerente. Recomiendo la lectura de este volumen que atrapa al lector desde la primera página.

martes, diciembre 17, 2013

Un nuevo libro de Carlos García-Bedoya Maguiña










Profesor principal de la Universidad de San Marcos y discípulo de Antonio Cornejo Polar, Carlos García-Bedoya Maguiña (Lima, 1955) ha publicado dos libros importantes: Para una periodización de la literatura peruana (1990, 2da. edición ampliada y corregida en 2004) y La literatura peruana en el período de estabilización colonial  (2000). Estudió y se graduó de Doctor en Literatura por la Universidad de Pittsburgh, y fue profesor visitante en las universidades de Montréal (Canadá) y en Darmouth College (USA). Sus prinicipales campos de investigación son la historia literaria, la literatura peruana colonial y la literatura francesa. 

En 2012, García-Bedoya dio a conocer un tercer libro: Indagaciones heterogéneas. Estudios sobre literatura y cultura (Lima: Pakarina, CELACP y Facultad de Letras de la UNMSM. 291 pp.) El título del volumen trae a la memoria la teoría de Antonio Cornejo Polar acerca del carácter heterogéneo de nuestra literatura. La peruana es una literatura donde conviven tres sistemas: el de la literatura "ilustrada" en castellano, el de las literaturas populares en español y, por último, el sistema de las literaturas aborígenes. Un escritor, como José María Arguedas, se sitúa en el primer sistema; pero se nutre de elementos del tercero como la cosmovisión andina y los cantos en quechua.
En Indagaciones heterogéneas,García Bedoya asume la postura de los estudios culturales sin caer en el análisis meramente contenidista ni despreciar el abordaje de los elementos formales de una novela o un cuento, sino que confronta la serie social con la literaria sobre la base de un cuidadoso análisis de los géneros literarios y de los procedimientos estilísticos de la narrativa tanto latinoamericana como peninsular. 

Se trata de un libro miscelánico que se halla dividido en cuatro partes. En la primera ("Indagaciones teóricas"), el autor apuesta por  una perspectiva transdisciplinaria, es decir, los especialistas " deben ser capaces de situar su campo de estudio dentro del contexto global de la cultura" (p. 24). Asimismo, subraya cómo se tendría que propugnar no una globalización cultural, sino una mundialización intercultural que se asiente en la reflexión sistemática acerca de la hibridez, de la transculturacion y de lo fragmentario para acceder a una totalidad heterogénea (no exenta de contradicciones) y al análisis de lo que García Canclini llamaba "la coexistencia de tiempos históricos diversos" con el fin de identificar los rasgos distintivos de la literatura latinoamericana. 

En la segunda parte ("Indagaciones latinoamericanas"), García-Bedoya aborda el análisis de obras de escritores de la nueva narrativa latinoamericana como Alejo Carpentier o Miguel Ángel Asturias y allí destaca dos vertientes: a)la  vanguardista (deudora de los aportes de James Joyce) que tiene como representantes a Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, José Donoso, Gabriel García Márquez, entre otros, y b)la heredera de Franz Kafka  que tiene en Juan Carlos Onetti y Ernesto Sábato a dos de sus más preclaros representantes. Resulta muy ilustrativo el estudio de la obra de Asturias, en particular de Hombres de maíz (1949) y su revaloración de lo indígena.

En la tercera parte ("Indagaciones peruanas") se observa cómo García-Bedoya tiene predilección por ciertos temas de la literatura colonial. Por ejemplo, analiza el papel del discurso criollo y del andino en la producción peruana colonial. Resulta, además, interesante cómo plantea que El mundo es ancho y ajeno es, para el investigador sanmarquino, la más importante novela peruana de todos los tiempos. Es importante subrayar que el crítico pasa revista a la constitución del canon literario peruano. ¿Qué es el canon? "[U]n elenco de los autores y las obras literarias más destacadas y/o más representativas de su respectiva tradición" (p.[151]). Sobre la base de la idea de que la nación constituye una entidad de carácter plural y profundamente heterogéneo, García-Bedoya distingue un canon oligárquico que se manifiesta bajo el régimen de la denominada república aristocrática. Mariátegui y Sánchez cuestionan dicho canon; sin embargo, solo  a partir de los años cincuenta del siglo XX, se configura un canon posoligárquico o alternativo, luego de la caída de la dictadura de Odría.

En la cuarta parte ("Otras indagaciones"), el investigador asedia algunas obras fundacionales de la literatura peninsular: La Celestina y Don Quijote. Premunido de un aparato teórico interdisciplinario, García-Bedoya demuestra el conocimiento de autores como Bajtin, Lukács y Auerbach para desentrañar la problemática de la novela como género discursivo y el surgimiento de la novelística moderna. Se sustenta que La Celestina es un antecedente de la picaresca y de la narrativa de Cervantes. Asimismo, se señala cómo Don Quijote es una novela llena de dialogismo y donde se revela el mecanismo polifónico, estudiado por Bajtin.

Indagaciones heterogéneas es un libro notable por su claridad expositiva, manejo de la teoría literaria y perspectiva interdisciplinaria. Cuestiona la perspectiva eurocéntrica y continúa creativamente la reflexiones de Antonio Cornejo Polar sobre el carácter heterogéneo de la literatura latinoamericana.
Quisiera hacer, no obstante, algunas observaciones personales acerca del último libro de García-Bedoya. No estoy de acuerdo con el pesimismo que se manifiesta en el prólogo. Allí se afirma que, en el Perú, "es muy difícil hablar de especialización en nuestro precario mundo académico" (p. 12); " es mi anhelo que en el futuro esa mirada (periférica y limitada al ámbito europeo, anotado mío) pueda expandirse hacia otros horizontes más vastos y más diversos (pero es quizá un anhelo de difícil realización)" (Ibídem). Dicha actitud es poco estimulante para los investigadores jóvenes, quienes ven en Carlos García-Bedoya uno de los referentes más importantes de la investigación literaria en el Perú.