sábado, mayo 05, 2007


LOS REINOS IMAGINARIOS /Discurso del poeta Selenco Vega al recibir el Premio Copé de Oro 2006

Señores de Petroperú, amigos todos:


En marzo de 1570, Gómez Suárez de Figueroa, uno de los primeros mestizos peruanos llegados a España, se alistó en el ejército del rey Felipe II. La razón: combatir contra un grupo de moriscos que se había sublevado en el sitio de Las Alpujarras, Granada, reivindicando sus antiguos derechos musulmanes. El mestizo tenía treinta años, era pequeño de estatura y su rostro cobrizo poco o nada hacía recordar a su padre, un célebre conquistador español de quien, meses antes, había adoptado el nombre, nombre con el que pasaría a la posteridad: Garcilaso de la Vega.
Ni los historiadores más acuciosos saben a ciencia cierta lo que ocurrió en aquella campaña militar con nuestro compatriota: lo único cierto es que allí obtuvo la insignia de Capitán, grado que llevó con orgullo hasta su muerte. Es fácil imaginar que, emulando el valor de su padre, mató muchos moriscos en leales combates cuerpo a cuerpo, que defendió con honor la bandera del rey cristiano a quien juró fidelidad, que socorrió a compañeros heridos, como es de esperarse en campañas militares de esta naturaleza. Eso sería lo más obvio. Y sin embargo, en la vida de todo individuo siempre existen regiones oscuras, vastos médanos mentales que permanecen escondidos detrás de una bruma que es difícil develar o comprender.
Por ejemplo, cómo olvidar que Garcilaso fue, en esencia, un ser marginado en la España de su tiempo, que vivió su situación de mestizo enfrentándose cotidianamente a la incomprensión y al rechazo de la gente. Nunca fue reconocido por su padre, viajó a España en busca de unos derechos hereditarios que jamás pudo hacer valer. Incluso antes, desde su propio nacimiento, su condición de mestizo lo sumió en la encrucijada de dos razas enfrentadas por la Conquista. Él era el resultado de ese cruce violento, uno de los primeros vástagos nacidos del encuentro entre un español y una india, entre el conquistador y el conquistado del Nuevo Mundo. Es inevitable suponer que el niño Gómez Suárez presenció el maltrato de sus hermanos indígenas a manos de la rama paterna de su sangre. En esta situación difícil, ¿con cuál de las dos razas identificarse? Se sabe que vivió sus primeros años criado por sus parientes maternos, en un ambiente donde todo respiraba aun el pesar por ese reino de piedra que el tiempo acababa de liquidar para siempre. ¿No cabía esperar, entonces, que depositara sus afectos más íntimos en aquel pueblo vencido cuyo idioma fue el primero que aprendió a hablar y a querer?
Fue un viejo maestro sanmarquino, Pablo Guevara, el primero que me hizo reflexionar sobre estas cosas. Mis palabras anteriores son, en buena parte, un resumen de historias que él me contó, sentados en una banca del Patio de Letras de San Marcos. Lo recuerdo con su rostro de ojos saltones y palabras rapidísimas, hablándome de Garcilaso en la campaña de las Alpujarras. Guevara fue el primero a quien oí preguntarse, en voz alta, cómo reaccionaría el mestizo combatiendo frente a individuos que, en más de un punto, eran similares a la rama vencida de su sangre. En efecto, los moriscos de Granada descendían de aquellos moros que habían sido derrotados en el tiempo de la Reconquista. Así como la gente del Cusco, los moriscos tenían la piel aceitunada, la nariz aguileña y el pelo azabache y liso. Así como los incas, los moriscos vivían en una situación de completa subordinación ante el poder español y ante una religión que, históricamente, no era la suya.
Creo que también fue Guevara el autor de esa frase que se ha grabado intensamente en mi memoria: “Cuando la Historia cierra los ojos, la Literatura los abre y comienza a fabular”. Él, que era poeta y cineasta, pero no narrador, me decía que, ante la falta de registros históricos, le hubiera gustado leer alguna vez un relato que planteara una respuesta posible a este pasaje borroso de la vida de Garcilaso. ¿Le fue sencillo matar moriscos con las mismas armas con las que los conquistadores mataron a sus parientes maternos? ¿Logró identificarse, alinearse sin problemas con sus compañeros españoles de mesnada? ¿O acaso un conflicto de consecuencias insospechadas se originó en su mente de mestizo durante esa campaña militar que la Historia bautizó como la Guerra de Las Alpujarras?
El cuento que presenté al Premio Copé 2006 y que, para mi sorpresa, fue considerado el mejor por un jurado exigente donde destacan mis ex profesores sanmarquinos Carlos Eduardo Zavaleta, Antonio Gálvez Ronceros y Eduardo Hopkins, además de Pedro Cateriano y Manuel López, intenta ser una respuesta a aquella inquietud de Pablo Guevara. Suerte de la literatura: sus características especiales le permiten ingresar sin problemas en aquellos terrenos vedados a los discursos de las ciencias sociales. Allí donde, por falta de registros verificables, ninguna disciplina humanística puede explicar nada, la literatura encuentra sus mayores posibilidades de éxito. Cegada por la luz nefasta de sus propias limitaciones como ciencia, la Historia cierra los ojos; entonces, la Literatura los abre y comienza a construir sus maravillosos reinos imaginarios.
Relaciono los momentos más felices de mi vida con el género cuento. Aprendí a conocer el mundo gracias a ellos. Fueron cuentos los que, sentados a la mesa familiar, nos contaba mi tía Blanca (la mejor fabuladora oral que he conocido; ella sabía contarlos con la voz, con los gestos de sus manos, con las transformaciones inverosímiles de su rostro, con la fuerza y el coraje de su corazón extraordinario). También fueron cuentos los primeros textos que leí y que me acompañarán para siempre: los cuentos fantásticos de Poe, que gustaba leer a media luz, los realistas de Guy de Maupassant y Antón Chejov, los detectivescos de Arthur Conan Doyle, los urbanos de Ribeyro y Oswaldo Reynoso. Ha sido un cuento el que, curiosamente, me ha reunido esta noche feliz con amigos de años, con familiares, con gente querida a la que no veía hacía tiempo.
A propósito de mi relación con el género cuento, quisiera volver un instante al entrañable recuerdo de Pablo Guevara. El primero de noviembre del 2006, Día de todos los Muertos, el autor de Un iceberg llamado Poesía, Premio Copé de Oro 1997, nos dejó para siempre. Todos los que lo conocimos extrañaremos ver su cuerpo menudo cruzar raudamente por el Patio de Letras de San Marcos, mascullando entre dientes un nuevo verso inmortal o una de aquellas ideas –extravagantes o extraordinarias- que asomaban constantemente a su boca. Yo, que relaciono el género cuento con los momentos más felices de mi vida, no puedo dejar de sentir una profunda tristeza al saber que Pablo no podrá leer jamás mi relato, un relato que, en cierto modo, tuvo en él su génesis y su posterior concreción. En medio del dolor por la muerte del maestro y amigo, al menos me queda el consuelo de imaginar que sí, que para su generoso corazón, tal vez mi modesta versión de Garcilaso en la guerra de Las Alpujarras habría dejado satisfecho.
Agradezco a Petroperú por este premio, el más importante que se entrega en nuestro país. En un medio donde el apoyo a la creación literaria es casi nula, resulta gratificante saber que, desde hace 27 años, existe el tradicional premio Copé, ganado por autores de la talla de Oscar Colchado, Gregorio Martínez y Wáshington Delgado. Aquellos que, como yo, se sienten atraídos por ese reino imaginario del cuento, esperan confiadamente la convocatoria a una nueva versión del Copé. Todos, jóvenes y viejos, varones y mujeres, desempolvan entonces sus manuscritos con una mezcla de fervor, inquietud y esperanza y se sumergen, como tantas otras veces, en un paciente proceso de corrección sin concesiones. Quién sabe, en el reino de la Literatura todo es posible: no nos extrañe que un día de marzo recibamos una importante llamada anunciándonos que hemos ingresado, por fin, a ese privilegiado grupo de ganadores y finalistas de la Bienal de Cuento de Petroperú.

Muchas gracias.
(Foto: cortesía de La República)

11 comentarios:

Camilo Fernández Cozman dijo...

Interesante discurso, Selenco. Muy emotivo el recuerdo de la figura de Pablo Guevara.

roy vega jácome dijo...

Sí, excelente discurso. Y escucharlo en vivo fue lo mejor.

Camilo Fernández Cozman dijo...

Me parece que hay un lazo entre el cuento, la historia y la literatura.

Diego Alonso dijo...

Selenco, la historia parece buena; me gustaría leerla (¿cuándo la publica Petroperú?).
Pablo MAcera tiene un ensayo muy simpático sobre Garcilaso, desnudando todos esos factores humanos del mestizo (sobre todo los relacionados a la emulación del padre, el "primer" Capitán Garcilaso).
Felicitaciones.
Saludos

Camilo Fernández Cozman dijo...

Selenco acaba de ganar otro premio: la primera mención honrosa en el Premio Nacional PUCP (poesía. Felicitaciones.

Anónimo dijo...

Bueno, como dice el dicho: "al que dios se lo dá, San Pedro se lo bendiga2

e dijo...

conoce "Casteillo contra Calvino" de Zweig
¿qué opinión le merece?

bueno
si tiene algo de tiempo

un saludo

Anónimo dijo...

Bien por ese nuevo premio de Selenco. Lo que me parece de mal gusto es que ese concurso, en narrativa, haya quedado desierto. ¿No que era un concurso para promocionar a gente jóven? ¿Y lo desperdician declarándolo desierto? Además, cómo quedan los dos narradores que obtuvieron mención especial. Con vergüenza, lógico. ¿Eso es promocionar gente jóven o castigarla?

Camilo Fernández Cozman dijo...

Efectivamente quizá fue un algo desatinado declarar desierto el premio de novela. Claro, los que obtuvieron mencioón especial en narrativa deben sentirse algo mal. Bueno, así es el fútbol. Me gustaría que la PUCP promocionara, en su página web, los resultados del concurso. La primera mención especial de ensayo es para Fernando Armas, amigo y excelente historiador.

regina reinadecapitada dijo...

sospecho que selenco vega presento este mismo cuento al concurso que el comercio y el misterio de educacion (si no me equivoco) hicieron el año 2005 (o 2006) sobre el inca garcilaso de la vega. pero, a diferencia de este concurso, en el del comercio se eligio un cuento en el que se enfatizaba a garcilaso como "orgulloso" de su doble origen. me pregunto si ese cuento fue elegido bajo las normas de una burocracia que busca vendernos un pasado de heroes sin mácula ni errores, héroes sobrehumanos, heroes de lamina huascaran y de enciclopedia bruño.

como efectivamente menciona selenco, garcilaso estuivo en permanente conflicto, no solo con su presente, sino consigo mismo, y en ese tiempo no habia sicoanalisis que lo ayudara a enfrentarse a sus demonios. garcilaso sufrio terriblemente, pero en el colegio nos quieren hacer creer que era un tipo superado, asi como nos quieren hacer creer que los peruanos estan todos contentos por su mestizaje, porque, lamentablemente, 500 años despues, seguimos siendo los mestizos de las alpujarras.

que vivan las verdades de la ficcion.

Anónimo dijo...

Pues que digo que no he pensado, primero quiero devorar tu cuento ,cuando lo tenemos publicado?, pienso que Garcilaso se perdia en varias oportunidades en el triángulo de las bermudas y esa página en blanco de su vida yo la habría contado con laberintos mundanales con diálogos con Zaratustra.