domingo, febrero 10, 2013

La poesía reunida de Jorge Eslava




Autor de tres poemarios y de varios libros de literatura infantil, Jorge Eslava (Lima, 1953) ha realizado una silenciosa pero significativa carrera poética.  Ítaca (1983) obtuvo el Premio Copé de Poesía en 1982; Territorio (1989) confirma su predilección por el afinamiento formal del poema; y Escollera (1992) recrea el viaje del poeta a Lisboa y la exploración del tema de la familia, tan caro a cierto autores como César Vallejo y Pablo Guevara, entre otros. Estos tres libros acaban de ser reunidos en un volumen que lleva por título Las marcas. Poesía reunida (Lima: Borrador, 2012, 158 pp.) y que tiene la virtud, además, de incluir tres prólogos, cada uno de los cuales lleva la firma de Carlos López Degregori, de Ana María Gazzolo y Eduardo Chirinos.

En Ítaca observo el influjo de la poesía de Constantino Cavafis, uno de los grandes poetas griegos contemporáneos. Eslava ha sabido asimilar la sutileza descriptiva de aquel escritor y, asimismo, se ha nutrido de la lectura gratificante de Luis Cernuda, sobre todo el de Los placeres prohibidos. De dicho poeta español, Eslava toma dos versos notables: “Qué ruido tan triste el que hacen/ dos cuerpos cuando se aman”. Ítaca se desliza entre las referencia helénicas y el sugestivo tema  del cuerpo: “Contra las galaxias transparentes/ los mares inflamables de tu cuerpo” (p. 22). El locutor desarrolla la metáfora de entrar a la casa del cuerpo y el estremecimiento de los espacios corporales hasta vincular a estos con los ejes temporales: “tu cuerpo recién lavado a medianoche,/ sobre la penumbra/ que recibe cada movimiento que articular,/ trémula aún” (p.25). El tono levemente laudatorio (otra lección de Cavafis) es, por momentos, inquisitivo a través del empleo de interrogantes sucesivas. Las preguntas, en algunos poemas, se suceden una tras otra y el poeta insiste en que la respuesta parece estar lejana como una montaña.

Territorio insiste en privilegiar el espacio donde el poeta se solaza en la reflexión sobre el propio hacer literario. El primer texto configura una poética: “Me basta este poco de soledad,/ el temblor de viento y de una humana inquietud” (p. 71).  El locutor redujo los libros: no basta la erudición para escribir poesía, parece decirnos. Los hijos y la amada duermen en paz; pero el poeta prefiere enredarse en su soledad para expresar su disconformidad en el mundo: la inquietud es, aquí, sinónimo de anhelo insatisfecho y de indagación constante. Eslava insiste en describir una escena (por ejemplo, en “Mujer comiendo una manzana”) a la manera de un pintor que configura una silueta: una mujer duerme, otra se halla “De pie ante la ventana” (p. 77), una tercera se encuentra “descalza sobre la madera” (p. 80). El paisaje lo completa la orilla del mar (léase la marea) al lado de la rotunda presencia de la familia: “Mi hijo trepa/ el árbol y yo debiera, desde adentro, prevenirle” (p. 84).

Escollera es el último libro de Eslava y allí se intensifica la recurrente presencia del mar: “Todo lugar era el mar. Y cada momento” (p. 122). La gran metáfora que preside este poemario es que la vida es el mar y sin este, aquella no posee sentido alguno. En tal sentido, no se percibe claramente los límites entre lo humano y lo marítimo: “Las olas estallaban contra tu frente” (p. 121). El hablante busca, por eso, en los corales la respuesta a las más profundas preguntas sobre su existencia humana. “Diego Alonso” es un poema intenso, pues allí se representa a un niño que juega con un montículo de arena sin advertir la oleada producida por el crujir del viento: la marea vence y el niño percibe la derrota, pero se da cuenta de que la existencia es solo sinónimo de lucha constante: “él contempla la derrota inesperada y descubre/ una minúscula constelación de algas y guijarros” (p. 135).

Las marcas es una valiosa recopilación de la poesía de Jorge Eslava, un escritor identificado con la palabra y la creatividad. Revela, a todas luces, cómo el poeta se ha mantenido fiel al afinamiento formal al servicio de la honda reflexión acerca de los laberintos de la existencia humana.



No hay comentarios.: