sábado, junio 16, 2007


JORGE LUIS BORGES Y EL PREMIO NOBEL QUE NUNCA LLEGÓ

Los premios son importantes como estímulos para los escritores, pero ningún verdadero poeta o novelista puede escribir simplemente para obtener algún galardón, sino porque la escritura es imprescindible para él. Como decía Enrique Lihn: “porque escribí, porque escribí estoy vivo”. El caso del Premio Nobel jamás adjudicado a Jorge Luis Borges motiva un post de Gustavo Faverón, en “Puente Aéreo”, donde da a conocer un artículo de Gabriel García Márquez, quien fecha, en 1976, el día en que la Academia Sueca vio con muy malos ojos la condecoración que Borges recibió de Pinochet. Según el artífice de Cien años de soledad, ese día, prácticamente, el genial escritor argentino perdió la posibilidad de obtener la tan anhelada distinción. La pregunta es si tal error político de Borges puede hacer mella en la calidad de sus ensayos o cuentos o poemas. En mi opinión, no. Todo lector de una obra literaria sabe que debe, por principio, separar al autor real del narrador que cuenta un relato. Y si hablamos de la ideología de un poema, nos referimos a la cosmovisión que subyace a este último y no a la que el autor real tuvo como personaje público. Entender la literatura como ficción es entrar en el juego de que las palabras construyen un referente propio que si bien tiene alguna relación con el referente real, no deja de tener una cierta autonomía y dibujar un mundo donde preponderan la fantasía y la libertad.
Que Borges no haya ganado el Nobel no tiene mayor importancia. Creo que es, indiscutiblemente, uno de los escritores latinoamericanos que más ha influido de modo poderoso en la cultura europea. En él siempre he visto a un desmitificador: alguien que juega irónicamente con la filosofía occidental. Schopenhauer o Berkeley, evocados por el genial autor de Ficciones, siempre me provocan una amable y respetuosa sonrisa. Tal vez ese tono irónico subraye la especificidad de la cultura latinoamericana. Como si nosotros, a veces, tuviéramos la costumbre de ironizar los grandes mitos de la cultura occidental como el de la democracia representativa o de la justicia. Mitos porque encubren formas refinadas de control por parte de los que monopolizan el discurso del poder.

8 comentarios:

roy vega jácome dijo...

Borges es un gran escritor. Sus cuentos, lo mejor de su obra, poseen esa magia de transmitir angustias metafísicas que todo hombre alguna vez se ha preguntado durante su existencia. El lenguaje por otro lado, es un instrumento que el autor agentino maneja con prolijidad y a su antojo. Ninguna palabra sobra ni falta en los cuentos de Borges, todas encajan a la perfección, dando a los cuentos del maestro una estructura única. Por último, la prosa poética que utiliza -por ejemplo en "Las ruinas circulares" o "La casa de Asterión", mis cuentos predilectos-muestra esa cadencia, ese ritmo propio que se alcanza solamente con la maduración y el trabajo constante. Lástima que nunca ganó un Nobel, pero pienso que los grandes escritores no son aquellos que amontonan cerros de premios. ¿O acaso a Vallejo lo premiaron alguna vez, o a Eguren? El autor trasciende por su obra, y según mi parecer, Borges ha alcanzado con creces esa aspiración.

Anónimo dijo...

Buen comentario, Roy. Demuestras tu admiración hacia Borges, pero lo haces sin abusar de los adjetivos rimbombantes. Concuerdo contigo en que los premios no hacen a un escritor. Es más, a veces un premio se prestigia precisamente gracias a los nombres de los premiados. ¿Te imaginas el Nobel ganado por Borges, Joyce, Vallejo, Kafka? Qué gran cosa hubiera sido, ¿no?

Camilo Fernández Cozman dijo...

Hola, Roy:
Creo que si bien los cuentos de Borges son obras maestras, pienso que los ensayos del genial escritor argentino están en el mismo nivel. Hay que leer "Otras inquisiciones" para percibir la maestría Borges, uno de los grandes ensayistas de dimensión universal.

Anónimo dijo...

Es cierto que muchos extraordinarios poetas y novelistas del siglo que pasó jamás obtuvieron premios. Me pregunto si los premios de hoy no obedecen a ciertos intereses de grupo, ¿usted qué opina?

Anónimo dijo...

Camilo:
citas al Borges ensayista y lo pones al mismo nivel que el Borges narrador. ¿Y qué pasa con el poeta? A mí Borges me gusta principalmente por su poesía. No me refiero a Fervor de Buenos Aires, un buen intento inicial, sino a lo que vino después. Su maestría en el manejo del ritmo y el sostenido aliento de sus versos, tan cercano a lo conversacional, son uno de los grandes logros de la poesía Argentina de todos los tiempos.

Camilo Fernández Cozman dijo...

Estimado amigo anónimo:
Efectivamente, la poesía de Borges es de altísimo nivel. Creo que "Elogio de la sombra" es uno de los grandes poemarios de la lengua castellana.

El Dueño de sus Cajones dijo...

Tambièn tuve mi època Borgiana y siempre considerè que su trabajo, majestuoso y ùnico, merecìa este reconocimiento.
Tu artìculo me devuelve esa antigua fascinaciòn.

Ricardo Alejandro Hidalgo Campos dijo...

Borges fue, al principio, un relato que aparecía casi al final de mi libro de Literatura en aquel cada vez más lejano año de 1994. El título se refería a un lugar que podía ser, también, el viento o un oscuro sueño: "El Sur". Luego vinieron las lecturas universitarias -tediosas y olvidables, por lo general-; pero la certeza poderosa de un mundo cercano a la perfección me salvaba de la angustia: eran Borges y sus palabras, su sabiduría -irónica y tierna a la vez-, su promesa de redención y su hermosa, digna y eterna soledad. Sólo se me ocurre un consejo para todos aquellos que recurren a él por vez primera: cuando lo lean, no piensen, no mediten, no reflexionen, no filosofen. Cuando lo lean -y ésta es la única condición para entenderlo-, sólo imaginen. Y jamás olviden que Borges es maravillosamente sencillo y transparente.