jueves, mayo 31, 2007


LA TEORÍA DE LOS CAMPOS FIGURATIVOS (V)



Como habíamos dicho en un artículo anterior, la Retórica en tanto saber no debe quedarse en un simple análisis formal de las figuras literarias, sino abordar estas últimas articuladas a estructuras y a visiones del mundo. Se trata de realizar una interpretación de una metáfora relacionada a una estructura estrófica y a una visión del mundo, la cual remite a los vastos contextos culturales y a espacios interdisciplinarios.
En tal sentido, Stefano Arduini, representante de la Retórica General Texual, plantea la categoría de campo figurativo como un campo cognitivo y conceptual que permite la ubicación de las figuras literarias. De esa manera, deja de lado la taxonomía demasiado minuciosa de los tratadistas clásicas y evita la diferencia entre figura fónica, sintáctica, semántica y de pensamiento. Arduini piensa que toda figura transmite conocimiento y, por lo tanto, no se debiera hablar de un juego fonológico al margen de la ideología del poeta.
Los campos figurativos son seis: la metáfora, la metonimia, la sinécdoque, la elipsis, la antítesis y la repetición. En cada uno de estos se sitúa un grupo de figuras retóricas. En el primer campo figurativo (estructura profunda) se ubican la metáfora, el símbolo (la cruz o la paloma blanca, que remiten a la resurrección y a la paz, respectivamente), la alegoría (procedimiento por el cual se representa un Mundo 1 que entra en correlación con un Mundo 2, por ejemplo, el campo es el paraíso, los pastores son los ángeles, etc.), entre otras. En el segundo, están todos los tipos de metonimia (relación causa-efecto, efecto-causa, verbigracia). En el tercero, tenemos todas las clases de sinécdoque (parte-todo, todo-parte, género-especie, especie-género, entre otras posibilidades). En el cuarto (la elipsis) se encuentran figuras como la reticencia ("Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no sé!", versos de César Vallejo, donde los puntos suspensivos marcan la reticencia), la perífrasis ("El autor de Don Quijote" en vez de "Cervantes"), el eufemismo ("Se fue al cielo" en vez de "murió"), el silencio (la página en blanco de Mallarmé), la elipsis propiamente dicha ("Silencio en la tarde. Desolación. Incertidumbre") y el asíndeton ("hay tierras, cielos, horizontes", donde se suprime la conjunción "y"). El quinto ( la antítesis) está constituido por figuras como el oxímoron ("Oscura claridad", "sombrío sol", "breve eternidad", es decir, cuando el adjetivo y el sustantivo son absolutamente opuestos), la ironía("Tengo excelentes alumnos; todos tienen 03"), la paradoja ("Cuando lleguen a dos mis dos maletas" -César Vallejo), la antítesis propiamente dicha ("Es herida que duele y no se siente" -Francisco de Quevedo) y la inversión o hipérbaton ("Del salón en el ángulo oscuro/ De su dueño tal vez olvidada/ Silenciosa y cubierta de polvo/ Veíase el arpa" -Gustavo Adolfo Bécquer).
Por último, el sexto (la repetición) comprende figuras como la aliteración ("En el silencio sólo se escuchaba/ un susurro de abejas que sonaba" -Garcilaso de la Vega), la paronomasia ("Fuego, juego de la noche", donde hay un mayor parecido entre las palabras que en el caso de la aliteración), el polisíndeton ("Hay mares y cielos y campanas y flores", abundancia de conjunciones), la anáfora ("El viento de la ciudad/ el viento verde", versos de Pablo Neruda, donde la repetición está al inicio de los versos, pero pudiera estar en las primera línea de una estrofa") la reduplicación ("Hay mares, mares, mares", repetición a lo largo de los versos), el quiasmo ("Amo al que me odia/ odio a quien me ama" (Sor Juana Inés de la CRuz), "Hemos pasado del imperio de la ley a la ley del imperio") y la sinonimia ("frágil" como sinónimo de "débil"). Todas las figuras que emplean el procedimiento de la repetición se sitúan en en este último campo figurativo.

lunes, mayo 28, 2007

ALBA/ BLANCA VARELA

Al despertar
me sorprendió la imagen que perdí ayer.
El mismo árbol en la mañana
y en la acequia
el pájaro que bebe
todo el oro del día.

Estamos vivos,
quién lo duda,
el laurel, el ave, el agua
y yo,
que miro y tengo sed.

De Luz de día (1960-1963)

Blanca Varela. Destacada poeta peruana de la generación del 50. Recientemente ha obtenido el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

domingo, mayo 27, 2007

¿CÓMO SE ANALIZA UN POEMA EN EL AULA?

Analizar un poema en un aula de educación secundaria no es cosa fácil. Como lo indicaba en un artículo (“Reflexiones sobre la enseñanza de la literatura”), el maestro ha de evitar tres errores: el biografismo (creer que la obra literaria es un fiel reflejo de la vida del autor), el contenidismo (reducir toda la complejidad del poema a los contenidos en él expresados) y el formalismo intransigente ( por ejemplo, hacer una mera lista de figuras literarias sin que estas sean articuladas a temas o a visiones del mundo). Pienso que para abordar un poema en un aula de educación secundaria, quizá debiéramos tomar en cuenta los pasos siguientes:

1)Activación de los conocimientos previos: no cabe duda de que todo aprendizaje implica que el nuevo conocimiento pueda entrar en correlación con los conocimientos previos que tiene el alumno. Si se trata de un poema sobre “Machu Picchu”, se podría empezar preguntando a los alumnos qué saben acerca de dicha ruina arqueológica. Si se analizará un texto sobre el amor, entonces pudiéramos indagar por los saberes previos que tienen los alumnos sobre la pieza teatral Romeo y Julieta;
2)Lectura silenciosa del poema: es importante que los alumnos realicen una lectura, en silencio, del discurso poético que será materia de interpretación;
3)Lectura en voz alta del poema: un poema de Pablo Neruda o de Garcilaso de la Vega posee un determinado ritmo y este debe ser apreciado por los educandos. En tal sentido, el profesor puede reforzar el conocimiento de la entonación leyendo el texto en voz alta;
4)Indagación por el tema o la idea central del poema: sabemos que existe una diferencia entre “tema” (frase nominal sin verbo conjugado) e “idea” (oración afirmativa o negativa que implica un juicio completo del hablante). En este caso, el profesor puede plantear la necesidad de reconocer bien sea el tema (“la honra de una mujer casada”, por ejemplo) o la idea (“el amor vence a la muerte”);
5)Análisis de las figuras literarias más relevantes: no se trata de un hacer una mera lista de metáforas o metonimias, sino de elegir las figuras fónicas (la aliteración, verbigracia), sintácticas (el hipérbaton, el polisíndeton, entre otras), semánticas (metáforas, metonimias y sinécdoques) o de pensamiento (la alegoría, por ejemplo) más importantes. El maestro debiera dosificar los ejemplos y, sobre todo, relacionar la figura literaria con la visión del mundo que porta el texto poético;
6)Análisis y valoración de la visión del mundo del poeta: es decir, cuál es la ideología que subyace al poema. He ahí el objetivo final del análisis: valorar la riqueza de la cosmovisión del poeta.
El análisis literario quizá debiera estar enlazado a la producción de textos escritos. Por ejemplo, hacer que los alumnos creen un cuento o un dibujo u otro poema a partir de lo que afirma el poeta. De esa manera, enseñar literatura se convierte en un apasionante ritual lúdico, donde lo importante es jugar con las palabras y sentir el goce de leer apreciando la belleza de una obra artística.

jueves, mayo 24, 2007


LA RETÓRICA GENERAL TEXTUAL (IV)

A partir de los años ochenta surge en Europa un enfoque que cuestiona la Retórica restringida y que tiene en Antonio García Berrio, Tomás Albaladejo y Stefano Arduini a sus más importantes representantes. Se trata de la denominada Retórica General Textual, que ve la necesidad de retomar el enfoque totalizante aristotélico. Se trata de recobrar los lazos entre la inventio, la dispositio y la elocutio, es decir, entre el mundo de las ideologías, la estructura y el estilo. En la Retórica restringida se analizaban las figuras literarias (que forman parte de la elocutio) un tanto al margen del universo de las ideas, ahora con la Retórica General Textual se hablará de una metáfora articulada a la estructura del poema (la dispositio) y a la cosmovisión (la inventio) que porta el poema. En otras palabras se busca un visión más integradora de todos los ámbitos de la Retórica. No cabe duda de que Stefano Arduini, en Prolegómenos a una teoría general de las figuras (2000), plantea algunas categorías fundamentales que cuestionaban los parámetros de la Retórica restringida que tenía en Pierre Fontanier (tratadista francés del siglo XIX) y en el Grupo Mi (conjunto de investigadores de la Universidad de Lieja, en Bélgica) a sus más ilustres representantes. Para superir el enfoque restringido, Arduini formula la idea de campo retórico, entendido como una vasta área de experiencias adquiridas por los individuos y la sociedad. Hay campos retóricos amplios como el de la cultura francesa; y otros más restringidos como el de la poesía simbolista francesa. En tal sentido, toda metáfora debiera estudiarse de acuerdo con el campo retórico correspondiente. Por ejemplo, una metáfora de André Breton solo tendría sentido pleno en el ámbito del campo retórico de la poesía surrealista de lengua francesa. Una antítesis de Francisco de Quevedo se entiende de manera cabal si se sitúa en el campo retórico de la poesía barroca española. Así, Arduini abre la posibilidad no solo del estudio de los vastos contextos culturales, sino también del proceso de recepción de los textos literarios porque abordar el estudio de los campos retóricos significa también preguntarse cómo ha sido la recepción de los textos poéticos en determinadas épocas. Verbigracia, ¿cuál ha sido la recepción de la poesía de César Vallejo en los años setenta? Porque si nos preguntamos por las experiencias adquiridas por el individuo y la sociedad, entonces no podemos obviar el análisis del proceso de recepción de un poemario en determinada época. En un siguiente artículo, explicaré el concepto de campo figurativo, planteado por Arduini, lingüista del Universidad de Urbino.

domingo, mayo 20, 2007

POEMAS DE NUESTROS LECTORES

He recibido numerosos poemas de escritores jóvenes. Estoy procediendo a la selección de uno o dos textos por autor. Indudablemente se trata de autores que están comenzando en la dura travesía de la creación literaria.

PPPXI/JESÚS SOLÍS GÓMEZ

Aquí

al otro lado del océano

sobre otra tierra

te veo

entre los ojos del cielo

te veo

y no recorro la distancia

solo te veo

aquí no existes

aquí a veces tu voz

tu voz que veo

tu voz es la luz que parte el cielo

aquí no estás

tú no estás

al otro lado del océano

tu voz camina sobre el agua.


Jesús Solís Gómez. Poeta peruano, nacido en 1983. Estudia Literatura en la Universidad de San Marcos.


LA ALMENARA/ LUIS LEÓN


ya ardido en mientes probado estuve
sin resuelta procurada que quise hallar,
en umbral esperado creí un momento estar
mas un derroche de ficción fue sólo lo que tuve...

¡pero qué creído en placer me vi!
palpando aroma azufrado estaba mi tacto
¡amplia distensión! ¡mi cuerpo era un rapto
del flameo!, visión a la que otra vez diría: sí

¡ah! ¡ya todos los sinsabores de la ilusión creé!
alguna vez bien me dispusieron de buen alivio,
tan cubierto en aquella lisonja yo presencié
las menores subliminidades de grandes atavíos

... ¡y ya fin al final de bogar sobre lomo de humo!
andante tropiezo en cabalgata ya cansada,
despacia y yacente, mente casi disfrazada
de pliegues que bullen un mosaico como ninguno;

pues manos a cerillas... y va cuerpo a la fragua
que se dirige al lugar lozano de carbón,
presta la ansia de verme hundido en inmersión
danzan los pasos en camino a la estancia que cuaja.

Luis León (Lima,1983). Ha escrito un poemario -aún inédito- titulado Absolutamente nada. Colabora con la revista literaria Argonautas.

sábado, mayo 19, 2007


LA RETÓRICA RESTRINGIDA (III)

Según Paul Ricoeur (La metáfora viva), la Retórica, en la modernidad, fue reduciendo su campo de acción. Para Aristóteles, la Retórica debía tener una dimensión filosófica e incluía no solo las figuras retóricas, sino también el estudio del talante (carácter) del orador, de los géneros y de los tipos de argumentos y de pruebas. Sin embargo, en la edad moderna, la Retórica fue reduciéndose a la elocutio (parangonable, aproximadamente, a lo que hoy entendemos como el estilo), es decir, se dejó de lado el estudio de la inventio (ligada profundamente al análisis de las ideologías) y se profundizó en el abordaje de los componentes estilísticos de un poema, de manera que estos últimos se explicaron (de acuerdo con el punto de vista de la Retórica restringida) al margen de la cosmovisión. Pongamos un ejemplo. Se trataba de explicar el estilo de Garcilaso de la Vega sin ninguna conexión con los aspectos ideológicos que portaba el texto.
No obstante, la reducción fue aún mayor. La elocutio pasó a ser únicamente sinónimo de los tropos (figuras de tipo semántico, como la metáfora, por ejemplo). En otras palabras, se restringió aún más el campo de la Retórica: de la elocutio quedaron solamente los tropos. No se dio peso a las figuras fónicas (como la aliteración, por ejemplo) ni a las sintácticas. Se hablaba exclusivamente de figuras literarias, ligadas a ciertos aspectos semánticos. Demos un ejemplo. Hacer un análisis retórico era simplemente distinguir los desvíos producidos por una figura como la sinécdoque (donde, según los tratadistas, está la parte en vez del todo: la “mano” en vez del “ser humano”) en un poema de César Vallejo.
La última reducción fue obra de Roman Jakobson, quien habló únicamente de dos figuras literarias: la metáfora y la metonimia. La primera operaba, según él, sobre la base del principio de la semejanza; en cambio, la segunda, a partir de la relación de contigüidad (proximidad de una cosa a otra: “bala” en vez de “fusil”, por ejemplo, en la expresión “mis balas permitirán vencer al enemigo”).
Resumiendo, podemos dar cuenta de las siguientes restricciones del campo de la Retórica:
1.De la retórica de las cinco partes (inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio) a la de una sola parte (elocutio);
2:De la retórica de la elocutio a la de las figuras literarias;
3:De la retórica de las figuras literarias a la de los tropos, y
4.De la retórica de los tropos a la de la metáfora y de la metonimia.
Así se dejó de lado el estudio de las ideologías y de los contextos culturales. Por eso, creo que es necesario superar el enfoque restringido para desarrollar una Retórica que permita el abordaje de la cosmovisión del poeta y de los contextos de la más variada índole. De ahí el surgimiento de una Retórica General Textual, de la cual hablaré en un artículo que escribe próximamente.

martes, mayo 15, 2007


UNA NOVELA NOTABLE DE CARLOS GARAYAR

Es quizá algo difícil para mí hablar de Carlos Garayar (Lima, 1949) con gran objetividad. Fue mi profesor de literatura griega en la Universidad de San Marcos hace veinticinco años. Recuerdo mucho sus clases donde, con inusitada erudición, abordaba La Ilíada o una tragedia de Sófocles. Siempre fue, para nosotros, un modelo de maestro por la gran preparación de sus clases y por esa amplitud de criterio que poseía. Años después fue el asesor de mi tesis sobre la poesía de Emilio Adolfo Westphalen. Recuerdo que el rigor presidía sus observaciones. Hizo que me sumergiera en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional para buscar los artículos que se habían publicado sobre Las ínsulas extrañas en los años treinta. Creo que, con Carlos Garayar, aprendí a investigar.
Hoy acabo de concluir con la lectura de El cielo sobre nosotros (2007), su primera novela. Narra la historia de un amor entre una enfermera y Juan Siélac, un enfermo de tuberculosis.
Estoy gratamente sorprendido. Me cautiva de la novela el tono que ha logrado imprimir al relato, la atmósfera, la caracterización psicológica de los personajes y, sobre todo, el manejo diestro de la descripción. Garayar hace gala de esta última:

“Porque transcurrieron mayo, julio, agosto, el verano se volvía cada vez más fuerte y el calor en el pabellón sería insoportable, con ese techo de calamina que haría hervir el aire, y el tísico seguía ahí, sobreviviendo. A media mañana, la enfermera descorría la cortina para que entrara un poquito de viento, y al anochecer la volvía a correr, y entonces ella y el polaco, con la luz apagada, protegidos por ese pedazo de tela, se sentaban frente a la ventana. Los vecinos salían a la vereda para refrescarse del bochorno e inevitablemente miraban hacia allá y, si aguzaban la vista, a veces conseguían adivinar el lento vuelo de un abanico surcando la oscuridad de esa ventana que era un hueco negrísimo aun en las noches de luna; y más tarde, si alguno se quedaba hasta las once o las doce esperando que el calor bajara, veía la sombra blanquecina de la enfermera que se alejaba cabizbaja a través del pastizal, y ahí sí ellos, francamente, ya no sabían qué pensar.”

Es interesante el vuelo metafórico que se desliza en esta descripción. Hay que decirlo sin ambages: Garayar ha escrito una novela notable.
(Foto: cortesía de Perú21)

lunes, mayo 14, 2007


LAS PARTES DE LA RETÓRICA COMO ARTE (II)

La estructura del discurso judicial llevó a la Retórica (fuente de la estilística moderna y de algunas tendencias de la teoría literaria actual) a precisar las partes de la disciplina. En tal sentido, la Retórica posee cinco partes: la inventio, la dispositio, la elocutio, la memoria y la actio. Para la Retórica grecolatina, la inventio implica la búsqueda de "temas" que están alojados en los denominados loci (lugares presentes en la memoria). Posteriormente, en el mundo moderno, la inventio se comenzó a ligar estrechamente con la ideología que porta un texto poético. La dispositio se asocia a la noción de estructura, pues el discurso judicial debe poseer, según ciertos tratadistas clásicos, introducción, narración, una argumentación y una peroración final. Por su parte, la elocutio se vincula con la idea de estilo y enfatiza la necesidad del empleo de las figuras retóricas. Tradicionalmente, las figuras se clasificaban en figuras fónicas (la aliteración, verbigracia, presente en los siguientes versos del poeta toledano Garcilaso: "En el silencio sólo se escuchaba/un susurro de abejas que sonaba"), sintácticas (el hipérbaton o cambio del orden de los componentes de la oración, entre otras figuras), semánticas (la metáfora, la metonimia, entre otros recursos) y de pensamiento (la alegoría, por ejemplo, que implica una especie de cuestionamiento de nuestra forma habitual de concebir el mundo). La memoria (cuarta parte de la Retórica) que enfatiza la necesidad de saber el discurso sin necesidad de un apoyo de tipo visual. Por último, la actio que es la manera como ejecutamos el discurso frente al público a fin de cumplir con el propósito persuasivo.
Indudablemente, en la Retórica moderna comenzó a desarrollar mucho más la elocutio (las figuras retóricas, en particular) y se perdió la visión totalizante
que tenía Aristóteles acerca de la Retórica de raigambre filosófica. Pero ese tema será materia del tercer artículo que escribiré posteriormente.

sábado, mayo 12, 2007


LA RETÓRICA: ¿BANALIDAD O EJERCICIO DEL CONOCIMIENTO? (I)


Se suelen emplean expresiones como “ese poema es muy retórico” o “en ese discurso abunda la retórica”. En ambos casos se desliza la idea de que el término “retórica” adquiere un ostensible matiz peyorativo, pues alude al exceso de palabras y a la falta de ideas en el más estricto sentido del término.
Sin embargo, la Retórica es un saber que tuvo un origen judicial y nació en el siglo V, antes de nuestra era, en Siracusa. Puede definirse como un arte o una ciencia. En el primer caso, se trata de una praxis artística, destinada a persuadir al público y que tiene su primer modelo en el discurso de la defensa en el ámbito judicial. Es decir, hablamos de una praxis retórica cuando el orador, a través del uso de la palabra hablada, busca convencer a sus receptores sobre la base de las pruebas que emplea para verificar sus argumentos. En el segundo caso, la retórica es una teoría que empezó centrada en el estudio del discurso del orador y que luego puso énfasis, fundamentalmente, en el análisis de los textos artísticos, aunque también hay trabajos que abordan el funcionamiento argumentativo de los discursos políticos y de aquellos que se producen en el ámbito del derecho. Sin embargo, la retórica como teoría y praxis no constituye una mera banalidad sino un ejercicio del conocimiento. Ha proveído de una gran cúmulo de conocimientos a las ciencias humanas, de ahí que su actualidad sea indiscutible.

viernes, mayo 11, 2007

TOY/ BLANCA VARELA

made in japan
nunca hizo el amor bajo el limo
ni tiene el vientre verde y jabonoso de su estirpe

ni vivo ni muerto
este cocodrilo
me llena de lágrimas de cocodrilo

de Valses y otras falsas confesiones (1964-1971)

jueves, mayo 10, 2007


BLANCA VARELA GANA PREMIO REINA SOFÍA

La noticia me llega por medio de La jornada de México. La poeta peruana Blanca Varela acaba de obtener el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, convocado por el Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca. Es una de las grandes figuras de la poesía peruana de los años cincuenta. Creo que Valses y otras falsas confesiones y Ese puerto existe son libros imprescindibles de la literatura hispanoamericana. Más información al respecto en el siguiente link:http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2007/05/10/gana-blanca-varela-premio-reina-sofia-de-poesia-iberoamericana

martes, mayo 08, 2007

EL PREMIO NACIONAL PUCP 2007

Se han dado a conocer los resultados del Premio Nacional PUCP 2007. Creo que es digno de elogio que una institución tan prestigiosa como la Pontificia Universidad Católica del Perú convoque dicho concurso para estimular a los nuevos valores en el campo de la poesía, la novela y el ensayo. Lo que sí me deja algo sorprendido es que el primer lugar en novela haya quedado desierto y se haya decidido dar dos menciones especiales en ese género. Si se confieren las dos últimas, ello quiere decir que estas dos obras (Agonía, de Juan Carlos Galdo Marin y Diario escolar, de Harol Gerzon Gastelú Palomino) tienen suficiente calidad. Nadie duda de la honorabilidad y calidad intelectual de los miembros del jurado; sin embargo, mi opinión es que, considerando que se trata de novelistas que están empezando en el duro camino de la creación literaria, se pudiera haber optado por darle el premio a uno de los jóvenes escritores a quienes se le ha otorgado una mención especial o dividir el premio entre los dos finalistas o, si no fuera posible, declarar todo desierto. La novela es un género que exige madurez y este galardón es para jóvenes autores. La pregunta es la siguiente: ¿cómo se siente alguien al recibir una mención especial si sabe que el primer lugar quedó desierto?
De otro lado, felicito sinceramente a todos los galardonados sin excepción y también a la PUCP por esta convocatoria destinada a promover la creación literaria en nuestro país. Creo que todas las universidades debieran incentivar la creatividad artística e intelectual, pues así se estimula lo mejor de nosotros mismos.

sábado, mayo 05, 2007


LOS REINOS IMAGINARIOS /Discurso del poeta Selenco Vega al recibir el Premio Copé de Oro 2006

Señores de Petroperú, amigos todos:


En marzo de 1570, Gómez Suárez de Figueroa, uno de los primeros mestizos peruanos llegados a España, se alistó en el ejército del rey Felipe II. La razón: combatir contra un grupo de moriscos que se había sublevado en el sitio de Las Alpujarras, Granada, reivindicando sus antiguos derechos musulmanes. El mestizo tenía treinta años, era pequeño de estatura y su rostro cobrizo poco o nada hacía recordar a su padre, un célebre conquistador español de quien, meses antes, había adoptado el nombre, nombre con el que pasaría a la posteridad: Garcilaso de la Vega.
Ni los historiadores más acuciosos saben a ciencia cierta lo que ocurrió en aquella campaña militar con nuestro compatriota: lo único cierto es que allí obtuvo la insignia de Capitán, grado que llevó con orgullo hasta su muerte. Es fácil imaginar que, emulando el valor de su padre, mató muchos moriscos en leales combates cuerpo a cuerpo, que defendió con honor la bandera del rey cristiano a quien juró fidelidad, que socorrió a compañeros heridos, como es de esperarse en campañas militares de esta naturaleza. Eso sería lo más obvio. Y sin embargo, en la vida de todo individuo siempre existen regiones oscuras, vastos médanos mentales que permanecen escondidos detrás de una bruma que es difícil develar o comprender.
Por ejemplo, cómo olvidar que Garcilaso fue, en esencia, un ser marginado en la España de su tiempo, que vivió su situación de mestizo enfrentándose cotidianamente a la incomprensión y al rechazo de la gente. Nunca fue reconocido por su padre, viajó a España en busca de unos derechos hereditarios que jamás pudo hacer valer. Incluso antes, desde su propio nacimiento, su condición de mestizo lo sumió en la encrucijada de dos razas enfrentadas por la Conquista. Él era el resultado de ese cruce violento, uno de los primeros vástagos nacidos del encuentro entre un español y una india, entre el conquistador y el conquistado del Nuevo Mundo. Es inevitable suponer que el niño Gómez Suárez presenció el maltrato de sus hermanos indígenas a manos de la rama paterna de su sangre. En esta situación difícil, ¿con cuál de las dos razas identificarse? Se sabe que vivió sus primeros años criado por sus parientes maternos, en un ambiente donde todo respiraba aun el pesar por ese reino de piedra que el tiempo acababa de liquidar para siempre. ¿No cabía esperar, entonces, que depositara sus afectos más íntimos en aquel pueblo vencido cuyo idioma fue el primero que aprendió a hablar y a querer?
Fue un viejo maestro sanmarquino, Pablo Guevara, el primero que me hizo reflexionar sobre estas cosas. Mis palabras anteriores son, en buena parte, un resumen de historias que él me contó, sentados en una banca del Patio de Letras de San Marcos. Lo recuerdo con su rostro de ojos saltones y palabras rapidísimas, hablándome de Garcilaso en la campaña de las Alpujarras. Guevara fue el primero a quien oí preguntarse, en voz alta, cómo reaccionaría el mestizo combatiendo frente a individuos que, en más de un punto, eran similares a la rama vencida de su sangre. En efecto, los moriscos de Granada descendían de aquellos moros que habían sido derrotados en el tiempo de la Reconquista. Así como la gente del Cusco, los moriscos tenían la piel aceitunada, la nariz aguileña y el pelo azabache y liso. Así como los incas, los moriscos vivían en una situación de completa subordinación ante el poder español y ante una religión que, históricamente, no era la suya.
Creo que también fue Guevara el autor de esa frase que se ha grabado intensamente en mi memoria: “Cuando la Historia cierra los ojos, la Literatura los abre y comienza a fabular”. Él, que era poeta y cineasta, pero no narrador, me decía que, ante la falta de registros históricos, le hubiera gustado leer alguna vez un relato que planteara una respuesta posible a este pasaje borroso de la vida de Garcilaso. ¿Le fue sencillo matar moriscos con las mismas armas con las que los conquistadores mataron a sus parientes maternos? ¿Logró identificarse, alinearse sin problemas con sus compañeros españoles de mesnada? ¿O acaso un conflicto de consecuencias insospechadas se originó en su mente de mestizo durante esa campaña militar que la Historia bautizó como la Guerra de Las Alpujarras?
El cuento que presenté al Premio Copé 2006 y que, para mi sorpresa, fue considerado el mejor por un jurado exigente donde destacan mis ex profesores sanmarquinos Carlos Eduardo Zavaleta, Antonio Gálvez Ronceros y Eduardo Hopkins, además de Pedro Cateriano y Manuel López, intenta ser una respuesta a aquella inquietud de Pablo Guevara. Suerte de la literatura: sus características especiales le permiten ingresar sin problemas en aquellos terrenos vedados a los discursos de las ciencias sociales. Allí donde, por falta de registros verificables, ninguna disciplina humanística puede explicar nada, la literatura encuentra sus mayores posibilidades de éxito. Cegada por la luz nefasta de sus propias limitaciones como ciencia, la Historia cierra los ojos; entonces, la Literatura los abre y comienza a construir sus maravillosos reinos imaginarios.
Relaciono los momentos más felices de mi vida con el género cuento. Aprendí a conocer el mundo gracias a ellos. Fueron cuentos los que, sentados a la mesa familiar, nos contaba mi tía Blanca (la mejor fabuladora oral que he conocido; ella sabía contarlos con la voz, con los gestos de sus manos, con las transformaciones inverosímiles de su rostro, con la fuerza y el coraje de su corazón extraordinario). También fueron cuentos los primeros textos que leí y que me acompañarán para siempre: los cuentos fantásticos de Poe, que gustaba leer a media luz, los realistas de Guy de Maupassant y Antón Chejov, los detectivescos de Arthur Conan Doyle, los urbanos de Ribeyro y Oswaldo Reynoso. Ha sido un cuento el que, curiosamente, me ha reunido esta noche feliz con amigos de años, con familiares, con gente querida a la que no veía hacía tiempo.
A propósito de mi relación con el género cuento, quisiera volver un instante al entrañable recuerdo de Pablo Guevara. El primero de noviembre del 2006, Día de todos los Muertos, el autor de Un iceberg llamado Poesía, Premio Copé de Oro 1997, nos dejó para siempre. Todos los que lo conocimos extrañaremos ver su cuerpo menudo cruzar raudamente por el Patio de Letras de San Marcos, mascullando entre dientes un nuevo verso inmortal o una de aquellas ideas –extravagantes o extraordinarias- que asomaban constantemente a su boca. Yo, que relaciono el género cuento con los momentos más felices de mi vida, no puedo dejar de sentir una profunda tristeza al saber que Pablo no podrá leer jamás mi relato, un relato que, en cierto modo, tuvo en él su génesis y su posterior concreción. En medio del dolor por la muerte del maestro y amigo, al menos me queda el consuelo de imaginar que sí, que para su generoso corazón, tal vez mi modesta versión de Garcilaso en la guerra de Las Alpujarras habría dejado satisfecho.
Agradezco a Petroperú por este premio, el más importante que se entrega en nuestro país. En un medio donde el apoyo a la creación literaria es casi nula, resulta gratificante saber que, desde hace 27 años, existe el tradicional premio Copé, ganado por autores de la talla de Oscar Colchado, Gregorio Martínez y Wáshington Delgado. Aquellos que, como yo, se sienten atraídos por ese reino imaginario del cuento, esperan confiadamente la convocatoria a una nueva versión del Copé. Todos, jóvenes y viejos, varones y mujeres, desempolvan entonces sus manuscritos con una mezcla de fervor, inquietud y esperanza y se sumergen, como tantas otras veces, en un paciente proceso de corrección sin concesiones. Quién sabe, en el reino de la Literatura todo es posible: no nos extrañe que un día de marzo recibamos una importante llamada anunciándonos que hemos ingresado, por fin, a ese privilegiado grupo de ganadores y finalistas de la Bienal de Cuento de Petroperú.

Muchas gracias.
(Foto: cortesía de La República)