miércoles, marzo 21, 2012

Un justo homenaje a Rodolfo Hinostroza



La obra poética de Rodolfo Hinostroza es una de las cumbres de la literatura peruana. Comenzó con un libro muy singular: Consejero del lobo (1965). Luego, obtuvo el Premio Maldoror con Contra Natura (1971). Después de un largo silencio en el cual no publicó poemario alguno, Hinostroza volvió a las lides con la publicación de Memorial de Casa Grande (2005). Se trata de un escritor que también ha publicado novelas (Fata morgana, por ejemplo), cuentos ("El benefactor"), teatro (ha realizado una obra inspirada en Guamán Poma de Ayala) y ensayos (tiene algunas aproximaciones interesantes a la obra de Stéphane Mallarmé).
Fernando de Diego Pérez y Paolo de Lima acaban de editar las ponencias que se presentaron al simposio en homenaje a Hinostroza que se realizó en Lima del 28 al 30 de abril de 2010 y que fue organizado por la Universidad de Ottawa, la UNMSM, la PUCP y el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería. El título es
Hinostroza, il miglior fabbro (Lima: Universidad de Ottawa, Facultad de Letras de la UNMSM y Editorial San Marcos, 2011, 206 pp.)
El conjunto de ensayos está centrado en el estudio de la producción poética, narrativa, teatral y gastronómica de Hinostroza. Luis Fernando Chueca compara la obra de tres poetas emblemáticos de los años sesenta: Heraud revela en textos como "Balada escénica sobre la revolución cubana" algunos rasgos de la poesía política de su generación como la asimilación del magisterio de Bertolt Brecht o el empleo del monólogo dramático; Cisneros, por su parte, representa la historia del Perú en
Comentarios reales; por último, Hinostroza plantea "simultáneamente utopía del conocimiento y utopía del lenguaje" (p. 27), pues la poesía exige una multivocalidad del lenguaje.
Distinto es el enfoque de José Antonio Mazzotti, quien plantea que Hinostroza cuestiona cierto tono épico presente en buena parte de la poesía de los años sesenta que manifiestaba una fe en la utopía de la transformación social. El poeta plantea una alegoría del poder absoluto que se sostiene en una postura antibelicista y de antiusura, con algunos ecos de la poética de Ezra Pound.
William Rowe, por su parte, señala que Hinostroza incluye los signos matemáticos en
Contra Natura para producir "una fisura entre la diafanidad de la videncia y el nombre que amarra al lenguaje" (p. 49), pues los signos matemáticos logran autonomía en relación con el lenguaje y entonces la significación se suspende intempestivamente.
Paolo de Lima realiza una lectura política de
Memorial de Casa Grande tratando de observar, en el mundo representado, el funcionamiento del imaginario de la clase media peruana; pues el sujeto poético allí celebra la familia, a diferencia de Contra Natura donde no existe, según el crítico, una perspectiva de familia ni de comunidad. En este caso sí discrepo abiertamente: creo que el hablante en Contra Natura sí expresa una idea de comunidad integrada por los clochards (vagabundos), Azucena y los sectores marginales, opuestos a la dictadura de César cuyo poder omnímodo busca controlar los actos de habla de todos los sujetos.
El ensayo de Gonzalo Portocarrero es quizá el más débil del conjunto. Nadie niega las virtudes de este intelectual, quien ha escrito libros notables como
Racismo y mestizaje y otros ensayos (2007); sin embargo, su postura teórica, anclada en el círculo hermenéutico de Gadamer, no aporta mucho al análisis de la poesía de Hinostroza, pues se queda en una mera paráfrasis del contenido de los mismos, obviando el trabajo de filigrana con el lenguaje que realiza el poeta.
Marco Ramírez aborda el erotismo en
Consejero del lobo; Victoria Guerrero hace una buena disección de Aprendizaje de la limpieza; Rocío Ferreira explora una dimensión interesante: el libro Primicias de cocina peruana, donde se observa la reflexión sistemática sobre la gastronomía que realiza el mago de Contra Natura. A ello hay que agregar una iluminadora entrevista de Roger Santivañez, donde Rodolfo habla de su predilección por la poesía de lengua inglesa y de su labor como traductor.
No obstante, los dos estudios más notables del libro son el de Marcel Velázquez ("Lectura pragmática de 'Gambito de Rey'") y el de Marcos Mondoñedo ("El poema como búsqueda del significante: análisis de 'Diálogo de un preso y un sordo' de Rodolfo Hinostroza"). Primero, porque evidencian un buen conocimiento de la bibliografía secundaria. Segundo, evitan el impresionismo y emplean un aparato teórico-metodológico pertinente, que no es rígido, sino que es utilizado creativamente. Asimismo, se evidencia una preocupación por precisar, de modo sistemático, las redes intertextuales que se desprenden de la poesía de Hinostroza.
Velázquez se nutre de los aportes de la pragmática lingüística para evidenciar los actos de habla y los actores sociales que se manifiestan en "Gambito de Rey"; asimismo, maneja la idea de un contexto polifacético: el lingüístico, el social y el situacional. Posteriormente, intenta precisar la noción de implicatura (el sentido implícito de un enunciado) para terminar señalando que la literatura, en realidad, es una convención social.
Por su parte, Mondoñedo se sustenta en las propuestas del psicoanálisis de Jacques Lacan para hacer una interesante lectura de "Diálogo de un preso y un sordo". La concepción lacaniana de lo real como lo imposible de representar lleva a Mondoñedo a preguntarse sobre el sinsentido y cómo se manifiesta en el mencionado poema, pues lo real "no cesa de no escribirse" (p. 120) y el investigador tiene que tratar de precisar sus contornos borrosos e imprecisos.
En suma,
Hinostroza, il miglior fabbro es un volumen muy valioso porque profundiza en el imaginario de la poesía de Hinostroza e incentiva la discusión acerca de esta obra cuya vigencia es indiscutible.

domingo, marzo 11, 2012

"El fuego de la palabra" de Selenco Vega


Una de las metáforas más cautivantes de la ensayística del joven Mario Vargas Llosa es "la literatura es fuego" porque señala cómo la creación literaria es sinónimo de insurrección permanente y de actitud crítica indesmayable. Selenco Vega (Lima, 1971) ha tomado dicha metáfora como título de su más reciente libro de ensayos: El fuego de la palabra. Estudios sobre literatura peruana (Lima: USIL, 2011, 154 pp.). Conocido como poeta, cuentista y hacedor de novelas, Vega ha ganado numerosos premios, entre los cuales cabe mencionar el "Cuento de las Mil Palabras" (1995), el "Copé de Oro" en la XIV Bienal de Cuento (2005) convocada por Petroperú y el Premio de Novela Breve "Cámara Peruana del Libro 2009", entre otros. Es autor de los poemarios Casa de familia (1995) y Reinos que declinan (2001); del libro de relatos Parejas en el parque y otros cuentos (1998), y de la novela Segunda persona (2009). En el género ensayístico ha dado a conocer Espejos de la modernidad: vanguardia, experiencia y cine en 5 metros de poemas (2010), texto revisado de su tesis de licenciatura en literatura que sustentó en la Universidad de San Marcos. Su última entrega, El fuego de la palabra, constituye un racimo de artículos que se encuentra dividido en cuatro partes: literatura colonial, poesía, narrativa y traducción*. Vega aborda el estudio de una crónica de Juan de Betanzos (Suma y narración de los incas) para sustentar, sobre la base del enfoque de Martín Lienhard, que allí se advierte la presencia de un texto que evidencia una oralidad quechua transcrita por el cronista, y que existe un entrecruzamiento del discurso del narrador en primera persona con los relatos orales, en quechua, de los informantes correspondientes. En lo que concierne al género poético, Vega analiza los límites de la propuesta poética de Manuel González Prada, pues este escritor innova solo en el aspecto formal y rítmico; pero, en el ámbito de los referentes, sigue siendo un poeta clásico. En otro de los ensayos, Selenco señala cómo hay la presencia de una poética creacionista en 5 metros de poemas; sin embargo, hay una diferencia: Huidobro practica una poesía intelectual; Oquendo pone de relieve lo confesional. Luego se aborda la poética de Carlos López Degregori, quien manifiesta --al decir de Américo Ferrari-- una tentativa por desindividualizar al yo poético, de manera que este último se convierte en un ser indeterminado, como si fuera cualquie hombre sin raíces ni especificidades. Posteriormente, Vega se dedica al análisis de tres poetas de los años noventa: Javier Gálvez (El libro de Daniel), José Cabrera Alva (El libro de los lugares vacíos) y Jaime Rodríguez Zavaleta (Las ciudades aparentes) para calibrar cómo hay una búsqueda de un estilo propio en los tres autores, quienes también asimilan creativamente los aportes de la tradición literaria. En lo que respecta a la narrativa, Selenco examina "Silvio en el Rosedal", uno de los intensos cuentos de Julio Ramón Ribeyro, donde destaca cómo el protagonista principal se encuentra alejado de la lucha por la vida: "Silvio puede por fin perderse como la hojarasca o vagar como un espectro sin rumbo ni destino: El autoengaño ha terminado y su vida se revela por fin como vacío de enigma, como puro hueco existencial que se abre dolorosamente al mundo" (p. 128). Asimismo, en El fuego de la literatura, hay un breve comentario acerca del papel de los diarios en El zorro de arriba y el zorro de abajo, donde se pone de relieve cómo Arguedas tuvo una feroz lucha con las palabra para traducir sus conflictos internos que lo llevarían al suicidio en 1969. Sin duda, los ensayos más polémicos del libro son los centrados en la llamada narrativa de los noventa, pues Vega sostiene que los personajes de Salón de belleza de Mario Bellatin, No se lo digas a nadie de Jaime Bayly y de Al final de la calle de Óscar Malca "distan de ser conciencias problematizadoras de su entorno" (p. 113) y, por lo tanto, si bien tienen actitudes marginales, manifiestan una racionalidad cínica que no cuestiona el medio en que viven. En tal sentido difieren radicalmente de Zavalita, personaje de Conversación en la Catedral, quien se preguntaba de modo insistente: "¿En qué momento se había jodido el Perú?" El fuego de la literatura es un texto que merece ser leído porque resulta siendo una invitación a la lectura de obras fundamentales en el contexto de la tradición literaria peruana. Se trata de un libro miscelánico, por lo tanto, trasunta solo algunas pinceladas, pero que incitan la curiosidad del lector, quien se ve persuadido a releer a ciertos autores imprescindibles como Julio Ramón Ribeyro, José María Arguedas y Manuel González Prada.



*La parte concerniente a la traducción está centrada en el análisis de mi versión al castellano de
Poemas de Paul Éluard (3ra. edición). Como es obvio, no soy la persona más indicada para comentar el mencionado artículo.

domingo, marzo 04, 2012

La modernidad según Raúl Bueno


Profesor universitario, poeta, ensayista y discípulo de Antonio Cornejo Polar, Raúl Bueno (Arequipa, 1944) es uno de los investigadores literarios peruanos más importantes de la actualidad y ha sido recientemente galardonado con el Premio Ezequiel Martínez Estrada por la Casa de las Américas. La actividad teórica y crítica de Bueno se puede dividir en dos períodos. El primero abarca dos libros: Metodología del análisis semiótico (1980, en colaboración con Desiderio Blanco) y Poesía hispanoamericana de vanguardia. Procedimientos de interpretación textual (1985), allí se observa la predilección por la semiótica de la significación de J.A. Greimas y el consiguiente alejamiento de las perspectivas sociológicas. La segunda comprende Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literarias (1991), Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana (2004), Las falacias de las metáforas de la cultura en la literatura latinoamericana (2010), y donde se observa un interés por insertarse en la tradición inaugurada por estudiosos como Ángel Rama y Antonio Cornejo Polar, respecto de la ciudad letrada, la transculturación y la heterogeneidad como rasgos fundamentales de la tradición (o mejor, tradiciones) literaria latinoamericana.
El último libro de Bueno, Promesa y descontento de la modernidad (Lima: Universidad Ricardo Palma, 2010, 253 pp.), toma como punto la "ciudad letrada", propuesta por Rama, considerada como un sistema complejo muy jerarquizado de elementos, donde hay una élite y sus discursos; pero también existe un poder centralizado que subordina a otros sectores en el vasto panorama de las sociedades latinoamericanas. En abierto conflicto con ella, tenemos la "ciudad oral", formada por sectores marginales, muchos de los cuales no han tenido acceso a la escritura o han sido expoliados por el poder hegemónico. Asimismo, hay la presencia de la "ciudad sumergida" (término tomado de Alberto Flores Galindo) que se manifiesta en la urbe colonial y que actúa hasta el presente: "constituida por una subespecie ciudadana caracterizada por la marginalidad, la carencia y, aun, la legalidad" (p. 217). Un cuarto tipo es la "ciudad rechazada", constituida por lo sectores más marginales de la "ciudad sumergida", que, como su nombre lo indica, son expulsados hacia los márgenes, tal como se puede observar en algunos cuentos como "Al pie del acantilado" de Julio Ramón Ribeyro. Una quinta clase es la "ciudad migrante", que ha sido desplazada desde el campo a la urbe, "pero también la desplazada de las habitaciones decorosas a los 'intersticios' urbanos" (p. 217). Un sexto tipo es la "ciudad alternativa" que se da a conocer en los nuevos espacios --los llamados "pueblos jóvenes"-- y que construye un desarrollo urbano específico haciendo frente a lo embates del discurso del poder hegemónico.
Bueno distingue la noción de "heterogeneidad" (Cornejo Polar) de la de "transculturación (Rama). La primera hace referencia a la diversidad de índole cultural y social, producto de determinados conflictos históricos, y a la manera como los discursos revelan dicha diversidad. La segunda alude a la plasticidad cultural en zonas de contacto y ello implica una negociación porque se pierden algunos elementos de la propia tradición cultural (la indígena) y se asimilan componentes de la cultura invasora (la occidental), hecho que se manifiesta en un proceso de neoculturación.
Sobre la base de esa óptica, Bueno pasa a revisar los conceptos de "modernidad" y "postmodernidad", y la manera como debieran ser concebidos desde Latinoamérica, el lugar de "acá" distinto del espacio de "allá" (Europa): "La nuestra es, pues, una modernidad sumergida o de patio trasero, suerte de submodernidad (deficitaria) o de inframodernidad (necesaria para la modernidad de etiqueta) (p. 51)". Por ejemplo, en el Perú, la modernidad es precaria, pues allí se observa el funcionamiento de estructuras feudales premodernas y, además, la marginación de sectores que no pueden acceder a los beneficios de la división de poderes y de la libertad individual. En Latinoamérica tenemos, según Bueno, el funcionamiento de "premodernidades y submodernidades en los predios de la propia modernidad central, y la presencia de pseudomodernidades, o modernidades de élite, en el escenario natural de la submodernidad" (p. 51). En tal sentido, hay sectores que propugnan una modernidad de élite (que se sustenta en el racismo y el etnocentrismo) porque evidencian una falta de identificación con el rostro pluricultural del Perú y privilegian la vulnerabilidad cultural, es decir, la pérdida de las raíces de la identidad nacional.
Bueno insiste en la necesidad de construir una sistema teórico propio que, no obstante, asimile creativamente los aportes de la teoría literaria occidental. Pone de relieve la noción de "injerto" de José Martí: "injertemos el mundo en nuestra repúblicas" -afirmaba el autor de Nuestra América; o el concepto de "antropofagia" del escritor brasileño Oswald de Andrade, quien concebía que, nosotros los latinoamericanos, devoramos --como antropófagos-- la cultura occidental (y no solo la occidental) para crear productos literarios y artísticos nuevos.
Resulta relevante cómo Bueno habla de los estudios culturales desde una óptica latinoamericana y la construcción de una modernidad alternativa y periférica, distinta de la hegemónica, y que dé cabida a las distintas culturas que habitan en América Latina. Para Bueno, tenemos una tradición propia de estudios culturales, cuyos antecedentes están en autores como el Inca Garcilaso de la Vega o Felipe Guamán Poma de Ayala, Manuel González Prada, Ricardo Palma, José Martí, José Carlos Mariátegui, José María Arguedas, entre otros. "Esa es nuestra tradición (...) y no podemos escamotearla, ni adornarla, sino asumirla con franca honestidad, sin tapujos ni salvaguardas, para discutirla y superarla" (p. 119).
Promesa y descontento de la modernidad es un libro notable. Se trata de un texto imprescindible para aproximarnos al estudio transdisciplinario de nuestra literatura y a la reflexión sobre cómo la modernidad se vivió (y aún se vive) en estas tierras. Bueno confirma una vez más que es uno de los investigadores latinoamericanos de mayor trascendencia en este crucial momento, donde cegados por la globalización cultural, a veces olvidamos nuestras raíces y dejamos que la marea nos arrastre de modo incontenible.