sábado, diciembre 31, 2011

Un nuevo libro sobre la poesía de Arguedas


Sin duda, José María Arguedas (1911-1969) es una de la figuras capitales de la narrativa latinoamericana. Identificado plenamente con el mundo andino, pergeñó, en español, sus textos en prosa; escribió, en quechua, su poesía. A ello hay que agregar su profusa labor como antropólogo y traductor de textos centrales como Dioses y hombres de Huarochirí. Investigadores como Martín Lienhard, Antonio Cornejo Polar, William Rowe, Ángel Rama, entre otros, han dado a conocer textos imprescindibles sobre la obra del gran escritor andahualyno. Ahora un nuevo libro se suma al prontuario de la producción bibliográfica sobre el célebre autor de Los ríos profundos: José María Arguedas... Urpi, fieru, quri, sonqoyky, de Mauro Mamani Macedo (Lima: Ediciones Copé, 2011. 176 pp.), texto con el cual este último obtuvo merecidamente el Premio Internacional de Ensayo Copé 2010, otorgado por PetroPerú.
Mamani, profesor de la Universidad de San Marcos e investigador especializado en el mundo andino, toma como punto de partida la infernal lucha con el idioma que tuvo que enfrentar Arguedas para traducir una cosmovisión andina. En la poesía arguediana se dan tres conflictos que se pueden enunciar así: 1) La difícil elección del quechua como lengua para escribir poesía, 2) Decisión de qué tipo de quechua utilizar y 3) Cómo traducir dichos poemas al español. Para Arguedas, el quechua superaba al castellano en lo que concierne a la expresión de los sentimientos.
Posteriormente, Mamani precisa el corpus de la poesía arguediana. Hay que considerar, como él bien lo señala, que ya en la narrativa de Arguedas hay numerosos procedimientos (tropos y otras figuras literarias) que dan un aliento poético a esta última. Américo Ferrari señala que es muy difícil diferenciar, con absoluta precisión, las fronteras entre la narrativa y la poesía al interior de la obra arguediana. En tal sentido, Los ríos profundos tiene un hálito lírico indiscutible; por otro lado, algunos poemas del escritor andahualyno poseen una cierta narratividad que le dan un tono épico imponente.
Mamani hace una escisión al interior del corpus: textos incluidos en Katatay y otros poemas (1972), y aquellos no insertos en dicha compilación. Manuel Larrú, experto en literatura quechua, plantea un esquema de producción de la obra arguediana que consta de tres momentos: 1)La identificación con el universo andino, 2) El encuentro con el otro, donde se observan dos visiones del mundo (la occidental y la andina) y 3) La transformación que implica reconocer cómo el proceso migratorio hace que el hombre andino se inserte, con raíces propias, en la costa.
En lo que concierne a los poemas no reunidos en Katatay..., Mamani aborda algunos textos que están en la novela Todas las sangres como "Oye, Gertrudis" ("Yau, Gertrudis") y "No has de olvidarte, hijo mío" ("Ama k'onk'aychu, churiy"). Asimismo, analiza un poema escrito y entregado a Francisco Miró Quesada C. que será publicado en El Dominical de El Comercio en 2008. El texto termina con la expresión: "Urpi, fieru, quri, sonqoyky" ("Tu corazón es de fierro, de oro, de paloma").
En lo que respecta a los poemas compilados en Katatay..., el investigador desarrolla la noción de amaru social, el dios serpiente que implica el retorno de Inkarrí. Asimismo, pone de relieve la naturalización de la máquina en "Oda al Jet", la danza del hombre y la naturaleza en "Katatay", y la oposición entre la ciudad letrada y el mundo andino, entre otras características.
El libro de Mauro Mamani está sólidamente estructurado y enfoca un aspecto no tan explorado de la obra arguediana: la poesía en quechua. Hecho que lleva a preguntarnos cómo el genial autor de Yawar fiesta configura un universo inagotable y retrata, así, el rostro pluricultural y multiforme del Perú.

sábado, diciembre 17, 2011

Nicanor Parra, Premio Cervantes


El poeta chileno Nicanor Parra (San Fabián de Alico, 1914) acaba de obtener, muy merecidamente por cierto, el Premio Cervantes. La propuesta de Parra se desarrolla en tres períodos. El primero es el de los inicios que se manifiesta en su primer libro: Cancionero sin nombre (1937), que obtuvo el Premio Municipal de Poesía, y en cuyos poemas se observa el influjo de Federico García Lorca. El segundo período significa el predominio de la estética del antipoema que abarca desde Poemas y antipoemas (1954) hasta Obra gruesa (1969) y Los profesores (1971), donde predomina un discurso desmitificador de las instituciones de la cultura oficial a través de un verso coloquial, directo y que rehúye el empleo de la metáfora simbolista. La tercera etapa es la de la madurez y va desde Artefactos (1972) hasta los últimos textos de Parra; en este caso, se busca un estilo epigramático poniendo de relieve, sobre todo en los ecopoemas, una crítica de cómo la racionalidad instrumental destruye la ecología del planeta. Leamos este "Autorretrato", uno de los grandes poemas de Parra:

Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
Que envejecieron sin arte ni parte.
En materia de ojos, a tres metros
No reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? -¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.

Y todo ¡para qué!

Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.

¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces

Veo formas extrañas en el aire,

Oigo carreras locas,

Risas, conversaciones criminales.

Observad estas manos

Y estas mejillas blancas de cadáver,

Estos escasos pelos que me quedan.

¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,

Joven, lleno de bellos ideales
Soñé fundiendo el cobre

Y limando las caras del diamante:

Aquí me tienen hoy

Detrás de este mesón inconfortable

Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.

De Poemas y antipoemas (1954)

lunes, diciembre 12, 2011

Una reseña de Paul Guillén



Paul Guillén, poeta e investigador especializado en lírica peruana, ha dado a conocer una reseña sobre mi libro Casa, cuerpo. La poesía de Blanca Varela frente al espejo. Ver aquí.

lunes, diciembre 05, 2011

Nueva revista: "Fiat lux"


La revista Fiat lux, impulsada por un grupo de estudiantes de la Universidad de San Marcos, acaba de ver la luz. La directora es Philarine Villanueva Ccahuana. El subtítulo de aquella es digno de mención: "Revista crítica de poesía peruana". Se trata, pues, de una publicación especializada en el estudio de la lírica del Perú. En este primer número se rinde homenaje a dos grandes figuras de nuestra literatura: Emilio Adolfo Westphalen y José María Eguren. Destacan, en particular, artículos con los más diversos enfoques, además de ciertas entrevistas, donde, a través de una perspectiva dialógica, se busca aclarar el panorama. En una conversación con Hildebrando Pérez, este último afirma que la generación del 900 no comprendió la obra de Eguren y que los personajes del poeta barranquino son ficcionales en contraste con los personajes históricos que pululan en el mundo representado por la poesía de José Santos Chocano: "la revista Amauta le rinde homenaje, era Eguren quien saltaba a la palestra hasta que viene el aguafiestas: César Vallejo" (p. 15). En lo que concierne a los ensayos acerca de la poesía egureniana, tenemos el Óscar Coello, quien provisto de las propuestas de Rafael de Balbín, analiza el ritmo de "Los reyes rojos". Por su parte, Jim Anchante vincula Motivos estéticos con "La Walkyria" a partir de la noción de símbolo poético y de la idea de danza de la muerte medieval (sugerida ya por Gema Areta, investigadora española especializada en Eguren). En lo que respecta a los estudios sobre la lírica de Westphalen, tenemos un trabajo de mi autoría donde analizo "Libre", poema de Belleza de una espada clavada en la lengua. Asimismo, hay una lectura semiótica muy valiosa de Marcos Mondoñedo acerca de la presencia femenina en un poema de Ha vuelto a la diosa ambarina: el investigador sanmarquino distingue: "el pie ancho, pequeño y sucio por un lado y, por el otro, los pies de las musas universales, por ejemplo, el pie de la Garbo" (p. 72), de ese modo, Westphalen cuestiona la pureza de las ninfas que implica una "disolución de la lujuria" (p. 74). La revista termina con una entrevista al poeta Marco Martos, quien recuerda cómo José Miguel Oviedo afirmó alguna vez "Martos escribe mal excelentes poemas", expresión que hizo reflexionar al autor de Casa nuestra y tomar muy en serio el oficio de la palabra.
Fiat lux es una revista que merece ser leída porque incentiva la discusión sobre el gran género de la literatura peruana: la lírica

jueves, noviembre 24, 2011

Rodolfo Hinostroza en la Facultad de Letras de la UNMSM


El día miércoles 30 de noviembre, a las 8:00 p.m., se presentará el poeta Rodolfo Hinostroza para ofrecer un recital en el aula 2B de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Hinostroza es uno de los grandes poetas de la llamada generación del sesenta y autor de poemarios clásicos como Consejero del lobo (1965) y Contra Natura (1971), libro que cumple cuarenta años de haber visto la luz y que obtuvo el célebre Premio Maldoror. El mencionado recital será en el marco del curso Poesía Hispanoamericana Contemporánea que dicto en la Universidad de San Marcos.

martes, octubre 25, 2011

Otra vez Julio Ramón Ribeyro


Hay escritores que se leen con verdadera fruición porque son maestros en el arte del relato. Un caso indiscutible es el de Julio Ramón Ribeyro: cuentos como "Los gallinazos sin plumas", "Silvio en el Rosedal" o "Al pie del acantilado" son considerados textos clásicos de la cuentística latinoamericana. Por eso, celebramos la aparición de Ribeyro: el arte de narrar y el placer de leer (Lima: Universidad de Lima, 2010) de Antonio González Montes, quien es catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la de Lima, y ha entregado a la imprenta valiosos manuales de interpretación de textos y de semiótica literaria, además de un interesante libro sobre la narrativa de César Vallejo: Escalas hacia la modernización narrativa (2003). González, desde una perspectiva narratológica, define términos como el "cuento literario", la "focalización" (el punto de vista) y precisa los distintos tipos de narrador. Posteriormente, procede a realizar una descripción y análisis minuciosos de tres volúmenes esenciales de Ribeyro: Los gallinazos sin plumas (1955), Cuentos de circunstancias (1958) y Las botellas y los hombres (1964). El investigador va, relato por relato, abordando el empleo de técnicas narrativas (como la pausa y la escena) y el funcionamiento de los personajes sobre la base de un recorrido de las acciones de cada cuento. González estudia el narrador autodiegético (o personaje central) que relata sus propias experiencias, el heterodiegético (u omnisciente, vale decir, que no es un personaje) y el homodiegético (o testigo, es decir, que no tiene el rol protagónico en la historia). Estas categorías han sido tomadas de Gérard Genette y sirven para iluminar el estudio del universo representado en la cuentística de Ribeyro.
El libro de González es muy didáctico y claro, y evidencia un buen manejo de la prosa; sin embargo, quizá manifiesta una predilección excesiva por el modelo de la narratología de Genette, cuando, en realidad, es más sugestivo el empleo de varios métodos que enriquezca más la lectura plural y abierta de un texto literario. Al margen de ello, Ribeyro: el arte de narrar... es un volumen que realiza una notable disección del fascinante mundo del gran autor de "Alienación".

domingo, septiembre 25, 2011

Un notable libro de crítica literaria


La narrativa peruana ha sido calificada, con suma frecuencia, de realista. Autores, como Mario Vargas Llosa, forman parte del realismo urbano. Sin embargo, hay otra tendencia que ha sido dejada en el olvido: el cuento y la novela de índole fantástica. Elton Honores (Lima, 1976), profesor de la Universidad San Ignacio de Loyola, en Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana (Lima: Cuerpo de la Metáfora, 2010) decide emprender el abordaje de esta última sobre la base de una minuciosa reconstrucción de las fuentes bibliográficas. Honores analiza cómo la crítica literaria ha dado cuenta de esta corriente de la narrativa y pone énfasis en los intentos de clasificación del cuento fantástico que han realizado investigadores como Mario Castro Arenas y Miguel Gutiérrez. En el segundo capítulo, se indaga por las fuentes primarias desde 1950 hasta 1959 a partir de un minucioso trabajo con los diarios y revistas de la época. Se revisa, de modo meticuloso, El comercio, La prensa, Mercurio peruano, Cultura peruana, Letras peruanas, entre otras publicaciones periódicas.
En el tercer capítulo, Honores asedia el cuento fantástico en la llamada generación del cincuenta. Se detiene en la cuentística de Luis Loayza, Luis Felipe Angell (más conocido como Sofocleto), Edgardo Rivera Martínez y Alfredo Castellanos. Sin duda, uno de los méritos indiscutible de Mundos imposibles... es la revaloración de la obra de Castellanos, un autor hoy olvidado, pero que cuenta con relatos muy interesantes y originales.
En el cuarto capítulo se analizan los elementos temáticos (el doble, el bestiario, por ejemplo), estructurales (la intertextualidad, la estructura abierta, verbigracia) e ideológicos (la actitud desmitificadora del sujeto, entre otras características). Resulta destacable cómo Honores argumenta que el cuento fantástico realiza una crítica de la modernización en el Perú y de qué manera aquel asume un punto de vista político al trabajar con símbolos y alegorías que no son empleados de manera ingenua, sino como una orquestación metafórica que cuestiona ciertos procesos modernizadores que se desarrollaron en nuestro país.
Mundos imposibles... es un libro notable. No impone un método de manera dogmática ni se pierde en meros disfraces terminológicos. Hay una buena prosa, flexibilidad metodológica, rigor teórico, excelente trabajo metacrítico y una reconstrucción fidedigna de las fuentes primarias y secundarias. Se trata de un ensayo fundacional sobre un tema muy poco abordado y que da a conocer a un crítico de valía. Esperemos que Elton Honores continúe en la senda de la investigación literaria. Ojalá que el siguiente libro confirme nuestras expectativas.

lunes, agosto 15, 2011

Emily/ Alexander Campos Soto


Mientes, con el corazón en la mano, siempre mientes.

Mientes, sin pronunciar una sola palabra, siempre mientes.

Te quitas el abrigo y te sientes pleno, con el estómago vacío pero satisfecho de no hacer nada. Luego procedes a ensayar un desgano mal dosificado con esa mueca de vicisitudes infranqueables que te regalaron los años malbaratados.

Un vetusto televisor blanco y negro encendido, una radio portátil en el suelo escupe noticias del espectáculo mientras recibe toda la fuerza del sol que, hostil e impenitente, se cuela por la ventana, y un juego de corbatas sucias colgando de la manija de la puerta. Todo lo miras con atención, mientras mientes: la almohada sobre tus piernas y tus codos sobre la almohada, el terno en una orilla de la cama y una toalla higiénica impecable percude el velador (¿de dónde la sacaste?, ¿dirás la verdad?, no, porque, ambos lo sabemos: tú, mientes). Un vaso de vidrio con agua mineral y dos pastillas para combatir la ansiedad descansan sobre una Biblia robada de un hotel de mormones que se crisparon al verte llegar borracho aquella noche que el editor se cagó en tu primer capítulo.

El espejo en el techo que pusiste agotando tus últimos billetes y soñando con parejas itinerantes, novias y putas, quizá alguna compañera de la Universidad o el resultado de un flirteo en los saunas que visitas los sábados por la tarde. Pero no hay nada, ese espejo sólo conoce tus pijamas de veterano solitario y tus calzoncillos níveos que cambias cada tres días. ¿Mentirás ahora que suena el teléfono y sabes que te pedirán, una vez más, que pagues la deuda que contrajiste al comprar el ajuar funerario que alquilas cada muerte de obispo? No, no mientes. No puedes mentir cuando caminas por la avenida Zarumilla y pasas por la tienda de Emily, intentas decirle algo y aceleras el paso, cobarde. ¿Qué es mentir para ti? Disfrutar de películas del cine mudo, hundir tostadas en un té frío y hurgar tus narices mientras repasas cómics que te sabes de memoria.

Hace tres horas que sigues pensando en lo mismo: qué hice para merecer esta vida, en dónde se quedaron atrapados mis sueños, por qué Emily me resulta tan inalcanzable, qué estará pensando mi madre de mí, por qué siempre termino haciéndome las mismas estúpidas preguntas.

Nada ayuda, todo es un infierno para ti, menos el manuscrito, garrapateado con correcciones y notas a pie de página, que reposa en una caja de cartón debajo de la cama, ¿verdad? El título provisional es parco y más obvio que tú falta de talante: EMILY. Sí, con mayúsculas. Once capítulos y un colofón con un final efectista: la plagias, la violas y luego te envenenas. ¿Te parece buena una novela tan poco original? Sí, respondes en silencio, pero no te creo porque tú siempre mientes. ¿Por qué dejarla viva después de haberla vejado durante meses? ¿Vale la pena vivir luego de ser ultrajada por un onanista infecto que nunca conoció enamorada? ¿No sería mejor cumplir con las botas puestas con las penalidades de la cárcel? No, jamás. Un cobarde como tú no aguantaría 24 horas en la cárcel. ¿O sí? Mientes.

Ahora vuelves la mirada y detrás de ti, Emily descansa, duerme y un leve sudor ilumina su semblante y la hace más apetecible. ¿Lo harás? ¿Te atreverás? Dime cómo hiciste para que llegara a tu cama, ¿la drogaste o acaso le vendiste mentiras como sueles hacerlo con la gente te tiene la mala fortuna de prestarte atención?

Te acercas, puedes percibir su aliento, no quieres despertarla pero ya es demasiado tarde:

–¿Qué pasa? –te pregunta con un marcado desasosiego.

–Nada –respondes, mintiendo una vez más–. ¿Quieres leer mi novela?

–No lo sé –te dice tratando de comprender–. ¿Qué novela?

–Mi novela, la que se llama como tú: EMILY, con mayúsculas.

Ella no entiende y tú sabes que una y mil vidas no alcanzarán para entenderte:

–Tengo un mejor nombre, pero es un secreto que sólo puedo compartir contigo.

Te acercas, despacio, respiras sobre su oído. Preparas las palabras, tratando de no mentir, pues tiene que saber lo que ahora le espera:

–El ajuar funerario de Emily.


Alexander Campos Soto
Escritor peruano (Santa Cruz, Cajamarca, 1990). Ha publicado en el “Diario la costa” de Venezuela, en la revista “Letralia” y en los blogs de los críticos: Camilo Fernández Cozman (miembro de la Academia Peruana de la lengua) y de Gabriel Ruiz Ortega. Sigue estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad San Martin de Porres.


miércoles, agosto 10, 2011

El Chevrolet verdolaga/ Orlando Mazeyra Guillén*

"Si no duele, no vale"
A
lberto Fuguet

De un tiempo a esta parte tengo mucho apetito.

—Es la ansiedad —le aclara su madre—. Cuando uno está ansioso le aumenta el apetito. ¿Por qué no recoges la ropa de los cordeles para que te relajes un poco?

—Está bien.

—Pero no toda la ropa: deja oreando las medias y los calzones. Lo demás lo dejas en el cuarto de planchado.

El cuarto de planchado estaba en el último piso de la casa. Ahora, que no había sirvienta, esa pieza luce vacía.

Ezequiel lleva seis meses angustiado, buscando un nuevo trabajo y tratando de escribir sus memorias. El siquiatra le ha recetado un ineficaz antidepresivo con nombre de ópera de Verdi: Traviata. Toma una cápsula en las noches acompañada de un hipnótico que lo ayuda a dormir poco y mal.

Él, además, tiene muchas ganas de volver a beber, pues dos meses sin probar una sola cerveza le está resultando algo doloroso, insufrible, por eso le tiemblan las manos y las piernas y se pone a comer de una manera exagerada. Ezequiel es consciente de eso. Ha subido mucho de peso.

Se detiene en el último cordel: no le hizo caso a su madre (recogió también las medias y los calzones), sólo restan un par de polos y una camiseta de fútbol que él reconoce con un gesto no exento de júbilo. Escudriña el cordel con detenimiento, lo tensa jalándolo hacia abajo y luego hacia arriba.

—Está bueno como para matarse —concluye—. Aunque un poco complicado ahorcarse con un cordel. Debe haber formas más sencillas.

Recoge la ropa e ingresa al cuarto de planchado. La cama es vieja y cuando uno se echa hace un ruido extraño. «Esta cosa está a punto de caerse», piensa Ezequiel, «como mi vida. Sí, como yo: a punto de caer».

Esta reflexión, luego de unos minutos bañados en titubeos, lo lleva a la cornisa de la casa desde donde puede ver el auto verdolaga de su padre, aquél que él nunca pudo manejar por ser un alcohólico irredento.

—Tu papá no te da el auto porque bebes, ¿entiendes o no?

—No. No entiendo.

—¿Acaso tu hermano menor se emborracha como tú?

—No me importa.

—A ti no te importa nada: sólo te importas tú.

Son sólo cuatro pisos, sin embargo, si se deja caer de cabeza justo encima del automóvil Chevrolet quizá resulte. Sería una buena forma de poner fin a su vida, castigando de paso a su padre por su infinita mezquindad. Por no haberle enseñado a manejar, por no hacerlo parte de su vida. Por excluirlo de cosas a las que su hermano sí accedió. Todo lo que sucedía en el mundo le parecía un océano de injusticias. Un océano en el que deseaba hundirse de una vez por todas.

Está decidido. Lo hará. La pregunta es: ¿cuándo?

«Ahora mismo», se dice con firmeza, «si no lo hago ahora, no lo haré nunca». Regresa al cuarto de planchado y se pone la camiseta de su club de fútbol, despacio, se la calza y se siente con ánimos renovados como cuando jugaba pichanguitas en el parque del barrio.

Vuelve al filo del techo y mira al auto reluciente: «¡Perfecto! Mamá lo acaba de limpiar». Tendrá que impulsarse para caer justo en el medio. Espera destrozarlo, incrustarse en él. Mejor que mejor si logra posicionarse en el asiento del conductor.

Retrocede varios pasos para tomar vuelo. Embiste contra la nada y se lanza de cabeza. Antes de llegar al suelo siente cómo su nuca apenas roza el parachoques.

No llega a decepcionarse por esta venganza torpe y fallida, el tiempo sólo le alcanza para sentir cómo, allá arriba, el vigoroso viento de agosto estremece a los cordeles.

Ezequiel acaba de perder el conocimiento: ya no hay más ansiedad… ni tampoco ropa tendida.


Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980). Con su primera obra, Todo comenzó en la universidad, ganó el Primer Premio Nacional Universitario Nicanor de la Fuente, organizado por la Universidad Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque y fallado por Oswaldo Reynoso y Óscar Colchado. Posteriormente recibió el subsidio del Proyecto NAE (Nuevos Autores en Español) de la editorial Libros en Red de Buenos Aires y publicó ahí su primer título. Ha publicado los libros de cuentos Urgente: necesito un retazo de felicidad (Bizarro Ediciones, 2007) y La prosperidad reclusa (Cascahuesos Editores, 2009). Blog de su obra: http://laprosperidadreclusa.blogspot.com/