miércoles, junio 18, 2008

LAS FALSAS ACTITUDES DEL AGUA


Un primer poemario es siempre una aventura. Orquestar las palabras, elegir los recursos estilísticos que se hermanen con el contenido que se desea expresar, son ribetes difíciles de afrontar. Escoger una franja de la tradición literaria es uno de los grandes retos: un nuevo autor se liga a otros nombres a través del océano de la intertextualidad y, de una u otra forma, deja marcas en el texto que abren la posibilidad de que el lector pueda trazar el mapa genealógico de la obra.

Andrea Cabel (Lima, 1982) ha escrito un poemario sumamente valioso: Las falsas actitudes del agua (2007). Alejándose de la poesía conversacional y cultivando un ritmo sostenido, la poeta teje imágenes, una tras otra, estableciendo vínculos con tres tradiciones: la simbolista, la vanguardista y, en menor medida, la escritura experimental de Carlos Germán Belli. De la primera toma la predilección por la sugerencia a través de una musicalidad sutilmente trabajada; de la segunda, ciertos recursos típicos como la supresión de las mayúsculas después del punto o el escandido "caprichoso" de los versos ; de la tercera, el uso de algunos vocablos que evidencian la necesidad de expandir el léxico del poema. Belli es un autor que, junto a Vallejo, ha incorporado las palabras más insólitas a la poesía peruana. Cabel afirma sin ambages: "criatura como yo,/ de carne frágil/ y cráneo arbóreo,// de soplo cítrico/ amarillo/ escatimado// frigorífico/,/ como ración de miga,/ en fermentado suelo".

¿Y los temas? Veamos los más relevantes:
1)La locura como forma de conocimiento: "un loco sentado en una rama". En este caso, un discurso excluido por nuestro paradigma racionalista adquiere importancia porque implica revalorar la óptica contemplativa del sujeto y vincular al ser humano con la naturaleza. En efecto, el racionalismo implica excluir algunos discursos como el del loco. En Las falsas actitudes del agua, se intenta revalorar ciertas prácticas, pues tienen un lado creativo y se asocian con la música y la poesía;
2)El amor como un permanente estado de vigilia: "el amor entero rozando los ojos abiertos"; "los ojos que siguen mirando desde la cama". Sin duda, el sentimiento amoroso no solo implica la contemplación del ser amado, sino también una especie de estado de alerta, pues parece acercarse la destrucción que implica la crisis de la comunicación: "destrucción para nosotros/ silencio de papel";
3)El hálito destructor como una forma de regeneración: "todo vive y se extinguen los ecos, la certeza asciende". La destrucción también implica un proceso de regeneración: nacer-morir-renacer.
4)La búsqueda de una extraña tradición familiar: "buscando los pozos de los abuelos". El amor posibilita tener conciencia del pasado y buscar incesantemente una tradición para dar cuenta de ella en la escritura del poema.

Desde el punto de vista formal, tenemos la presencia de signos en rotación a la manera de Octavio Paz; es decir, el escandido de los versos ha sido pensado para producir en el receptor un efecto de dispersión del significado. Este es un recurso típicamente vanguardista. Además, Cabel alterna el poema en prosa con el uso del verso. A ello se suma la utilización de sinécdoques (parte en vez de todo) y metonimias (relación efecto-causa). Por ejemplo: "y se ríe el mar de tacto, la espuma como una ave/ se retira y nace/ por donde descansa una mejilla,/ su intocable beso". "Mejilla" (parte) está en vez de "ser humano" (todo); en realidad, se habla del reposo del individuo. "Beso" (efecto) esta en vez de expresión de "afecto" (causa). Esto lleva a plantear que la relación de contigüidad (yuxtaposición) es esencial en este poemario porque se trata de aproximar los bordes de aquello que está lejos y ello se logra merced a un cuidadoso trabajo con el lenguaje.

No resisto la tentación de transcribir uno de los poemas:

O
(...)

...luego de la graduación, salvador y yo/ éramos platos servidos e insólitos juguetes./ materias imperceptibles de piel roja./ dientes y culpa/ ambos buscando tus pechos y queriendo,/ volver sin traje,/ sin árbol derribado y morado tras las alas.

(Reseña ampliada el 22 de junio de 2008)

martes, junio 03, 2008

LA PERRICHOLI EN CLAVE NOVELÍSTICA



En primer lugar, quisiera celebrar la publicación de la primera novela de Jeamel Flores Haboud. Se trata de una aventura de tipo histórico digna de encomio. Flores intenta reescribir el pasado teniendo como base la vida ficcionalizada de la Perricholi, es decir, de Micaela Villegas y Hurtado de Mendoza (1739-1819). La novela se sustenta en el hecho de que un paleógrafo Patricio Tudela y Lisperguer (Doctor en Filosofía por la Universidad de Harvard) encuentra un manuscrito de la novela en el Archivo Histórico del Instituto Riva Agüero y, a la vez, un conjunto de documentos (cartas, noticias de periódicos de la época, etc.) en un baúl. El paleógrafo decide intercalar en la novela parte de aquellos documentos encontrados. Además, añade algunos comentarios entre paréntesis.

La Perricholli, una conocida actriz del siglo XVII, fue amante del virrey Amat y había nacido “en las altitudes glaciales, tristes y hermosas de los Andes” (p. 32). Quisiera reflexionar en torno a los personajes caracterizados por Jeamel Flores en esta interesante novela histórica.

José Villegas, el padre de la Perricholi y natural de Arequipa, había contraído nupcias con una joven pintora francesa Micaela Godard y luego se casó con doña Teresa Hurtado de Mendoza, de cuya unión nació Miquita. En la novela se destaca de José Villegas su enorme cultura y sus ideas revolucionarias e independistas; aunque cayó en una enorme depresión cuando murió su primera esposa producto del cáncer. En la novela se afirma que “tuvo una infancia difícil al lado de su madre, quien nunca se casó con su padre” (p. 39).

La madre de la Perricholi “era de ascendencia vasca y pretensiones humildes, ama de casa y fiel esposa por falta de elección” (p. 41); una mujer que supo enfrentar el futuro criando “hijos buenos e hijas determinantes con las ideas revolucionarias de su cónyuge” (p. 41).

Manuel fue hijo de la Perricholi y del virrey Amat. Se entregaba a los amoríos y creció engreído por su progenitora. Es manifestación de un espíritu dividido, de la búsqueda de la esencia del Perú. ¿Era heredero de la cultura española o de la indígena?, esa es la pregunta que se hace el narrador. Manuel se educó en Europa y, por eso, tenía una formación sólida desde el punto de vista intelectual.

Manuela Armendáriz, hija de la Perricholi y de Martín de Armendáriz (hombre solo y nostálgico), era una “niña de un amor furtivo y necesario” (p. 30). Vivió con su hermano Manuel dos años; posteriormente, “la vergüenza y las malas lenguas la sepultarían en vida en alguna provincia lejana” (p. 29).

La Perricholi, personaje central de la obra, es un sujeto producto del mestizaje. Mujer de vida algo licenciosa, irreverente desde pequeña. Ella sería la primera mestiza en mostrar cuánto vale la seducción como poder en el ámbito de las relaciones interpersonales.

El virrey Amat, personaje polémico, que tuvo que afrontar difícil problemas de gobierno: “acrecentó la caja fiscal, estableció la lotería, formó barrios, fomentó la publicación de gacetas y cumplió con su querida, amándola incesantemente y sin cansancio desde el palco y en privado” (pp. 45-46).

En la novela se habla de la corrida de toros, de la Alameda de Acho, del trato humano o no que daban los jesuitas a los indios, de las ideas independentistas; sin embargo, el gran aporte de Jeamel Flores es haber imaginado una Perricholi absolutamente distinta de aquella que nos ha transmitido la historia oficial. En las páginas finales, está el testamento de la Perricholi. Allí afirma que:
1)En América hemos olvidado la responsabilidad que tenemos frente al destino de los demás;
2)Un continente que se niega a sentir, es un continente que se niega a pensar ;
3)Tenemos que salir de la barbarie: aprender a convivir con el otro;
4)Es consciente de su frivolidad y decide acercarse a los pobres;
5)Es necesario hacer la siguiente reflexión: “¿estamos constituidos como nación?” (p. 152).

La rosa del vireinato constituye un acercamiento novedoso a un tema histórico. Es indudable que, por momentos, la novela da la sensación de haber sido escrito desde una óptica quizá excesivamente cercana a nosotros, mas es el riesgo de la ficción novelística cuando sumerge en un mundo que tiene su propia lógica y, por eso, su particular forma de cautivarnos a través de la magia de la prosa.