domingo, abril 14, 2013

"Lumbra" de Benggi Bedoya


¿Estamos en una época de mitificación o en un contexto donde reina la perspectiva desmitificadora de los grandes íconos de la cultura occidental? Umberto Eco había hablado de una desmitificación de la simbología de ciertos repertorios institucionalizados. Hay algunos autores que trabajan con el imaginario grecolatino para hacerlo dialogar con el presente.

El primer poemario de Benggi Bedoya Rosales (Chimbote, 1986) lleva por título Lumbra (Lima: Paracaídas, 2012, 27 pp.) constituye una búsqueda incesante de nuevas formas expresivas. Opta por un recurso que recuerda el empleado por Blanca Varela en Ese puerto existe: el ocultamiento del yo femenino a través de un locutor masculino. La poeta escribe: “Cuando fui niño/ armé cada una de las piezas/ Con la licencia/ del primer aprendizaje” (p. 9). Además, utiliza las referencias mitológicas: hay un poema que lleva por título “Apolo” y otro, “Dafne”. En el último caso, la escritora subraya la oposición de esta última a la “poética del cuerpo”. Dafne termina siendo “el laurel abominable”, después de haber sufrido los efectos de la flecha de Eros. En cuanto al dios Apolo, este es calificado como vanidoso y como un ser “Invisible al escultor”. Hay otro texto que está centrado en la figura de Dédalo, famoso por haber construido el laberinto de Creta, sin embargo, el corazón de Dédalo se oculta en este último. Podríamos comentar el poema dedicado a Ícaro o el consagrado a la figura de Ariadna.

La propuesta de Bedoya se sustenta en la vuelta al tiempo mítico, al origen y al reencuentro del ser humano con los dioses grecolatinos. Desarrolla, además, la simbología del fuego, tan cara a las propuestas de Gaston Bachelard y de Mircea Eliade. Por eso, el fuego es asociado con lo sagrado en el primer poema. Posteriormente en “Sin nombre” se alude al “osario de las flamas/ Que mueren lentamente” (p. 7). El ritmo de los versos está logrado, quizá faltó mayor originalidad en lo que concierne al uso de las referencias mitológicas. Por momentos, da la impresión de que estas no dialogan, de manera fecunda, con la modernidad, sino que permanecen en el ámbito de lo convencional. Al margen de ello, Lumbra es un poemario que revela el indiscutible talento de su autora.

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