domingo, mayo 30, 2010

LOS CUENTOS DE ORLANDO MAZEYRA


El cuento gana por knockout; la novela, por puntos. Aquel recuerda la perfección estilística de un poema; esta permite un mayor desarrollo de la sutil trama narrativa. Que este breve introito nos permita comentar un buen libro de relatos: me refiero a La prosperidad reclusa (Lima: Cascahuesos, 2009) de Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) , quien ya había publicado Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007). El escritor arequipeño intenta aproximarse al relato corto. Por ejemplo, "Vacíos" tiene solo dos párrafos y explora la analogía barroca de teatro y vida. Esta última es concebida como un escenario teatral que desemboca en el exceso y el delirio. En "Tras la puerta" (uno de los textos más notables), el narrador personaje explora el tema de la locura en una atmósfera familiar donde anida la falta de comunicación y triunfa el prejuicio: hay temas vetados como la esquizofrenia. En "La dulce espera" se explora el carácter heterogéneo del yo: "Todos eran yo. Todos eran un poco de mí, una partícula de mis entrañas" (p. 15); se trata de una meditación sobre la escritura que nos recuerdo el "Yo es otro" de Arthur Rimbaud. En "Faquir y la equilibrista" se relata una anécdota impregnada de erotismo que conduce a una extraña costumbre andaluza: el protagonista pone clavos, diariamente, en su recámara por las noches "para espantar a la muerte" (p. 39).
Quisiera destacar dos aspectos en los cuentos de Mazeyra: la caracterización psicológica de los personajes y el manejo de la trama narrativa. El autor arequipeño sabe delinear los contornos de la personalidad de los protagonistas de cada historia; además, hace que el lector mantenga el interés por el desarrollo de los sucesos. Mención especial merece la musicalidad de la prosa que evidencia un trabajo de relojería con el lenguaje. En fin, un libro que merece ser leído con atención y que augura un estilo personal en el concierto de la narrativa peruana contemporánea.

lunes, mayo 17, 2010

LAS ACTAS DEL COLOQUIO INTERNACIONAL SOBRE EL INCA GARCILASO DE LA VEGA


El año pasado se cumplieron cuatro centurias de la publicación de la primera parte de Comentarios reales (1609) del Inca Garcilaso de la Vega. Cusqueño universal, fino traductor, hablante nativo del quechua y prosista excepcional de matriz renacentista, Garcilaso es (y será) un nombre imprescindible en las letras peruanas. La Academia Peruana de la Lengua y la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad San Martín de Porres organizaron, en 2009, un congreso internacional cuyo título no deja de ser sugestivo: Las palabras de Garcilaso. Porque si algo dominó el hijo de Chimpu Ocllo y de un capitán español, fue el intrincado arte del lenguaje y lo domesticó con inigualable maestría.

Ahora tengo, entre las manos, las Actas del Congreso Internacional "Las Palabras de Garcilaso" (APL y USMP, 2010), donde se consignan las ponencias que se presentaron en aquel coloquio que congregó a expertos de la talla de Rodolfo Cerrón-Palomino, Raquel Chang-Rodríguez, Miguel Maticorena, Juan Ossio, Luis Millones, entre otros.

La lectura de este volumen de más de quinientas páginas da la sensación de que la obra del cronista mestizo sigue motivando reflexiones de la más variada índole. Hay lecturas filosóficas (como la de José Ignacio López Soria), antropológicas (como la de Millones), filológicas (Cerrón-Palomino, verbigracia), históricas (Miguel Maticorena) e interpretaciones a partir de la teoría de género (Sara Beatriz Guardia), de la traductología (Luis Jaime Cisneros), del Derecho (Rosa Carrasco) y de la política (Mercedes Serna). La lista es casi infinita y evidencia como la crónica del Inca Garcilaso puede ser entendida como una obra abierta que posibilita innumerables exégesis.

Cerrón Palomino investiga una redondilla que aparece en Comentarios reales: "Al cantico/ Dormirás/ Media noche/ Yo vendré" y pone de relieve cómo las ediciones posteriores han privilegiado equivocadamente "cántico" en vez de "cantico" (borde, extremidad o punta). Este yerro ha llegado a las traducciones al inglés ("to this my song") o al francés ("au chant").

Luis Jaime Cisneros asedia la labor de traductor que cumplió, con tanto brillo, Garcilaso e indaga la influencia de Vives en el humanismo renacentista en el mal llamado Nuevo Mundo. La traducción de Diálogos del amor de León Hebreo muestra que Garcilaso quería ser "considerado también dentro de la sociedad culta que tiene en menosprecio al indígena" (p. 107).

Miguel Maticorena, en un sesudo estudio, informa que él encontró el manuscrito dictado por Gonzalo Silvestre, quien estuvo en el Perú, luchó en la Guerra de las Salinas y bregó contra Diego de Almagro en 1538. El historiador sanmarquino demuestra que Garcilaso reelaboró la historia en La Florida del Inca agregando centenares de páginas y revelando una capacidad de fabular verdaderamente extraordinaria.

Hay muchas ponencias sumamente interesantes. Ello manifiesta que la obra del Inca Garcilaso, nuestro primer mestizo, está viva y se erige en uno de los pilares más sólidos de la construcción de la nacionalidad en el Perú.

sábado, mayo 01, 2010

EL APORTE DE MANUEL PANTIGOSO PECERO


Empleado con mesura, el método, basado en la teoría de las generaciones, puede ser útil para el estudio de la literatura peruana. Así tenemos la generación del 900 (representada por José de la Riva Agüero, los hermanos García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, entre otros); la del 19 (también denominada del 21 o del Centenario), constituida por César Vallejo, Antenor Orrego, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre y otros escritores e intelectuales de la época; y la generación de la crisis 1930-1936, formada por autores como Emilio Adolfo Westphalen, César Moro o Emilio Armaza.

Poeta, profesor universitario e investigador, Manuel Pantigoso Pecero (Lima, 1936) acaba de publicar
Estuardo Núñez y la generación de la crisis (nexos con la vanguardia) (Lima: Hozlo, 2010), tres volúmenes donde aborda el análisis de la denominada generación de la Crisis 1930-1936. La obra se halla dividida en cinco partes. En la primera, Pantigoso se detiene en el pensamiento de Estuardo Núñez, quien es considerado, con justicia, el fundador de la crítica literaria contemporánea en el Perú por el aporte que significaron dos ensayos esenciales: La poesía de Eguren (1932), la primera investigación rigurosa sobre el poeta de Simbólicas, y Panorama actual de la poesía contemporánea en el Perú (1938), donde se califica a Vallejo como poeta expresionista, además de asediar la vertiente purista, el expresionismo nativista y el impresionismo poético. A ello hay que agregar el estudio concienzudo que el ilustre investigador ha realizado de la literatura de viajes.
En la segunda parte, Pantigoso hace una hermenéutica de la obra de los maestros de la generación de la crisis, aquellos que supieron preparar el camino para el desarrollo y expansión de esta última. El investigador calibra el magisterio de José María Eguren, Abraham Valdelomar, Gamaliel Churata, José Carlos Mariátegui, entre otros, y su influjo ostensible en los escritores de la generación de la crisis. En la tercera, se asedia la obra de estos últimos y se realiza una separación en dos vertientes: los vanguardistas esenciales y el vanguardismo puneño, parte donde también se desarrolla el aporte de los hermanos Bolaño en Huancavelica.
En la cuarta se intenta dar un panorama general de la generación de la crisis precisando tendencias como la surrealista-simbolista (donde se sitúan Xavier Abril, Martín Adán, Enrique Peña Barrenechea, César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, etc.) y la vertiente indígena (representada por Emilio Armaza, Mario Florián, José Varallanos, etc.)
En la quinta se realiza una antología de los escritores de la generación de la crisis y se adjuntan algunas entrevistas como la realizada a César Miró, a Nicanor de la Fuente, Enrique Solari y Augusto Tamayo. La obra termina con una addenda donde se analizar el surgimiento del feminismo en las primeras décadas del siglo XX en el Perú.
No cabe duda de que el aporte de Pantigoso es muy valioso. No es mi propósito minusvalorar el enorme esfuerzo que ha significado pensar y escribir estas casi mil páginas. Sin embargo, creo que, por momentos, el investigador se detiene, quizá en exceso, en la biografía de los autores y deja, un poco de lado, el estudio de la obra de estos últimos. En el segundo tomo se desarrollan las tendencias de la generación de la crisis, pero se dice que la narrativa, la crítica literaria, el teatro y la literatura infantil constituyen tendencias, cuando, en realidad, son géneros discursivos.
Estas observaciones no mellan, en lo mínimo, la trascendencia de
Estuardo Núñez y la Generación de la Crisis por la orientación interdisciplinaria, visión totalizante y óptica descentralista que presiden el mencionado libro. Necesitamos panoramas que superen el "monografismo" y den un gran fresco de la producción literaria peruana. El libro de Pantigoso advierte que nos estamos quedando, algo postrados, en el cultivo de análisis de autores específicos dejando de lado la elaboración de grandes panoramas de la literatura peruana. Tarea, sin duda, inaplazable para los tiempos venideros.