jueves, diciembre 16, 2010

"LA COMPAÑÍA DE JESÚS"/ ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN


"Dicen que hay
un mundo de tentaciones,
hay un mundo de caramelos
en forma de corazones...
Dicen que hay
"bueno", "malo",
dicen que hay "más o menos",
dicen que "hay algo que tener",
y no muchos tenemos"
Andrés Calamaro


«Si te animas, entonces ya sabes: ponte algo de color rojo que, sin ser aparatoso o fosforescente, resulte muy llamativo. Lo demás, es lo de menos». Así fue como, entre juego y juego, comenzó esta historia íntima que, a pesar de todo, todavía está por escribirse.
Al principio, Martín lo hacía por diversión o por algo que se le asemeje (quién sabe lo que oculta el alma de la gente). Luego, como que le gustó la idea de ir amasando dinero «caído de la generosidad de la noche», y, al poco tiempo de iniciado en esas lides, hasta se pudo comprar la magnífica moto Kawasaki que tanto le quitaba el sueño.
A veces los viernes, pero sobre todo los sábados por la noche, con la prenda roja de rigor –pantalones, chompas, bufandas, chalinas–, se apostaba en algún portal de la Plaza de Armas y, mientras chupaba un cigarrillo barato, buscaba con la mirada que algún auto «ficho» se detuviera.
«La mayoría son tías viudas, arrechas o insatisfechas», me había contado con lujo de detalles, y en más de una oportunidad, mientras compartíamos nuestras buenas jarras de cerveza al salir del instituto de informática: «otras, en cambio, sólo quieren que te la corras y termines en sus manos, pues dicen que el semen fresquito es maná para las arrugas. Las más avezadas te piden que lo hagas en su propio rostro. En serio, así sin asco: que eyacules de frente en sus caras. Eso ya depende de ti y de cuánto sean capaces de ofrecerte. Pero, siendo sinceros, hay pocas atractivas… Casi todas están matadas, entonces tienes que estimularte pensando en flacas ricas o, si quieres, pensando en tu propia flaca… para que puedas llegar, si no es por las puras».
–¿Y más o menos cuánto pagan? –empecé a indagar con fingido desinterés. –Eso es muy relativo, chino. Algunas de frente se mandan con cien lucas o más. Pero, si tienes una mala noche, te puedes encontrar con viejas tacañas que te ofrecen un chifita y sólo veinte mangos: ¡así de arrancadas son algunas! Pero, te repito, no todas quieren sexo. Hay señoras que sólo te tocan por encima, ni siquiera te la chupan, sólo se frotan contra ti, se calientan, te dicen palabrotas, y a cobrar, ¿no te parece facilazo? La noche es la mejor escuela. Es por eso que contándote estos pequeños detalles te estoy diciendo bien poco, o casi nada: en la cancha se ven los gallos. ¿No quieres intentar?
Yo estaba pasando por apuros económicos. No tenía cómo pagar el alquiler del cuarto y acababa de abandonar el instituto («abandonar» es un eufemismo, me habían echado por mi paupérrimo rendimiento académico).
Cuando vi a mi amigo estrenando la moto, pensé que yo también tenía derecho a acceder a esos pequeños lujos que, poco a poco, se fueron incrementando: –Pero, Martín… ¿No hay lugares más caletas que la Plaza de Armas? Ahí te encuentras con cualquiera. –Claro, hay full points en toda la ciudad, gil. Por ejemplo, en la avenida Ejército, o en el Parque del Avión. Ya te dije, a veces el lugar es lo de menos, lo importante es la facha, la percha, loco. Una buena chompa roja y una cara de angelito te pueden sacar de misio en un dos por tres. –No sé –le decía vencido por ese temor que nos produce lo desconocido–. Como que… –Como que te faltan huevos: es normal, ¡yo pasé por lo mismo! Entre gitanos no nos vamos a leer las cartas.
Era cierto: mi necesidad era grande, pero me faltaba el coraje suficiente como para incursionar en lo que Martín llamaba el «mundillo de la noche arequipeña», aquel que le proveía de ingresos suficientes como para vestirse a la moda y empezar a vivir a cuerpo de rey.
* * *
Un fin de semana me embriagué en un bar de la avenida Venezuela. Como tenía ganas de seguirla, deambulé por las chinganas que hay en los alrededores de la UNSA en busca de algún amigo o conocido. No había nadie, puro rostro desconocido. Hacía mucho frío y no traía chompa. Crucé la avenidad Independencia y llegué a reconocer a algunos vendedores de pasta que se me acercaron deprisa. Aceleré la marcha, pasé por La Salle y al cruzar por Siglo XX noté que todos los puestos estaban cerrados. Al consultar mi reloj caí en la cuenta de que eran más de las once de la noche.
No sé qué me llevó a insistir en esa actitud errabunda que me arrastró hasta la esquina de la iglesia de La Compañía, con la Plaza de Armas. Ahí me detuve para descansar, pues me dolían los talones, síntoma inequívoco de mi vieja talalgia. Busqué un cigarrillo en mis bolsillos y no encontré nada más que dos monedas de veinte céntimos. Me sentí el hombre más misio del mundo.
«La Compañía de Jesús», pensé mirando la fachada de la iglesia y recordando aquella fe perdida de punta descalabros y desazones: «nada me puede pasar, estoy en compañía de Jesús».
En ese preciso instante, sentí que, detrás de mí, un auto se detenía. Al voltear noté que era un moderno Toyota Yaris de lunas polarizadas. Ahí fue cuando descubrí que el polo que traía puesto era del bendito color que hacía las delicias de mi amigo Martín, es decir, rojo: el mismo que me había regalado mi viejita el día de mi cumpleaños: «Este color te sienta muy bien, hijito».
La ventana del asiento del conductor fue descendiendo despacio y, poco a poco, logré reconocer el perfil de un tipo que frisaba los sesenta años. –Te ofrezco 50 soles por veinte minutos, algo rápido porque no tengo mucho tiempo –me dijo mirándome el polo–. ¿Te parece bien o cómo hacemos? ­–Perdón, señor –repuse, atolondrado, tratando de asimilar su propuesta–. No lo escuché bien: ¿qué me dijo?
Un flashback perentorio acudió en mi ayuda. Claro, ¡era Martín!, recordándomelo: «para ser un flete de veras, un flete con todas las de la ley, tienes que estar dispuesto a abrir tu mente. En otras palabras: jugar con las dos piernas, ¿captas o te lo paso a limpio? A veces son tíos, viejos arriolas que se plantan para que te los atores y con los que puedes sacar hasta un sueldo básico en una noche. No te estoy exagerando, esos son los más regalones. Mente abierta, loco, lo demás se arregla conversando, porque a veces lo que quieren es romperte el culo. Duele un poco, pero todo sea por las fichas». –Ah, entonces quieres más –agregó, imperturbable, y me señaló el asiento del copiloto–. Sube y arreglamos, ¿te parece?
Empecé diciendo que esta historia todavía está por escribirse porque estoy subiendo al coche. Sí, lo estoy haciendo con un temor atroz. ¿Que en qué pienso? En todo: en mi mamá, en mi novia, en Martín y en sus putos consejos.
Afloran algunas imágenes de Mystic River y pienso que el viejo que conduce este hermoso automóvil, luego de sodomizarme, me ahogará en el río Chili. Pero más que temerle al conductor o a la misma muerte, pienso en qué pasos debo dar para rehacer mi vida y no defraudar a mis padres: «Lo siento, señor», le digo angustiado: «No puedo hacerlo, nunca lo he hecho. Mejor me bajo». El asiente de buena gana, dibuja un vago gesto de decepción antes de frenar. Me señala la calle y, así, me da una nueva oportunidad. Quizá la última.
–La Compañía de Jesús –me digo a mí mismo y me juro que seguiré escribiendo historias cuando los motivos sean menos ingratos.
Una moto pasa por mi costado. Pero no es Martín. Él debe andar en otro lado.

sábado, noviembre 27, 2010

OSWALDO CHANOVE: POESÍA VS. CIENCIA

La poesía de Oswaldo Chanove (Arequipa, 1953) es de alta calidad. Entre sus poemarios, destacan nítidamente El héroe y su relación con la heroína (1983) y Estudio sobre la acción y la pasión (1987). Su obra se ha caracterizado por la creación sugestiva de personajes y el tono narrativo, de manera que asimiló el coloquialismo de lengua inglesa con mesura y a través del tamiz de un estilo sumamente personal. Acaba de ver la luz Plexo solar (Arequipa: Aquelarre, 2010, 75 pp.). El proyecto es muy interesante: hacer dialogar la poesía con la ciencia. El libro remite a las "neuronas espejo", al ADN, la teoría de los constantes pasos en falso, la evolución del cerebro, entre otros tópicos que se vinculan con el desarrollo contemporáneo del discurso científico. Mediante el uso de los paréntesis, el locutor trata de establecer una distancia poética que le permita enjuiciar el aporte de la ciencia para contrastarlo con una realidad más cotidiana y descarnada.
El resultado, a todas luces, no guarda correlación con el ambicioso proyecto inicial. Como lector, percibo que la poesía pierde intensidad al estar, en este caso, algo subordinada al dato científico. Quizá faltó el empleo de la ironía o de la desmitificación para distanciarse del tono algo frío que predomina en los versos. Se percibe que Chanove está, en
Plexo solar, más pendiente de seguir la ilación del discurso de la ciencia y que deja de lado, por momentos, la posibilidad de conmover a sus receptores. No obstante, hay algunos poemas notables como "Heroicos esfuerzos (del espíritu)": "En las noches sin luna/ Podemos ver/ con la córnea/ Con el cristalino/ Con el globo ocular/ la retina (circunscrita al arcoiris) es un detector/ ¿Cuál es la naturaleza de las estrellas?/ ¿Son sus pieles radioactivas?/ ¿Hay algo (milagroso) en tanta nebulosa?" (p. 43). Aquí sí se observa cómo las metáforas dan vida a la reflexión anclada en el devenir de la ciencia.
Esperemos que en sus próximos libros, Chanove retome su nivel de poeta de fuste y nos entregue versos como los de
El héroe y su relación con la heroína, notable poemario de los años ochenta.

domingo, noviembre 21, 2010

UN NUEVO POEMARIO DE CARLOS LÓPEZ DEGREGORI


La obra poética de Carlos López Degregori (Lima, 1952) se ha ido cimentando con el tiempo. Su incesante búsqueda de la palabra exacta, su asimilación de la poética simbolista de la sugerencia y de la imaginería heredera del surrealismo son un ostensible testimonio de cómo este poeta ha ido madurando, desde sus primeros libros, hasta llegar a una poesía de gran intensidad verbal, pero que no cae en el hermetismo (sinónimo, a veces, de retórica) y, además, evita el exceso prosaísta. Gran lector de los poetas de los años cincuenta y cultivador persistente del poema en prosa, López aún espera una lectura detenida de su poesía cuyo aporte a la lírica peruana contemporánea todavía no ha sido calibrado en su verdadera dimensión. La crítica literaria especializada tiene una deuda con él. No hay un solo libro íntegro que esté centrado en el estudio de esta escritura. Existen solo ensayos y aproximaciones de carácter fragmentario: nos falta una investigación que dé cuenta del recorrido cautivante de un poeta que ha pergeñado ya nueve libros y ello constituye la huella de una indesmayable fe en la palabra y de un pertinaz ejercicio del hacer literario.
Tengo en mi escritorio Una mesa en la espesura del bosque (Lima: Peisa, 2010). Acabo de releer el poemario. Lo leí por vez primera días después de la presentación del mismo que estuvo a cargo de Luis Chueca y Eduardo Chirinos. Debo confesar que sus palabras aún no han perdido, para mí, su frescura inicial. El texto atrapa al lector desde la primera página. Sospecho que es por un abanico de razones: una de ellas es la musicalidad de la palabra. Si algo no sacrifica López es el ritmo de su poesía que se sostiene a través de un puntilloso escandido de las líneas del poema y de una alternancia, muy bien pensada, entre el verso corto y el de largo aliento. El lector siente las pausas que han sido meditadas con minuciosidad y laborioso oficio. Otra razón es la difícil sencillez que se respira en Una mesa en la espesura...; diría que es una simplicidad engañosa, porque si uno indaga por el sentido del discurso poético, percibe que hay una complejidad, entre bambalinas, que asoma solo en la profundidad de los versos. Un tercer asunto digno de ser puesto de relieve es la madurez reflexiva (es decir, un largo camino vital) que se desprende de este poemario. Da la sensación de estar ante alguien que no solo ha vivido mucho, sino que ha meditado largamente sobre la problemática de la convivencia humana.
"Una barca de piedra" puede iluminar, un poco más, el panorama: "Soy un repetidor/ Todo lo que dices lo anoto con amorosa exactitud/ pesando cada hebra de sentido.// Cuando duermes hablo contigo lo que duermes./ Cuando gritas anticipo las palabras/ que no te atreves a pronunciar". Esta imagen del yo respecto del "tú" configura no solo una imagen de dos amantes que son el anverso y reverso de una sola moneda, sino la concepción de cómo el sujeto presagia lo que va a pronunciar, con temblorosos labios, el otro. Esa suerte de diálogo por anticipado transforma al poema en un elogio de la palabra del otro. El hecho de anotar los posibles vocablos del "tú" configura el espesor del deseo y su posicionamiento en el cosmos.
Uno de los poemas más sugestivos del libro es "Pulsos" que describe la escena de reposar apoyando la cabeza en una ventana de avión mientras que este se desplaza a 30000 pies. Me pregunto: ¿qué reflexión aflora en el yo en medio de la noche? La humanización del "ave nocturna", el fuselaje, las luces que se encienden y se apagan, abren paso a una honda reflexión sobre la fugacidad de la vida.
Metáforas que se imbrican una tras otra. Símiles que parecen inagotables. Tacto narrativo. Mesura, pero a la vez intensidad. Innumerables aciertos en este notable poemario de López Degregori.

domingo, noviembre 14, 2010

MARCO MARTOS EN GRIEGO


"La traducción es un puente entre dos culturas", dijo alguna vez Albert Bensoussan, traductor de Mario Vargas Llosa al francés. No es posible pensar en el mundo actual sin el papel que han cumplido y cumplen los traductores, aquello que navegan entre un idioma de origen y una lengua de llegada. El destacado poeta de la generación del sesenta, Marco Martos (Piura, 1942) acaba de publicar, en edición bilingüe (español-griego), su obra En las arenas de Homero (Lima: Academia Peruana de la Lengua, 2010). Se trata de poemas inspirados en el mundo helénico. Desfilan textos sobre Hesiodo, Teseo, Prometeo, Odiseo, Tales de Mileto, entre otros personajes. En "Los huesos de Odiseo" se afirma: "¿Están los huesos de Odiseo/ hechos polvo por el sol?", es decir, se recrea la imposibilidad de que Ulises regrese a Ítaca. En otro poema se evoca la figura de Pitágoras y se asocia la matemática con el fluir de la música. Heráclito, como filósofo, motiva al poeta dos textos: uno de ellos reflexiona sobre la famosa frase que se le atribuye ("Nadie se baña dos veces en el mismo río"); el otro evidencia las iras de Heráclito frente a Pitágoras, a quien el locutor califica de "abuelo de la charlatanería". Hay un intenso racimo de versos llamado "Fuego", donde se afirma: "La vida, un incendio/ que se apaga cuando quiere".
En las arenas de Homero no es el mejor libro de Martos, pues no llega a la capacidad sugestiva de Cuaderno de quejas y contentamientos, y Donde no se ama. En algunos momentos se siente que el dato cultural levanta mucho la voz y subordina, un tanto, la palabra poética. Fuera de esa objeción, se trata de un libro que merece ser leído con atención porque nos trae a la memoria el aliento épico de ese gigante de la literatura universal que se llamaba (¿habrá existido, realmente?) Homero.

domingo, noviembre 07, 2010

LAS PREGUNTAS DEL ORNITORRINCO


La entrevista a escritores implica una nueva forma de acercarse al universo imaginario que se configura en un poema o novela o cuento. A veces, la declaración de un poeta dicha a un periodista o crítico literario puede ser altamente significativa y trascender las fronteras del tiempo, tal es el caso de Stéphane Mallarmé, quien afirmó a Jules Huret, en 1891, que la poesía debía ser sinónimo de sugerencia y jamás nombrar los objetos de modo literal.
Ricardo Ayllón acaba de publicar
Las preguntas del ornitorrinco. Diálogos con la literatura peruana (Lima: Orem, 2010), donde da a conocer quince entrevistas realizadas a escritores como Oswaldo Reynoso, Óscar Colchado, Cronwell Jara, Juan Cristóbal, Maynor Freyre, Jorge Luis Roncal, Ricardo Virhuez, Enrique Rosas Paravicino, entre otros. Estos diálogos fueron publicados originalmente en una revista virtual llamada El ornitorrinco, de ahí surge el título del libro materia de esta nota. ¿Una característica de los autores entrevistados? La gran mayoría procede del interior del país: Reynoso, de Arequipa; Rosas, de Cusco, etc. En gran medida, el libro de Ayllón se convierte en un espacio para cuestionar el centralismo limeño y abrir una cantera para el profundo conocimiento de la literatura que se hace en otros lares distintos de "Lima, la horrible", frase con la que caracterizó a la tres veces coronada villa el gran poeta César Moro.
La mejor entrevista es la realizada al autor de
Los eunucos inmortales. Allí el escritor arequipeño cuenta cómo se sumergió en la lectura de autores como Rimbaud, Baudelaire y Rilke; además, relata su larga estancia en China y su comprensible dificultad de aprender el idioma chino en Pekín. Llega a decir: "Si yo hubiese querido escribir sobre las clases sociales, hubiera hecho un libro sobre sociología, pero lo que hice fue una novela. Lo que pasa es que hicieron esa interpretación de mi libro (En octubre no hay milagros) porque nuestra crítica literaria durante muchos años ha estado impregnada de un sociologismo desfavorable" (p. 99). Interesante observación porque Reynoso rescata el trabajo de filigrana con el lenguaje que se manifiesta en todo gran escritor. Actualmente, en la crítica literaria peruana, pareciera estar de moda olvidarse de la forma literaria y reducir el poema o cuento o novela a un mero repertorio de temas que se asocia con el acontecer político de una nación. Reynoso defiende los predios de la literatura: el perfeccionamiento de un estilo a lo largo de los años, mas no cae en la tentación formalista. El escritor puede representar, imaginariamente, el acontecer político, pero lo hace a través de un gran repertorio figurativo y simbólico que se respira en sus obras.
Óscar Colchado habla de
Cholito en los andes mágicos (1985) imaginando que su célebre personaje pudiera ser un dirigente que conduzca los destinos del Perú. Cronwell Jara alude al placer que le tributa tener a su cargo innumerables talleres de narrativa y cómo esa experiencia alimenta su experiencia como escritor. Juan Cristóbal evoca los tiempos en los que formó parte del importante grupo "Piélago" al lado de escritores de la talla de Gregorio Martínez y Juan Ojeda.
Las preguntas del ornitorrinco es un libro valioso por muchas razones. La más importante es porque permite entrar a los vericuetos más íntimos de la creación artística, a los grupos literarios, a las experiencias de las cuales se nutren algunos grandes escritores y a partir de las cuales construyen sus universos imaginarios.

jueves, octubre 07, 2010

PREMIO NOBEL PARA MARIO VARGAS LLOSA


La noticia llega desde Estocolmo. La Academia Sueca, por fin, decidió conferir al Premio Nobel de Literatura 2010 a Mario Vargas Llosa. Era el único premio que no se le había otorgado al autor de La fiesta del chivo. El escritor arequipeño tiene sobrados méritos para obtener el codiciado galardón. Quisiera destacar tres. El primero, la inigualable calidad de novelas como Conversación en la Catedral, La casa verde o La guerra del fin del mundo, sobre todo en lo que concierne al manejo magistral de las estructuras narrativas y al conocimiento profundo de las técnicas de la novela contemporánea. Gran lector de Flaubert y de la novelística estadounidense, supo asumir el credo realista poniendo de relieve la idea de que la novela es un arte total que abarca los distintos escenarios y situaciones: tiene algo de poesía, de drama y de relato épico. El escritor teje mentiras que iluminan metafóricamente el conocimiento de la realidad social y política de América Latina; por eso, siempre es un inconforme, un verdadero buitre que se nutre de una sociedad en crisis.
El segundo es que maneja el ensayo con invalorable destreza. Polemista a contracorriente, incendiario en el más ilustre sentido de la palabra, Vargas Llosa es un demócrata que defendió la cultura de la libertad sacrificando, incluso, intereses personales y asumiendo, si fuera necesario, el costo político de hacer una apología de la tolerancia y de la búsqueda de consenso en una sociedad como la peruana, donde es moneda común la corrupción y el arribismo como prácticas consuetudinarias.
El tercero es la disciplina y la constancia como fundamento del trabajo creativo. Vargas Llosa, desde muy joven, comprendió que la literatura no es un mero pasatiempo ni un deleznable juego de naipes, sino una actividad que compromete la totalidad de la existencia. El escritor no nace, sino que se hace en el diario transcurrir. No importan las musas, sino el cincelar la palabra día tras día. Por esas tres razones (hay muchas más, por cierto), hoy celebramos este Premio Nobel para un peruano universal.

lunes, octubre 04, 2010

LA LITERATURA FRENTE AL PREDOMINIO DE LO ECONÓMICO


Se trata de un evento organizado por la Universidad de Zurich y que se realizará el 25 de octubre del año en curso. En tiempos de globalización, es importante preguntarse de qué manera la literatura enfrenta el reto de modernizar su discurso cuestionando la reducción del hombre a la esfera de la economía. Participarán Etienne Barilier (Universidad de Lausana, Suiza), Marc Chesney (Universidad de Zurich), Remo Ceserani (Universidad de Bolonia) , Sonya Florey (Escuela de Altos Estudios de Pedagogía de Lausana) y Camilo Fernández Cozman (Universidad San Ignacio de Loyola, Universidad Nacional Mayor de San Marcos). Se trata de cinco ponencias, cada una de las cuales durará una hora. Posteriormente se realizará una discusión entre los conferencistas y el público asistente.
Disertaré acerca de cómo en la poesía de César Vallejo, Pablo Neruda, Nicanor Parra y Antonio Cisneros hay una crítica de la racionalidad moderna y una defensa de la creatividad del sujeto. El título de mi ponencia será “Cuatro poetas latinoamericanos y su crítica al predominio de lo económico en la modernidad”.

sábado, septiembre 18, 2010

DE VUELTA A LA LITERATURA ORAL


Una de las principales tendencias de la investigación literaria en Latinoamérica es el estudio de la literatura de tradición oral, es decir, aquella que remite directamente al imaginario popular y que no emplea la escritura como modo de producción textual. La reciente publicación de La literatura oral o la literatura de la tradición oral (Lima. Pakarina, 2010) de Gonzalo Espino se sitúa en el ámbito de la ampliación del corpus de nuestra tradición literaria, incorporando el análisis riguroso de textos obviados por la crítica hegemónica.

En el libro se enjuicia el canon literario hegemónico poniendo de relieve el aporte de autores como Adolfo Vienrich, Hildebrando Castro Pozo, Margarite D’Harcourt y Rouis Harcourt. En efecto, Espino cuestiona las ideas de la crítica dominante representada por José de la Riva Agüero que planteaba la reducción del corpu
s de nuestra producción literaria a la escrita en español; asimismo, desmitifica a José Carlos Mariátegui, quien, según el investigador sanmarquino, excluía a la literatura prehispánica afirmando que esta no llegó a la escritura.

En La literatura oral... se precisa cuatro características de esta creación literaria: el que cuenta narra la historia en representación de una colectividad; se elige un momento especial para contar oralmente, pues hay un acuerdo tácito entre el emisor y los receptores; se escoge un espacio determinado que implica una convención (léase, un "contrato") social entre destinador y destinatatarios; y "El texto oral exige una reciprocidad constante entre el que dice y el que escucha" (p. 38).


Ya Antonio Cornejo Pola había señalado que la literatura peruana era un polisistema constituido, a su vez, por tres sistemas: el de la literatura ilustrada en español; el de las literaturas populares en castellano y el de las literaturas aborígenes. De esa manera, realizaba una ampliación teórica del corpus de nuestra creación literaria. Espino, por su parte, intenta reconstruir la memoria colectiva que se desprende de los textos orales, poniendo de relieve el estudio de discursos fundacionales como el manuscrito de Huarochirí o el testimonio de Gregorio Condori Mamani. El investigador realiza su análisis con claridad expositiva y buena información bibliográfica; sin duda, estos textos "muestran la inagotable creatividad de las gentes que viven lejos de la urbe o en las márgenes de la misma. La literatura de la tradición oral continúa marcada por la memoria de los pueblos" (p. 53).

sábado, agosto 21, 2010

WESTPHALEN REVISITADO


Animador cultural, director de algunas revistas importantes (como Amaru y Las moradas), escritor de prosapia vanguardista, Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001) ejerció la poesía con brillo y sutileza. No fue un mero epígono de los surrealistas europeos ni se dejó cautivar por la simple enumeración de metáforas oníricas. Su obra es un ejemplo inobjetable de fe en la palabra poética y de fidelidad con el persistente trabajo estilístico: cada palabra en un poema de Westphalen ha sido rigurosamente meditada, no hay lugar allí para la improvisación ni para el gesto anárquico que descree del control racional y que se dispersa en la maraña de lugares comunes.

Mauro Marino (Ica, 1979) acaba de publicar
La intertextualidad en la poesía de Emilio Adolfo Westphalen (Lima: Universidad San Ignacio de Loyola, 2010), donde hace una lectura comparativa tratando de establecer lazos entre la obra del poeta, la lírica de Eguren y la novelística de Arguedas. El ensayo de Marino comienza con un balance de la crítica literaria que se ha aproximado al torrente de la poesía de Westphalen. El estudioso llega a plantear que se ha reconocido en esta última el funcionamiento de una profusa simbología, el fragmentarismo del yo lírico, el influjo del surrealismo y "la vacilación y el detenimiento para observar el transcurrir del tiempo" (p. 41). Dicha agenda problemática, identificada por el investigador, permite que este pueda enrumbar su perspectiva hermenéutica hacia sendas disímiles.

En el segundo capítulo, Marino examina la correlación entre el surrealismo europeo y la poesía de Westphalen buscando los rasgos específicos de la lírica surrealista latinoamericana. Westphalen asimila creativamente el llamado "pensamiento primitivo" alejándose del positivismo decimonónico, eleva a la mujer a niveles cosmogónicos y plantea la disolución de opuestos. Finalmente, en el último capítulo, el investigador centra su atención en el enfoque intertextual observando la oposición sueño/vigilia y la musica tanto en la poesía de Eguren como en la de Westphalen. Asimismo, compara la imagen del río de la sección de poemas "El niño del río" con la que se desarrolla en
Los ríos profundos de Arguedas, trazando diferencias y similitudes; la noción de aprendizaje, con rasgos disímiles en cada caso, se manifiesta tanto en el poeta vanguardista peruano como en el autor de Todas las sangres.

El libro de Marino tiene sus méritos: orden expositivo, revisión exhaustiva de la bibliografía secundaria y una perspectiva comparativa que echa luz sobre la relación fecunda de la poesía de Westphalen con la obra de Eguren y de Arguedas. Quizá faltó delinear, con mayor profundidad, los rasgos del surrealismo latinoamericano y distinguir nítidamente las diferencias culturales entre el río de Westphalen y el arguediano: la presencia del mundo andino en el escritor de Andahuaylas es esencial y no se evidencia, con claridad, en "El niño y el río".

Al margen de las objeciones antes expuestas, pienso que
La intertextualidad en la poesía de Emilio Adolfo Westphalen incentiva la discusión acerca de una obra que, cada vez más, se erige como un monumento que crece con el tiempo y expande su influjo, de modo poderoso, en el cauce de la poesía latinoamericana.

sábado, agosto 14, 2010

UN NUEVO ENSAYO SOBRE BLANCA VARELA

La Universidad San Ignacio de Loyola me acaba de publicar un ensayo sobre la obra de Blanca Varela que lleva por título Casa. Cuerpo. La poesía de Blanca Varela frente al espejo. Este libro se halla dividido en cuatro capítulos. En el primero, exploro la crítica acerca del quehacer literario de la gran poeta peruana. En el segundo, analizo el contexto de la generación del cincuenta e intento una primera aproximación a Ese puerto existe. En el tercero me centro en Valses y otras falsas confesiones poniendo de relieve el análisis de dos poemas: "Vals del Ángelus" y "A rose is a rose". En el cuarto, abordo la desmitificación de la noción de libro en El libro de barro, uno de los últimos poemarios de Blanca Varela. El enfoque no está ceñido a un solo método, sino que implica el funcionamiento de una pluralidad metodológica con el fin de asediar la poesía de Varela desde diversas ópticas.

viernes, agosto 13, 2010

LECTURA DE "COMENTARIOS REALES" DE ANTONIO CISNEROS


La historia puede ser contada desde diversas ópticas. Es susceptible de ser reconstruida desde la perspectiva de los sectores dominantes y, en tal sentido, quedan hechos en la penumbra, es decir, en los intersticios de la historia oficial. También puede ser reconstruida desde la perspectiva periférica poniendo de relieve aspectos oscurecidos por los sectores hegemónicos, atenazados en el discurso del poder. Como decía Jacques Lacan, “la historia no es el pasado. La historia es el pasado historizado en el presente, historizado en el presente porque ha sido vivido en el pasado” (Lacan, 1986, p. 27). Cabe preguntarse: ¿desde qué presente “historizamos” ese tiempo pretérito del que habla el psicoanalista francés? He ahí una pregunta que permite acercarnos a ciertos poetas peruanos contemporáneos.
El caso de Antonio Cisneros (Lima, 1942) es ciertamente prototípico. Practica una poesía intercultural que también se manifiesta, con matices distintivos, en la obra de César Vallejo, Pablo Neruda, Octavio Paz y en los representantes de la lírica conversacional latinoamericana como José Emilio Pacheco y Ernesto Cardenal. Dicha praxis poética intercultural trabaja en cuatro niveles o estratos a la vez: la lengua, la estructuración literaria, las estructuras figurativo-simbólicas y la cosmovisión.
Por ejemplo, Vallejo emplea creativamente un mesolecto popular (1) que se manifiesta en un tipo de oralidad que quiebra el eje de la escritura del canon dominante (nivel de la lengua), orquesta sus poemas dejando de lado el soneto modernista de Rubén Darío (nivel de la estructuración literaria), utiliza una simbología que remite al mundo andino en poemas como “Telúrica y magnética” (nivel de las estructuras figurativo-simbólicas) y manifiesta una poética periférica que es un profundo cuestionamiento de la modernidad eurocéntrica y hegemónica (nivel de la cosmovisión).
Por su parte, Neruda, en Canto general (1950) utiliza, con mucha inventiva, un registro lingüístico informal (estrato de la lengua), reestructura el poema épico como género (plano de la estructuración literaria), actualiza una simbología donde la piedra es uno de los elementos centrales (estrato de las estructuras figurativo-simbólicas) y desarrolla una poética que cuestiona la visión colonizadora occidental (nivel de la cosmovisión).
Cisneros se sitúa en esa rica tradición de la poesía intercultural en Latinoamérica. Comentarios reales (1964) es manifestación de dicha praxis poética. En el estrato de la lengua asimila con fecundidad una variedad lingüística informal que cuestiona el canon establecido por textos como Reinos (1944) de Jorge Eduardo Eielson o de La torre de los alucinados (1957) de Alejandro Romualdo. El coloquialismo de Cisneros evidencia un mesolecto popular que incluye expresiones como “un sol enrojecido /achicharraba/ los huesos de sus hijos” o “Cagados por arañas y alacranes,/ pocos sobrevivieron a sus caballos”. Frente a un vasto registro metafórico que remitía tanto al Simbolismo francés como a la Vanguardia y que se hallaba presente en los primeros poemarios de Eielson, Varela y Romualdo (por ejemplo, en La torre de los alucinados), Cisneros abraza una opción estética distinta: ampliar el léxico del poema incluyendo giros lingüísticos disímiles, haciendo que su literatura se nutra de las expresiones cotidianas.
En el nivel de la estructuración literaria, Cisneros elige un tipo de estrofa de origen popular: el romance constituido por la asociación más o menos libre de versos octosílabos. Recordemos el origen popular del romance que remite a la tradición poética peninsular de la Edad Media. Ha sido empleado por poetas españoles contemporáneos como Federico García Lorca. No obstante, Cisneros concibe un romance de protesta contra el poder del virrey (representante del Rey de España en el Perú) y contra la jerarquía eclesiástica (es decir, curas y cardenales que encarnan la imposición del dogma católico en las Indias). Veamos el "Romance de rima pobre”:

Un buen día, un buen cristiano
llevado fue al Santo oficio,
pues de algún fiero demonio
hallábase poseído.

Grave caso del cristiano,
pero más grave al Oficio
fue el caso de un buen demonio
por cristiano poseído.

Además, Cisneros (al igual que otros representantes de la denominada poesía conversacional como José Emilio Pachecho, Ernesto Cardenal y Marco Martos) formula el poema-crónica (Fernández, 2009). Se trata de un discurso donde existe “alguna alusión (directa o indirecta) al pasado colonial o al Incanato o a la Conquista. El tono es a veces irónico o de denuncia. El yo poético asume la voz de una colectividad y, por lo tanto, se trata de un “nosotros” que se halla representado por el yo” (Fernández, 2009, p. 101).
En el nivel de las estructuras figurativo-simbólicas, Cisneros se mueve en el campo figurativo de la antítesis poniendo de relieve, sobre todo, dos procedimientos: la ironía y la desmitificación. El poeta ironiza a los conquistadores, quienes teóricamente proclaman su fe cristiana, pero, en la práctica, cultivan la usura y los disvalores; asimismo, desmitifica a los libertadores, los cuales no revelan heroísmo, sino falta de compromiso con la gesta emancipadora. En otras palabras, la poesía cisneriana opone una cultura de resistencia (basada en la antítesis como estructura cognitiva) a una cultura hegemónica que ha impuesto sus engañosas metáforas en el proceso de transmisión del saber, como, por ejemplo, la que enfatiza que la Independencia fue la auténtica liberación de las cadenas del colonialismo cuando, en realidad, pasamos a depender de los capitales británicos y no se tuvo conciencia plena (después de 1821) de la pluralidad lingüística y cultural del Perú. Se trata, sin duda, de dos campos figurativos en abierta pugna: la antítesis emergente contra la metáfora hegemónica. El pensar del locutor, en la lírica de Cisneros, avanza sobre la base de oposiciones, hecho que se evidencia en el uso de la ironía y en la perspectiva desmitificadora que inundan el discurso del hablante.
En el plano de la cosmovisión, Cisneros intenta reconstruir una historia distinta de aquella contada por los libros escolares y construye un sujeto descentrado, cuya memoria está hecha de retazos del pasado y del presente, y se halla fragmentada entre un aquí y un allá. En “Paracas”, el locutor reconstruye un suceso recurrente: en el mar de Paracas hay gaviotas que mascan “el muymuy de la marea/ hasta quedar hinchadas como botes/ tendidos junto al sol”. Inmediatamente, yuxtapone la idea de que los cráneos de los fallecidos también pueblan la arena y ese hecho del presente lleva al poeta al pasado: “bajo estas arenas/ sembraron en manada a nuestros padres”. No se sabe, a ciencia cierta, si el locutor plural (el que habla en “nosotros”) alude al presente (donde hay muertos, vale decir, el “aquí”) o al pasado (el recuerdo de sus antepasados que remite a la cultura Paracas, la cual se sitúa en un “allá”). Inclusive, el origen y la procedencia de este sujeto intercultural tampoco está clara: contempla, a la manera occidental, el mar en un presente; pero inmediatamente reconoce en los ancestros de la cultura Paracas a sus progenitores ubicados en un tiempo pretérito.
Abordemos el análisis de “Cuestión de tiempo”, poema inserto en Comentarios reales para examinar cómo el poeta construye la historia del Perú desde la perspectiva periférica:


I
Mal negocio hiciste, Almagro.
Pues a ninguna piedra
de Atacama podías pedir pan,
ni oro a sus arenas.
Y el sol con su abrelatas,
destapó a tus soldados
bajo el hambre
de una nube de buitres.

II
En 1964,
donde tus ojos barbudos
sólo vieron rojas tunas,
cosechan –otros buitres—
unos bosques
tan altos de metales,
que cien armadas de España
para cargarlos
hubieran naufragado bajo el sol.

El texto se divide en dos partes que establecen determinadas coordenadas temporales muy diferenciadas y ello implica un descentramiento del sujeto. En la primera, el locutor se sitúa como un contemporáneo de Almagro; en la segunda, se ubica en 1964, es decir, en la época contemporánea. La memoria del sujeto se halla claramente escindida entre un “aquí” y un “allá”, entre un pasado impregnado de un saber contemporáneo y un presente inundado de pasado. Por ejemplo, cuando se dirige a Almagro el yo emplea la palabra “abrelatas”, hecho que implica que Almagro sea visto como si fuera un personaje actual y cercano a nosotros (léase “contemporáneo”); sin embargo, cuando el yo se ubica en 1964 utiliza la expresión “cien armadas de España” que remite a un imaginario de las crónicas coloniales.
Frente a una historia contada desde los espacios hegemónicos, el sujeto construye otra historia del Perú desde un lugar de enunciación absolutamente disímil. Niega las totalidades homogéneas y fragmenta su discurso buscando desmitificar determinadas figuras oficiales (como Almagro) sobre la base de las cuales se ha edificado una determinada concepción de nuestro pasado, impuesta por los sectores hegemónicos.
El discurso colonial, encarnado en Almagro, concibe que el oro es el supremo valor por encima de los seres humanos colonizados. Ir a las Indias significaba, para el hombre colonizador, ir a buscar oro. Cisneros ironiza dicha pretensión y hace que su locutor le hable a Almagro (alocutario representado) empleando una variedad lingüística informal. En tal sentido, Almagro termina ridiculizado porque creía que podía encontrar oro en el desierto de Atacama. Entonces, el poeta yuxtapone la imagen del abrelatas, de manera que los soldados de Almagro (acosados por el hambre y el calor de un desierto) terminan siendo simplemente el contenido de una lata de conserva.
En la expresión irónica “Pues a ninguna piedra/ de Atacama podías pedir pan”, hay, en cierto modo, una crítica al discurso colonizador que navega en una suerte de autocomplacencia “narcisista” y que rehúye la rica esfera de la intersubjetividad. Almagro y sus soldados no ven con, claridad meridiana, al otro. Parece ser que los conquistadores no saben dialogar plenamente y no distinguen, de modo fehaciente, la diferencia entre hablar con un ser humano y dirigirle la palabra a una inerte piedra. Allí hay algo que ha sido suprimido por la denominada “historia oficial”: el desprecio por el otro que aflora en el discurso colonizador. En tal sentido, la “otra historia” sí saca a luz el deseo oculto, la palabra silenciada: Almagro deseaba hablar con las piedras porque creía (craso error) que con ellas podía establecer una relación humana.
En la segunda parte del poema se pone de relieve el cuestionamiento irónico de una idea establecida por la historia oficial: la Independencia trajo consigo el bienestar de los peruanos y la emancipación del yugo colonial. Cisneros construye “otra historia” que se nutre de la concepción de José Carlos Mariátegui: en 1964 hay la presencia de “otros buitres” (léase otros individuos que se llevan las riquezas del país), de manera que la situación ha empeorado en el Perú. Antes los conquistadores se llevaron el oro; pero ahora los grupos hegemónicos se apropian, ilícitamente, de todas las riquezas del Perú. La frase final no deja de ser irónica: “cosechan –otros buitres— /unos bosques/ tan altos de metales, /que cien armadas de España/ para cargarlos /hubieran naufragado bajo el sol”.
Mariátegui había advertido: “Sabemos que en el Perú la aristocracia colonial se transformó en burguesía republicana. El antiguo “encomendero” reemplazó formalmente sus principios feudales y aristocráticos por los principios demoburgueses de la revolución libertadora” (Mariátegui, 1992, p. 301). Frente a la cultura oficial que festejaba acríticamente la Independencia, el Amauta mantiene, incólume, su conciencia crítica y señala la continuidad de una línea histórica que vienen desde la aristocracia colonial y llega a los grupos hegemónicos de criollos que lideraron la gesta emancipadora. Cisneros se basa en el pensamiento de Mariátegui para subrayar que en 1964 la situación económica y financiera del Perú es peor en relación con la época de Almagro, pues, en plena era contemporánea, existen “nuevos ricos” que se han apoderado de las riquezas de nuestro país. Se trata de algo omitido por la historia oficial, pero enfatizado desde la perspectiva periférica, basada en el privilegio que se le asigna al sujeto pobre, representado por Túpac Amaru II, el campesino viejo, el afroperuano (en “Canción de negro” y “Canción de negra”) y el siervo como personajes imprescindibles en Comentarios reales. Por eso, Cisneros emplea el romance como forma estrófica y utiliza el poema-crónica para denunciar los abusos de los poderosos como Almagro y Toledo.
Analicemos “Consejo para un viajero”:


Toledo, Señor de Obrajes,
con tus mejores zapatos,
tu espalda dura
y tus cabellos sueltos
sobre la tierra
cabalgas. Señor de Sombra,
las negras cruces
en piedras recién quemadas,
nos anunciaron
tu viaje, Señor de Mulas.
Mas al regreso
no beses mujer o hijos,
pues alacranes
cantan bajo tu lengua,
Señor de Muerte.


Nuevamente percibimos el trabajo con las coordenadas temporales y el descentramiento del sujeto en la poesía de Cisneros. Primero, se inscribe el sujeto en un pasado que, a la vez, es un presente: Toledo parece un personaje contemporáneo, es decir, cercano al locutor personaje; pero luego en la expresión “nos anunciaron su viaje” el texto parece viajar a un pasado casi remoto, cuyas resonancias se siguen escuchando en el presente. Al final, la advertencia del locutor a Toledo está orientada, desde el punto de vista pragmático, a cambiar la conducta de este, transformándose el discurso en una sugerencia: “no beses mujer e hijos, / pues alacranes/ cantan bajo tu lengua”. La fuerza perlocutiva de la frase es obvia: el locutor sugiere a Toledo que se abstenga de realizar ciertas acciones.
En Comentarios reales, Cisneros emplea no solo la ironía, sino también la desmitificación que se sitúa en el campo figurativo de la antítesis (Arduini, 2000) y que tiene un ostensible desarrollo en este poema. Sin duda, “cuando se habla de desmitificación, con referencia a nuestro tiempo, asociando el concepto a una crisis de lo sagrado y a un empobrecimiento simbólico de aquellas imágenes que toda una tradición iconológica nos había acostumbrado a considerar como cargadas de significados sacros, lo que se pretende indicar es el proceso de disolución de un repertorio simbólico institucionalizado” (ECO, 1985, p. 249).
Precisemos el “repertorio simbólico institucionalizado” y cómo el poeta peruano lo disuelve a través de una mirada irónica. El virrey Toledo, considerado el gran organizador del Virreinato en el Perú, tiene un lugar institucionalizado de gran relieve en la historia oficial; forma parte de un imaginario difundido e impuesto por las clases dominantes. Cisneros, por eso, busca reconstruir otra historia y “desacralizar” la imagen de Toledo. El “Señor de Obrajes” se convierte súbitamente en “Señor de Sombras” para transformarse en un “Señor de Mulas” y, al final, en un “Señor de Muerte”. Las cruces sagradas pasan a ser “negras cruces” y luego serán “piedras recién quemadas”. Es como si el mensaje cristiano, poblado de valores morales, tuviera el hálito de un objeto calcinado. La Biblia, metafóricamente, será un ente carbonizado. He ahí la versión periférica de los hechos históricos que porta el locutor en el poema.
El texto concluye con una metáfora que reposa en la imposibilidad de la comunicación. El locutor le dice a Toledo que no emplee el código de los gestos (el beso) ni el lenguaje verbal: la comunicación fracasará porque la muerte (impregnada de violencia) ha estrangulado el flujo comunicativo entre el destinador y el destinatario. Por eso, aparece el alacrán que emite un canto donde anida la imposibilidad de ver al otro. Se trata de un monólogo autoritario. Nuevamente, Cisneros deconstruye la historia oficial para evidenciar los mecanismos del poder hegemónico, el cual condena a los demás al silencio a través del ejercicio de la violencia.
Antonio Cisneros, en síntesis, ofrece una versión periférica de la historia del Perú, subrayando cómo el discurso colonial se ha tornado en dominante y ha teñido la época republicana. Lo importante, para él, es reconstruir nuestro pasado mostrando cómo la cultura invasora se impuso, violentamente, sobre las demás e impidió el desarrollo de una interculturalidad fecunda y enriquecedora. Asumamos el reto de reinventar nuestro pasado a través de un repertorio simbólico que dé cabida a prácticas y discursos enterrados en el archivo oficial de los grupos hegemónicos. Así será posible contemplar esa rica diversidad cultural de América Latina.
NOTAS
(1)Para la definición de mesolecto, véase Cerrón 2003, pp. 75-76.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
ARDUINI, Stefano (2000). Prolegómenos a una teoría general de las figuras. Murcia: Universidad de Murcia.
CERRÓN PALOMINO, Rodolfo (2003). El castellano andino. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.
CISNEROS, Antonio (1996). Poesía reunida. Lima: Editora Perú.
ECO, Umberto (1985). Apocalípticos e integrados. Barcelona: Lumen.
FERNÁNDEZ COZMAN, Camilo (2009). Rodolfo Hinostroza y la poesía de los años sesenta. Lima: Universidad de Ciencias y Humanidades.
LACAN, Jacques (1986). Seminario. Libro 1. Los escritos técnicos de Freud. Barcelona: Paidós.
MARIÁTEGUI, José Carlos (1992). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Biblioteca Amauta.









martes, julio 27, 2010

UN NUEVO LIBRO SOBRE CARLOS OQUENDO DE AMAT


El ensayo es un género de inquisidores, de aquellos que se interrogan incesantemente sobre temas claves. Todo buen ensayo es provocador, pues busca incentivar la polémica y producir nuevas interpretaciones que echen luz acerca del objeto de estudio. Selenco Vega Jácome (Lima, 1971), poeta y narrador laureado, acaba de publicar Espejos de la modernidad: vanguardia, experiencia y cine en 5 metros de poemas (Lima: Universidad San Ignacio de Loyola, 2010).

El libro comienza con una frase de Mario Vargas Llosa, quien al recibir el Premio Rómulo Gallegos de 1967, evocó la figura de Carlos Oquendo de Amat: "Hace aproximadamente 30 años, un joven que había leído con fervor los primeros escritos de Bretón, moría en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de furor". Dicha sentencia del escritor arequipeño sirve a Vega como un acicate para adentrarse en
5 metros de poemas. Se analizan los rasgos vanguardistas de este poemario poniendo énfasis en su estructura interna y carácter visual. Asimismo, se plantea una confrontación entre la vanguardia europea y la desarrollada en Latinoamérica, donde cobró auge el influjo del surrealismo, el cubismo, el futurismo y el ultraísmo. Vega se centra en dos autores esenciales para caracterizar la recepción crítica de la vanguardia europea en el Perú: José Carlos Mariátegui y César Vallejo. El Amauta vio el fenómeno vanguardista como una posibilidad de superar la herencia hispana; el poeta de Trilce criticó duramente el surrealismo considerando a este como una mera receta de hacer poemas.

Posteriormente, Vega hace un balance de la crítica sobre Oquendo de Amat examinando los aportes de Luis Monguió, Luis Alberto Sánchez, Augusto Tamayo Vargas, Carlos Germán Belli, Mirko Lauer, Raúl Bueno, Edgar O'Hara y Ricardo González Vigil. Este procedimiento permite que el investigador dialogue creativamente con las ideas de los críticos que han estudiado
5 metros de poemas. Ello lleva a Vega a interrogarse sobre el papel que cumplen el cubismo, el futurismo, el creacionismo, el ultraísmo y el simultaneísmo poético en el poemario de Oquendo de Amat. La noción de ruptura de la linealidad, tan vigente en la poética cubista, cobra relieve en la estética oquendiana. En tal sentido la corriente literaria de Guillaume Apollinaire implica una idea de espacio absolutamente distinta, donde dialogan la pintura y la poesía de modo fructífero.

En la segunda parte de
Espejos de la modernidad..., se desarrollan los fecundos lazos entre el cine como discurso y 5 metros..., sobre la base de las propuestas de Walter Benjamin y su teoría de la experiencia. Sabemos que el pensador alemán distinguía entre "experiencia irrepetible" y "experiencia repetible". En la modernidad predominan las experiencias automatizadas, hecho que se observa en el cine y su reproducción técnica: de una película se pueden sacar infinitas copias y ello implica la pérdidad del aura, ese momento irrepetible en el cual el sujeto capta el mensaje de una obra y así se inserta en la tradición y la historia. Partiendo de esas ideas de Benjamin, Vega aborda el papel que tiene el cine en 5 metros analizando poemas como "Réclam" o el "Film de los paisajes". Cine, modernidad, Nueva York son ejes fundamentales para comprender plenamente la cosmovisión del poeta peruano.

Espejos de la modernidad... es un libro imprescindible para la hermenéutica de la obra de Oquendo de Amat. Hay una prosa fluida, un buen rigor metodológico y un recorrido apasionante por los vericuetos de la obra de Carlos Oquendo de Amat. Mención especial merece la cuidada edición de la Universidad San Ignacio de Loyola que inaugura, con este libro, su Unidad de Publicaciones, destinada a difundir los aportes de sus profesores e investigadores. En fin, el volumen de Selenco Vega confirma que en él no solo hay un poeta y narrador de polendas, sino también un ensayista sugestivo y polémico.

domingo, julio 04, 2010

CÉSAR MORO VISTO POR MARIELA DREYFUS


Poeta torrencial y polémico, César Moro (1903-1956) es uno de los fundadores de la lírica peruana contemporánea. Escribió gran parte de su poesía en francés; asumió, con originalidad y convicción, el surrealismo en tanto práctica vital; dotó a su obra poética de una suerte de paroxismo, donde destaca su reflexión acerca de la locura, una especie de diosa para los surrealistas; y dejó un ejército de poemas que aún espera el asedio crítico sistemático y sugestivo.

Mariela Dreyfus, una escritora consagrada que tiene en su haber poemarios como
Placer fantasma (1993) y Ónix (2001), ha decidido emprender la exégesis de la compleja obra de Moro. Ello ha dado como resultado el libro Soberanía y transgresión: César Moro (Lima: Universidad Ricardo Palma, 2008). La ensayista se sumerge en la vida del poeta comprendida como una travesía, es decir, un viaje interminable, marcado por la pasión y la fe en la escritura. Los poemas primigenios, el viaje a París, la etapa mexicana de Moro, la elección del francés como lengua poética, la opción homosexual, los lazos del autor de La tortuga ecuestre con la vanguardia a través del cristal de la revista Amauta de Mariátegui, la militancia surrealista, el retorno a Lima y la muerte del poeta en una casi absoluta soledad.

Posteriormente, Dreyfus aborda el amor como tema en la poesía de Moro poniendo de relieve los vínculos con el surrealismo y la imaginación homosexual. Asimismo, analiza los vasos comunicantes entre la poesía y la plástica de Moro a través de la noción de poema-collage y de los vínculos entre la pintura y la lírica surrealistas. Cabe resaltar la exégesis del bestiario moreano a través de una lectura atenta de los poemas.

Sin duda, el libro tiene algunos aciertos: traza el recorrido vital de Moro en tanto poeta y pintor, y asedia el universo semántico de esta poesía; sin embargo, posee algunas falencias. Por momentos, se detiene, quizá excesivamente, en los datos biográficos del autor. Además, me diera la impresión de que hubiera faltado el empleo de ciertas categorías teóricas algo más rigurosas para explicitar el universo figurativo de poemarios como
La tortuga ecuestre. Por ejemplo, hubiera sido interesante analizar más la "enumeración caótica" (concepto propuesto por Leo Spitzer) como procedimiento estilístico en la obra moreana.

Estas observaciones -- enunciadas con espíritu constructivo-- quizá puedan servir de acicate para que Mariela Dreyfus continúe en la senda de la investigación literaria, tributando nuevos enfoques que iluminen, aún más, la fulgurante poesía de ese genio de la palabra llamado César Moro.

domingo, junio 13, 2010

POETA ANTONIO CISNEROS GANA EL PREMIO PABLO NERUDA


Uno de los grandes poetas de la denominada generación del sesenta, Antonio Cisneros (Lima, 1942), acaba de obtener el premio Pablo Neruda en Chile. El autor de Comentarios reales (1964) representa, en el ámbito de la poesía peruana, la asimilación creativa de los aportes de la lírica de lengua inglesa, el tono desmitificador e irónico, y una visión crítica de la historia oficial.
En Comentarios reales, enjuició la figura de virreyes y libertadores, remarcando que en estos predominaba la incoherencia entre la palabra y la acción. En Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), empleó la metáfora de la ballena (vista como una encarnación de la alienación en el ámbito del capitalismo) para referirse a la deshumanización en la sociedad contemporánea donde prima la ley de la oferta y de la demanda. En Como higuera en un campo de golf
(1972) utilizó las referencias culturales para desmitificar la figura de Colón y tornarse en un poeta antirromántico que descree de los íconos acuñados en la tradición oficial. En fin, un gran poeta que sin perder el humor ni la ironía, supo afilar el ojo crítico contra la mecanización de las relaciones intersubjetivas donde reinan el artificio y la falta de autenticidad. Aquí va uno de los más notables poemas de Cisneros:

DESCRIPCIÓN DE PLAZA. MONUMENTO Y ALEGORÍAS
EN BRONCE

El caballo, un libertador
de verde bronce y blanco
por los pájaros.
Tres gordas muchachas:
Patria, Libertad
y un poco recostada
la Justicia. Junto al rabo
del caballo: Soberanía,
Fraternidad, Buenas Costumbres
(gran barriga y laureles
abiertos en sus manos).
Modestia y Caridad
refriegan ramas
sobre el libertador,
envuelto en la bandera
verde y blanca.
Bancas de palo, geranios, otras muchachas
(su pelo blanco y verde): Esperanza,
Belleza, Castidad,
al fondo Primavera, ficus agusanados,
democracia. Casi a diario
también, guardias de asalto:
negros garrotes, cascos verdes
o blancos por los pájaros.

De Comentarios reales



domingo, mayo 30, 2010

LOS CUENTOS DE ORLANDO MAZEYRA


El cuento gana por knockout; la novela, por puntos. Aquel recuerda la perfección estilística de un poema; esta permite un mayor desarrollo de la sutil trama narrativa. Que este breve introito nos permita comentar un buen libro de relatos: me refiero a La prosperidad reclusa (Lima: Cascahuesos, 2009) de Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) , quien ya había publicado Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007). El escritor arequipeño intenta aproximarse al relato corto. Por ejemplo, "Vacíos" tiene solo dos párrafos y explora la analogía barroca de teatro y vida. Esta última es concebida como un escenario teatral que desemboca en el exceso y el delirio. En "Tras la puerta" (uno de los textos más notables), el narrador personaje explora el tema de la locura en una atmósfera familiar donde anida la falta de comunicación y triunfa el prejuicio: hay temas vetados como la esquizofrenia. En "La dulce espera" se explora el carácter heterogéneo del yo: "Todos eran yo. Todos eran un poco de mí, una partícula de mis entrañas" (p. 15); se trata de una meditación sobre la escritura que nos recuerdo el "Yo es otro" de Arthur Rimbaud. En "Faquir y la equilibrista" se relata una anécdota impregnada de erotismo que conduce a una extraña costumbre andaluza: el protagonista pone clavos, diariamente, en su recámara por las noches "para espantar a la muerte" (p. 39).
Quisiera destacar dos aspectos en los cuentos de Mazeyra: la caracterización psicológica de los personajes y el manejo de la trama narrativa. El autor arequipeño sabe delinear los contornos de la personalidad de los protagonistas de cada historia; además, hace que el lector mantenga el interés por el desarrollo de los sucesos. Mención especial merece la musicalidad de la prosa que evidencia un trabajo de relojería con el lenguaje. En fin, un libro que merece ser leído con atención y que augura un estilo personal en el concierto de la narrativa peruana contemporánea.

lunes, mayo 17, 2010

LAS ACTAS DEL COLOQUIO INTERNACIONAL SOBRE EL INCA GARCILASO DE LA VEGA


El año pasado se cumplieron cuatro centurias de la publicación de la primera parte de Comentarios reales (1609) del Inca Garcilaso de la Vega. Cusqueño universal, fino traductor, hablante nativo del quechua y prosista excepcional de matriz renacentista, Garcilaso es (y será) un nombre imprescindible en las letras peruanas. La Academia Peruana de la Lengua y la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad San Martín de Porres organizaron, en 2009, un congreso internacional cuyo título no deja de ser sugestivo: Las palabras de Garcilaso. Porque si algo dominó el hijo de Chimpu Ocllo y de un capitán español, fue el intrincado arte del lenguaje y lo domesticó con inigualable maestría.

Ahora tengo, entre las manos, las Actas del Congreso Internacional "Las Palabras de Garcilaso" (APL y USMP, 2010), donde se consignan las ponencias que se presentaron en aquel coloquio que congregó a expertos de la talla de Rodolfo Cerrón-Palomino, Raquel Chang-Rodríguez, Miguel Maticorena, Juan Ossio, Luis Millones, entre otros.

La lectura de este volumen de más de quinientas páginas da la sensación de que la obra del cronista mestizo sigue motivando reflexiones de la más variada índole. Hay lecturas filosóficas (como la de José Ignacio López Soria), antropológicas (como la de Millones), filológicas (Cerrón-Palomino, verbigracia), históricas (Miguel Maticorena) e interpretaciones a partir de la teoría de género (Sara Beatriz Guardia), de la traductología (Luis Jaime Cisneros), del Derecho (Rosa Carrasco) y de la política (Mercedes Serna). La lista es casi infinita y evidencia como la crónica del Inca Garcilaso puede ser entendida como una obra abierta que posibilita innumerables exégesis.

Cerrón Palomino investiga una redondilla que aparece en Comentarios reales: "Al cantico/ Dormirás/ Media noche/ Yo vendré" y pone de relieve cómo las ediciones posteriores han privilegiado equivocadamente "cántico" en vez de "cantico" (borde, extremidad o punta). Este yerro ha llegado a las traducciones al inglés ("to this my song") o al francés ("au chant").

Luis Jaime Cisneros asedia la labor de traductor que cumplió, con tanto brillo, Garcilaso e indaga la influencia de Vives en el humanismo renacentista en el mal llamado Nuevo Mundo. La traducción de Diálogos del amor de León Hebreo muestra que Garcilaso quería ser "considerado también dentro de la sociedad culta que tiene en menosprecio al indígena" (p. 107).

Miguel Maticorena, en un sesudo estudio, informa que él encontró el manuscrito dictado por Gonzalo Silvestre, quien estuvo en el Perú, luchó en la Guerra de las Salinas y bregó contra Diego de Almagro en 1538. El historiador sanmarquino demuestra que Garcilaso reelaboró la historia en La Florida del Inca agregando centenares de páginas y revelando una capacidad de fabular verdaderamente extraordinaria.

Hay muchas ponencias sumamente interesantes. Ello manifiesta que la obra del Inca Garcilaso, nuestro primer mestizo, está viva y se erige en uno de los pilares más sólidos de la construcción de la nacionalidad en el Perú.

sábado, mayo 01, 2010

EL APORTE DE MANUEL PANTIGOSO PECERO


Empleado con mesura, el método, basado en la teoría de las generaciones, puede ser útil para el estudio de la literatura peruana. Así tenemos la generación del 900 (representada por José de la Riva Agüero, los hermanos García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, entre otros); la del 19 (también denominada del 21 o del Centenario), constituida por César Vallejo, Antenor Orrego, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre y otros escritores e intelectuales de la época; y la generación de la crisis 1930-1936, formada por autores como Emilio Adolfo Westphalen, César Moro o Emilio Armaza.

Poeta, profesor universitario e investigador, Manuel Pantigoso Pecero (Lima, 1936) acaba de publicar
Estuardo Núñez y la generación de la crisis (nexos con la vanguardia) (Lima: Hozlo, 2010), tres volúmenes donde aborda el análisis de la denominada generación de la Crisis 1930-1936. La obra se halla dividida en cinco partes. En la primera, Pantigoso se detiene en el pensamiento de Estuardo Núñez, quien es considerado, con justicia, el fundador de la crítica literaria contemporánea en el Perú por el aporte que significaron dos ensayos esenciales: La poesía de Eguren (1932), la primera investigación rigurosa sobre el poeta de Simbólicas, y Panorama actual de la poesía contemporánea en el Perú (1938), donde se califica a Vallejo como poeta expresionista, además de asediar la vertiente purista, el expresionismo nativista y el impresionismo poético. A ello hay que agregar el estudio concienzudo que el ilustre investigador ha realizado de la literatura de viajes.
En la segunda parte, Pantigoso hace una hermenéutica de la obra de los maestros de la generación de la crisis, aquellos que supieron preparar el camino para el desarrollo y expansión de esta última. El investigador calibra el magisterio de José María Eguren, Abraham Valdelomar, Gamaliel Churata, José Carlos Mariátegui, entre otros, y su influjo ostensible en los escritores de la generación de la crisis. En la tercera, se asedia la obra de estos últimos y se realiza una separación en dos vertientes: los vanguardistas esenciales y el vanguardismo puneño, parte donde también se desarrolla el aporte de los hermanos Bolaño en Huancavelica.
En la cuarta se intenta dar un panorama general de la generación de la crisis precisando tendencias como la surrealista-simbolista (donde se sitúan Xavier Abril, Martín Adán, Enrique Peña Barrenechea, César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, etc.) y la vertiente indígena (representada por Emilio Armaza, Mario Florián, José Varallanos, etc.)
En la quinta se realiza una antología de los escritores de la generación de la crisis y se adjuntan algunas entrevistas como la realizada a César Miró, a Nicanor de la Fuente, Enrique Solari y Augusto Tamayo. La obra termina con una addenda donde se analizar el surgimiento del feminismo en las primeras décadas del siglo XX en el Perú.
No cabe duda de que el aporte de Pantigoso es muy valioso. No es mi propósito minusvalorar el enorme esfuerzo que ha significado pensar y escribir estas casi mil páginas. Sin embargo, creo que, por momentos, el investigador se detiene, quizá en exceso, en la biografía de los autores y deja, un poco de lado, el estudio de la obra de estos últimos. En el segundo tomo se desarrollan las tendencias de la generación de la crisis, pero se dice que la narrativa, la crítica literaria, el teatro y la literatura infantil constituyen tendencias, cuando, en realidad, son géneros discursivos.
Estas observaciones no mellan, en lo mínimo, la trascendencia de
Estuardo Núñez y la Generación de la Crisis por la orientación interdisciplinaria, visión totalizante y óptica descentralista que presiden el mencionado libro. Necesitamos panoramas que superen el "monografismo" y den un gran fresco de la producción literaria peruana. El libro de Pantigoso advierte que nos estamos quedando, algo postrados, en el cultivo de análisis de autores específicos dejando de lado la elaboración de grandes panoramas de la literatura peruana. Tarea, sin duda, inaplazable para los tiempos venideros.

domingo, abril 25, 2010

UN BUEN POEMARIO DE MARIO PERA


Las universidades han sido, en el Perú, canteras de donde han surgido poetas jóvenes de indiscutible valía. No afirmo que la función primordial de las primeras sea formar artistas de la palabra, mas por la Universidad de San Marcos o la Universidad Católica, entre otras, ha pasado buena cantidad de escritores en nuestro país.
El caso de Mario Pera (Lima, 1981) es prototípico. Estudió Derecho en la Universidad de Lima y ahora nos ofrece su primer poemario: Preparaciones anatómicas (Lima: Lustra, 2009). Me llama la atención la extraña madurez poética que trasunta el mencionado libro. Además, cabe mencionar el profundo conocimiento de la tradición literaria del que hace gala el joven rapsoda. Por último, son dignas de relieve la referencia al mundo grecolatino y la forma tan sutil como Pera se nutre de este legado invalorable.
Hay algo cautivante en Preparaciones anatómicas: el manejo del ritmo y el tono solemne (pero no edulcorado) que se manifiestan a lo largo de los versos: "Había un cuerpo que solía llamarme: ciego pescador de expresiones./ Alacrán,/ siempre dispuesto a incrustar su estilete".
El proyecto es, sin duda, ambicioso: reconstruir los vestigios del pasado y de la memoria colectiva, desde el presente y a través de una contemplación (no exenta de la visión crítica) de los grandes monumentos de la historia. Se trata de yuxtaponer la crisis del tiempo actual al esplendoroso pretérito, en el cual ya asoma, no obstante, la "antigua esencia letal" del ser humano.
El poema más logrado tal vez sea "Roma (S.P.Q.R.)", donde el yo poético le recuerda a Camille, su amada: " Lo sabemos bien/ puesto que es lección ya aprendida:/ ambos somos el cometa que arremete contra la galaxia/ y causa el pánico silente en los humanos". La alusión a la crueldad del Coliseo romano y la pervivencia del erotismo en el Puente Sant'Angelo permiten concebir que el mundo es quizá una bola de cristal que nos lleva, de modo súbito, a la ola tempestuosa del amor o al triunfo de la descomposición de la materia: "La nuestra, Camille,/ es una historia tempetuosa de amistades predilectas;/ de un amor no consumado y mantenido/ como una conserva/ en una lata de atún podrido".
En fin, un buen inicio en el ámbito de la creación poética. Preparaciones anatómicas es un poemario bien armado que merece ser leído con atención.

domingo, abril 11, 2010

ORQUÍDEA DE SOMBRA DE GONZALO RAMÍREZ


Un primer poemario es siempre un camino tortuoso. Algunos poetas peruanos comenzaron con grandes libros: Simbólicas es un caso indubitable. Con él, José María Eguren se erige como uno de los fundadores de la poesía contemporánea en el Perú. Otros, como César Vallejo, empezaron con libros disparejos. Los heraldos negros tiene poemas notables, pero como propuesta no cuaja plenamente. El poeta de Santiago de Chuco busca aún liberarse, en aquel poemario, de las cadenas del Modernismo.

El caso de Gonzalo Ramírez Herrera (Lima, 1983) es ilustrativo. Su primer poemario, Orquídea de sombra (Lima: Borrador, 2009), revela un buen manejo del verso libre y un cuidadoso trabajo con el escandido de los versos, hecho que recuerda el experimento de Octavio Paz con los signos en rotación, donde las palabas se mueven a lo largo del espacio de la página en blanco y se convierten en una provocación para el lector. Se trata de dieciocho poemas, algunos breves y otros más extensos. Allí predomina la temática amorosa y, en particular, el recorrido por el cuerpo de la amada: “Destruyo flores:// mi sensación de tierra fría/ de párpado a descanso/ no vuelve.// Tu encuentro es un paso firme/ que no presiento// que persigo”.

La naturaleza parece reaccionar violentamente: la brisa nocturna muerde las palabras del poema. Los límites entre la noche y el yo poético no parecen claros: el hablante pareciera tener bordes oscuros. Imágenes de gran agresividad verbal pululan en dicha atmósfera: “Ellos sol tu cuerpo abierto a dos palmos/ mas no estallo”.

Respecto del cuerpo, este se manifiesta como algo que se une al poema (“Mi cuerpo se incorpora al verso”) o como un objeto borroso o parecido a un olmo o una estructura que se puede levantar con las palabras (“Ansío elevar tu cuerpo en cada sentencia”). Metáforas de un desplazamiento continuo de los sujetos y de un transcurrir sin fin dan cuenta de cómo la persecución de las cosas puede conducir a la calma o a la inmovilidad.

Orquídea de sombra es un buen primer libro. Algunas experimentaciones no cuajan: poner notas a pie de página a ciertos poemas no se justifican. Este procedimiento, empleado por T.S.Eliot en Tierra baldía, no contribuye a darle mayor densidad al universo representado. Sin embargo, Gonzalo Ramírez ha puesto una primera piedra. Sus siguientes libros, ojalá, confirmen nuestras expectativas.